La historia nunca amó a las mujeres

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CLARA NUÑO GÓMEZ

Fotografías: Juan Carlos Barrena

Lunes, pero no un lunes cualquiera, ya que durante una semana las mujeres fueron las protagonistas del transcurrir de eso que llamamos ‘Historia’. Es el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras quien engalana sus puertas con un cartel que rotula: Mujeres e historia. Valladolid, 16 al 20 de noviembre de 2015’.

Lunes, sí, la protagonista del día es Roma, las ciudades de la Roma antigua y el papel que desempeñaron las mujeres en ella. Un grupo nutrido de estudiantes y demás interesados integran el público al que la ponente, Cándida Martínez López, de la Universidad de Granada, transmite sus conocimientos.

Breve y concisa serían las palabras apropiadas para definir su intervención. Las mujeres en Roma, las mujeres y las inscripciones en las plazas públicas en foros como el de Pompeya. Política y mujeres, o mejor dicho, política sin las mujeres.

Martes, el escenario del evento parece un poco más grande, más público, más interés, más mujeres.

Ángela Muñoz Fernández, de la Universidad de Castilla-La Mancha, es quien sube al estrado a perseguir las huellas de la acción política de las mujeres medievales. Como ejemplo nacional recuerda a los oyentes la historia del matrimonio entre  Blanca de Borbón y Pedro I ‘El Cruel’. Ella, perseguida por su cónyuge, huye  a encerrarse en la iglesia de Santa María de Toledo y, tras hablar con las mujeres de la ciudad, consigue que esta se rebele contra su rey. Hito histórico en la historia de España recogido en la crónica del canciller Ayala.

Para finalizar recuerda que no solo en la historia está marcada la huidiza huella de las mujeres, la mitología también cuenta con ella para, a veces, tratar de impedir su participación en la política real, tal es el mito de Poseidón y Minerva.

Atenas era una ciudad sin nombre y, en el Olimpo, los dioses decidieron que era algo que debía corregirse. Se organizó una votación y Atenea, la diosa de la sabiduría, consiguió que fuera su nombre el que llevara la urbe por la diferencia de un solo voto. El voto de las mujeres. Poseidón, enfurecido, amenazó con destruir la metrópoli y para evitar su destrucción, esta se comprometió a impedir a las mujeres a participar en la vida pública.

Tanto en el medievo como en la historia antigua, las mujeres no podían participar de la vida pública de la ciudad. Afortunadamente, hoy día, las cosas han cambiado  aunque no tanto como deberían.

Jueves, el tema estrella es el sexo, la sexualidad y las mujeres, la libertad sexual de las mismas en el París de entre siglos (concretamente en el período 1880–1914). Parece que el tema por sí solo caldea el ambiente.

El ponente que abrirá las mentes -y quizá las bocas- de los presentes es Jordi Luengo López, de la Universidad Pablo Luengo de Sevilla, mira al público unos instantes antes de comenzar y enciende un proyector, situado tras él, que acompañará su ponencia con ilustraciones y grabados de eróticas mujeres.

Eugène Marcel Prévost, novelista y dramaturgo francés que no dejará de ser citado en toda la sesión por su papel feminista en el París del XIX. Burguesía sí, la sexualidad, la liberación y el erotismo se concentra en el mundo burgués, en las mujeres burguesas.

La actitud de renovación de la mujer burguesa será palpable en «otras formas de amatoria femenina», como el lesbianismo, que se oficializa en 1880 a la vez que se produce una revolución editorial que se difunde por todas las capas sociales. Se vale del denominando ‘Roman-Romanesque’, a través de  aparentemente inocentes anuncios en los periódicos se envían mensajes para los amantes. De todo ello quedan vestigios en el ‘Museo de Cartas’ de París.

Una figura femenina, de gran relevancia en el ámbito sexual, que surge en ese periodo es la de las demi-viérges (las semi-vírgenes, que abanderaban un erotismo manifiesto plagado de crudas reflexiones, es decir, desde el punto de vista femenino. El ponente afirma que se llega a hablar de los cinco sexos, el sexo del hombre, el sexo que representa Simone de Beauvoir, el sexo de ‘les garçons’ (o las mujeres con aspecto masculinizado), el  homosexual y, finalmente, el que representan las semi-vírgenes.

Ellas son modernas artemisas que siguen los preceptos del patriarcado y los moderan a su gusto. Pero la alta burguesía, siempre discreta, evita que las reuniones y orgías que llevan a cabo no se constaten históricamente (sin demasiado éxito, como puede observarse). Prévost es uno de los pocos que pone sobre el papel estos encuentros sexuales, pero otra cuestión, ligada profundamente al tema, no aparece en ninguna de las obras. No se sabe absolutamente nada del aborto.

«La burguesía -afirma Luengo López- y todo el entorno patrimonial es más complicado de lo que podemos ver, pero es evidente que las mujeres burguesas pudieron disfrutar de la libertad sexual aunque tuvieran que moldearla».

Fin de la intervención, el ponente se gira hacia el proyector para mostrar a su público los últimos grabados, pero este se funde sin previo aviso y deja en penumbra el Salón de Grados. Tal vez a  los altos burgueses del pasado siglo no les gusta que se revelen sus secretos.