Aprender a estar solo para cuidarse

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JAVIER PÉREZ FRAILE | Fotografía: Javier Pérez Fraile

Ir solo al cine, viajar sin compañía o sentarse a tomar un café contigo mismo sin mirar el móvil siguen siendo, para muchas personas, pequeños retos. Vivimos rodeados de estímulos intensos y constantes, y siempre tenemos gente a nuestro alrededor. Por eso aprender a estar con uno mismo no siempre resulta sencillo. Sin embargo, hacer cosas en solitario no es sinónimo de aislamiento, sino una forma de autonomía emocional que cada vez más personas defienden como necesaria.

Romper con el miedo a estar solo

Desde pequeños aprendemos a relacionarnos en grupo. Compartir experiencias está bien visto socialmente, mientras que la soledad suele asociarse a sentimientos como el rechazo o el fracaso. Este artículo de la revista La mente es maravillosa explica que pasar tiempo a solas de forma consciente puede mejorar la regulación emocional y la creatividad. Aprender a disfrutar de esos momentos implica desmontar prejuicios y aceptar que no todo tiene que ser compartido para ser valioso.

Ir solo a un concierto o dar un paseo sin compañía puede generar incomodidad al principio, pero también ofrece la libertad plena de decidir el ritmo, observar sin prisas y escucharse; algo que en muchas ocasiones no sucede.

Autonomía emocional en lo cotidiano

Hacer cosas solo no significa renunciar a los demás, sino fortalecer la relación con uno mismo. La autonomía emocional se construye en gestos pequeños: cocinar para uno, organizar un plan sin depender de agendas ajenas o viajar sin expectativas externas.

Según el blog Psicología y Mente, el bienestar emocional está estrechamente ligado a la capacidad de autogestión y autoconocimiento. Saber estar solo ayuda a identificar límites, deseos y necesidades, algo fundamental para construir relaciones más sanas con los demás. Además, aprender a hacer planes en solitario reduce la dependencia emocional. No se trata de cerrarse, sino de elegir compartir desde un lugar más seguro y consciente.

La soledad elegida frente a la soledad impuesta

No toda la soledad es positiva. Diferenciar entre estar solo porque se quiere y estar solo porque no hay otra alternativa es clave. Estudios de la Organización Mundial de la Salud consideran la soledad no deseada y el aislamientos social como una de las amenazas globales de salud pública más grandes de nuestro tiempo. Esto ha reabierto el debate sobre nuevas formas de convivencia y apoyo social.

En este contexto, aprender a disfrutar de la soledad elegida puede convertirse en una herramienta de protección emocional. Quien sabe estar solo suele afrontar mejor los cambios vitales, las rupturas o los periodos de transición. La soledad, cuando es consciente, deja de ser un vacío grande para convertirse en un espacio de pausa y sosiego.

Aprender a estar solo en un mundo hiperconectado

Paradójicamente, nunca hemos estado tan conectados y tan poco a solas como lo estamos a día de hoy. El uso constante del móvil convierte cualquier momento de espera o silencio en una necesidad de entretenimiento y distracción. Aprender a hacer cosas solo también implica aprender a desconectar.

En este artículo de The Guardian, la autora señala que ella pasa gran parte de su día completamente sola, y recalca que disfruta mucho de ello: viajes, comidas, experiencias… Además, ella comenta la importancia de desconectar también de las redes sociales.

En definitiva, aprender a hacer cosas solo no es un signo de debilidad, sino de madurez emocional. Es una forma de escucharse, cuidarse y construir una relación más honesta con uno mismo. En un mundo que empuja a la compartición constante, reivindicar la soledad elegida puede ser, también, un acto de equilibrio y autocuidado.