Lorena Arias Duque | Imagen: Wikimedia Commons
Jean-Paul Sartre no habría reunido jamás las palabras literatura y evasión en una misma frase, salvo para levantar un muro de contradicción entre ambas. No parece propio de alguien hundido hasta el cuello en la crítica y la acción social considerar que la palabra escrita puede usarse de otra forma que no sea como un arma intelectual, y menos aún como algún tipo de analgésico contra la realidad. Pero, por suerte o por desgracia, el francés no tuvo la ocasión de coincidir en el tiempo con el escritor en el foco mediático del presente literario español, David Uclés.
Artista polifacético, con un estilo decimonónico de lo más discreto y, al mismo tiempo, extravagante, el andaluz parece haber llegado casi por casualidad para revolucionar el panorama intelectual del momento. Sin embargo, consciente de que su nombre «genera clics», trata de desmontar cualquier creencia popular de que esto es puramente intencional por su parte. No parece conforme con las extendidas concepciones sobre su carácter polémico y, en la misma línea, se desliga de la literatura engendrada con el fin único del posicionamiento o el reproche político. «Yo quiero que la gente reflexione después de leer mis libros, pero, mientras lee, quiero que pueda evadirse y que, al final del día, tenga ganas siempre de retomar la historia», explica.
Literatura como evasión y, después, como reflexión y puede que acción. Tal vez hay algo de prejuicio casi ingenuo, pero coherente, en asumir la posición de un autor sobre determinados temas, sus intenciones e incluso su moral a raíz de la lectura de sus novelas. De hecho, el personaje rebelde que los medios han conformado en torno a las polémicas que envuelven a Uclés tampoco está exento de contradicciones internas. «Supongo que, sin duda, hay algo de arrepentimiento», admite el escritor. Su primera gran encrucijada mediática comenzó tras el discurso que leyó frente a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la VIII edición de los Premios Influyentes, donde criticó duramente su forma de liderazgo.
«Si no hubiera hablado delante de Ayuso, quizá me compraría más gente de la derecha que ya no me compra. Pero ya es tarde, ya saben que soy una persona de izquierdas y progresista, ya puedo defender mis ideas tranquilamente. Quizás habría mantenido un poco más esa nebulosa, si es que existía, de no decir qué ideología tenía porque, al final, el desgaste que genera la prensa es muy grande», asegura Uclés.
La cita literaria en Valladolid
En su última aparición pública en Valladolid, presentó su libro La Ciudad de las Luces Muertas en la librería Oletvm, con una expectación que sobrepasaba los asientos disponibles e incluso ocupaba las dos plantas – incluida la escalera – del edificio. En la novela, ambientada en la ciudad de Barcelona, conviven personajes de todas las épocas habidas y por haber, en unja convergencia espacio temporal imposible, pero que envuelve algo de verdad inexplicable.
«Tengo ideas muy ambiciosas. Tengo mucha energía, mucha imaginación y quiero trabajar para traer novelas que os hagan viajar mucho y que sean distintas de lo que ya se ha publicado. Pero no quiero innovar por el hecho de innovar, aunque sí tengo ideas que son retos para mí mismo y eso me motiva», explica el artista. Tras comentar que le gustaría «reescribir la Biblia» o arriesgarse con «el Quijote deconstruido», ha calmado las risas afirmando que su publicación será lenta y medida. «No voy a firmar nunca un contrato que me obligue a entregar una novela antes de una fecha ni a traer dos novelas seguidas cada año. Cuando considere que tengo un libro, lo entregaré», asevera.
Su visión de la literatura puede resultar confusa si se pretende encasillar en una u otra postura. La aparente irreverencia de sus páginas se mimetiza con la humildad de sus confesiones de una forma extraña, que genera por igual admiración e irritación en torno a la persona de David Uclés. Él asegura que prefiere ser «un poco catastrofista» ante los desafíos del presente, para así «asustarse e intentar cambiar las cosas» o, lo que es lo mismo, «un optimista bien informado». A pesar de todo, reconoce que la izquierda es un terreno ideológico irregular. «A la derecha nunca le ha costado tanto trabajo tener una voz común, pero la izquierda está más dividida. Tenemos la misión de intentar educar a nuestros jóvenes y yo creo que podemos hacerlo. La ilusión y la esperanza son importantes», afirma el andaluz.
A la espera de un ya anunciado retiro temporal, que los medios han adelantado pese a la intención del artista de mantenerlo bajo discreción, Uclés se mantiene en el punto de mira de otros escritores y lectores, con la pluma en mano y las palabras afiladas en la garganta, a pesar de la lluvia incesante de críticas. «Yo me reinvento fácilmente y pienso seguir alzando la voz hasta que pueda», sentencia.









