Carolina López Berrón | Fotografía: Wikimedia Commons
El Museo del Louvre organiza por tiempo limitado la exposición Esculpir el color. En ella, se albergan 23 esculturas barrocas del siglo XVII cedidas por el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
Esta exhibición, inaugurada el pasado 7 de octubre y que estará abierta hasta el 25 de enero de 2027, busca reflejar el impacto de la Contrarreforma y la relación entre pintura y escultura en la España del siglo XVII. Esta muestra busca también acercar al público la escultura religiosa, que es tan poco conocida fuera de las fronteras españolas.
Las imágenes, en su mayoría de madera policromada, incluyen tanto bustos como figuras de cuerpo entero y pasos de procesión que desfilan habitualmente en la Semana Santa vallisoletana.

Se ubica en el Hall Napoleón del Louvre y está supervisado por Valérie Carpentier-Vanhaverbeke, conservadora-jefa del Departamento de Escultura del Museo del Louvre, y Alejandro Nuevo Gómez, director del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
La presentación se organiza en el mismo tiempo y espacio que la exposición dedicada al pintor Francisco de Zurbarán (1598-1664), lo que permite crear juegos de miradas gracias a una escenografía concebida de forma conjunta.
Algunas de las obras destacadas pertenecen a Gregorio Fernández, con el Señor Atado a la Columna; Pedro de Mena, con su famoso Ecce Hommo; y Luis Roldán, con San Juan Bautista. Otros autores cuyas obras están expuestas aquí son José de Mora, Benito Silveira o Esteban de Rueda, con el Niño Jesús Durmiente sobre calavera.

Una de las obras más destacables de esta exposición y que se diferencia de las demás es la Inmaculada Concepción de Pedro de Mena, que incorpora materiales mixtos como el cristal y el metal además de la madera policromada.
Con esta exposición se pretende demostrar que, en un tiempo en el que la religión seguía siendo el eje central de la identidad nacional, la policromía no era un mero adorno, sino parte esencial de una obra que buscaba el naturalismo y una mayor eficacia comunicativa.
Y tal vez sirva para demostrar también que la escultura no es sólo cosa del pasado y que puede trasmitir los mismos mensajes también en nuestros días.















