AITOR ENGUITA | Fotografía: Wikicommons
La casa de borbón, la dinastía reinante en España durante más de 200 años. No obstante, los antepasados de su majestad, Don Felipe VI, no tuvieron una llegada nada fácil a España. Tras una cruenta Guerra de Sucesión, el duque de Anjou llegó a una España, que nada tenía que ver con Versalles.
¿Cómo afrontó el primer rey Borbón el peso de la corona española? y ¿Qué papel tuvo su segunda esposa? Ambas son cuestiones que hoy trataremos de dirimir.
Versalles
Philippe de France, duque de Anjou (1683-1746), más conocido por su nombre castellanizado Felipe de Borbón y Baviera, nació un 19 de diciembre en el Palacio de Versalles. Fue el segundo hijo de Luis de Francia, el Gran Delfín y María Ana de Baviera.
Felipe se educó en la corte Luis XIV, el temido Rey Sol. Su madre, falleció a causa de una enfermedad crónica en 1690 cuando Felipe era apenas un niño de 7 años. Felipe, aprendió los modales absolutistas y las aficiones de la aristocracia francesa. Desde niño, era una persona introvertida y reservada aunque con gran afición al ejercicio físico y la caza.
Todo cambia para Felipe en 1700 a la muerte de su tío abuelo, el rey Carlos II de España. Debido a las prácticas endogámicas de la casa de Austria, el rey había desarrollado varias enfermedades congénitas y no podía tener descendencia. Esto originó un problema sucesorio en la corte que fue, aparentemente, resuelto mediante el testamento de Carlos II en el que nombraba a su sobrino nieto, el duque de Anjou su heredero.
La Guerra de Sucesión Española
El nombramiento de Felipe V como rey de España no fue del agrado de todo el mundo. El temor de una unión francoespañola forzó la creación de la Gran Alianza, una unión militar entre Gran Bretaña, las Provincias Unidas y el Sacro Imperio Romano Germánico. La Gran Alianza propuso un heredero: el archiduque Carlos de Austria, argumentando que la corona debía seguir en manos de los Habsburgo.

Esto provocó la Guerra de Sucesión Española (1701-1714) entre Felipe de Anjou, apoyado por Castilla y Francia; y Carlos de Austria, apoyado por Aragón y la Gran Alianza. Tras una larga y desgastante guerra, ocurrieron una serie de casualidades que decidieron el fin del conflicto en pos de la diplomacia. En primer lugar, la muerte de José I del Sacro Imperio sin descendencia. El trono del Sacro Imperio recayó en su hermano, el archiduque Carlos, ahora Carlos VI del Sacro Imperio. Esto sembró el caos en Inglaterra quien temía que la victoria de la casa de Habsurgo emulara un Imperio como el de Carlos I. En segundo lugar, la muerte de Luis de Francia, el gran Delfín y Luis, duque de Borgoña, que convertían a Felipe V en el heredero al trono de Luis XIV.
Todo esto desembocó en el tratado de Utrech de 1713 en el que Felipe de Anjou fue reconocido como legítimo rey de España a cambio de renunciar sus derechos al trono francés y ceder las plazas de Gibraltar y Menorca a Gran Bretaña.
Felipe al otro lado de los Pirineos
Tras la guerra, Felipe V construiría su palacio real. Los españoles, creían que imitaría a Felipe II, pero en vez de construir otro Escorial, creó una copia de Versalles: el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso en Segovia.
Desde este lugar realizaría la gran trasformación de la política española, en lo que los historiadores llaman el paso de la España de los Austrias a la España de los Borbones. La conversión de España en un estado centralizado, emulando el que su abuelo había perfeccionado en Francia.
Para ello promulgó los Decretos de Nueva Planta (1707-1716). Con ellos abolió los fueros e implantó el sistema jurídico castellano en toda España con un modelo centralizado. Las excepciones fueron Navarra y las Provincias Vascongadas, por su apoyo borbónico. Creo las secretarías de estado, el antecedente de los ministerios y la figura de los intendentes para supervisar la administración de las provincias.
Implantó la Ley Sálica (1713) siguiendo el modelo francés y fundó la Real Academia Española y la Real Academia de la Historia. Además mediante los dos Pactos de Familia (1733 y 1743) recuperó el reino de Nápoles y Sicilia y el ducado de Parma para sus hijos. Su administración estuvo marcada por una gran reforma política que puso a españa a la altura de las potencias de corte absolutista de la Europa del XVIII, abriendo paso a sus hijos para continuar estas reformas.
Matrimonios e hijos
Además de por sus implacables reformas políticas, el reinado de Felipe V es especialmente conocido por su vida personal. Su primer matrimonio tuvo como esposa a María Luisa Gabriela de Saboya en 1701. Luis XIV, ante el ascenso del joven rey, vio oprtuno casarlo con una princesa italiana. A pesar de que se casó por conveniencia, Felipe V se enamoró perdidamente. Tanto fue así el imapacto de la reina, que se decía que Felipe V no podía comparecer sin su esposa. De la exitosa vida matrimonial de ambos nacieron sus hijos Luis y Fernando y otros dos niños que no llegaron a edad adulta. Lamentablemente, la reina falleció a los 25 años en 1714 a causa de la tuberculosis. Su muerte hizo caer al rey en una depresión que rozó la demencia.
Para solventar esto, los nobles españoles en colaboración con la clase privilegiada italiana, propusieron a la última descendiente de las casas de Farnesio y Médici, Isabel de Farnesio. El matrimonio se contrajo en 1714 y desde entonces Isabel asumió un papel principal en el gobierno de España. Con el fatal estado de salud mental de Felipe V, la reina fue poco a poco tomando el poder hasta que fue prácticamente la gobernante de facto. Su principal obsesión fue instaurar a sus hijos en las monarquías italianas. El caso más destacado fue el del infante Carlos, futuro Carlos III, como rey de Nápoles y Sicilia. Con Felipe V tuvo siete hijos de los que sobrevivieron seis.

Respecto a sus hijos, lo más llamativo es que tres de ellos fueron reyes de España. Felipe V abdicó en su hijo, Luis I, en 1724, debido a su salud mental. No obstante, el joven rey solo gobernó siete meses debido a su prematura muerte a causa de la viruela. Tras esto, Felipe V asumió el trono nuevamente, conviertiendo su reinado en el más largo de la historia de España. Tras su muerte, reinarían sus hijos como Fernando VI y Carlos III respectivamente.
«El animoso»
Si se le recuerda por un apodo a Felipe V, es el animoso. Este seudónimo pudo venir por su energía en la Guerra de Sucesión. No obstante, este nombre contempló posteriormente su comportamiento bipolar. El rey padeció desde su juventud «una profunda melancolía«. En términos contemporáneos hablamos de una fuerte depresión que derivo en demencia.
Además de sus constantes reclusiones, su fuerte moral religiosa y la debilidad que sentía por la vida conyugal con Isabel de Farnesio, uno de los episodios más conocidos es el que creía ser una rana. Otros muy significativos relacionados con su trastorno hablan acerca de que el rey creía estar muerto, que le faltaban las extremidades o que había una conspiración activa para envenenarlo mediante la ropa, por lo que se negó a usar jabón o cambiar su camisa.
Felipe V es sin duda uno de los reyes más singulares sentados sobre nuestro trono. Fue el primer rey Borbón y tuvo que hacer frente a una cruenta guerra para ratificar su herencia. Llegó a un país desconocido, perdió a su esposa de forma prematura y tuvo que modernizar un país. El resultado: una acelerada conversión en el centralismo absolutista a manos de un rey que construyó Versalles en Segovia, tuvo un buen número de hijos y cuya pobre salud mental a veces lo convertían en rana.














