CAROLINA LÓPEZ BERRÓN | Fotografía: Wikimedia Commons
Félix Rubén García Sarmiento, mejor conocido como Rubén Darío, fue un destacado periodista, poeta y diplomático de origen nicaragüense. Conocido como «el Príncipe de las letras», su obra renovó la poesía hispana mediante innovaciones métricas y estéticas inspiradas en el simbolismo francés.
Nació en 1867 en Metapa, Nicaragua, ciudad conocida actualmente como Ciudad Darío. La separación de sus padres le llevó a mudarse con sus tíos, hogar en el que tantas veces se había refugiado su madre.
Aprendió a leer a muy temprana edad y comenzó a redactar versos en periódicos locales antes de alcanzar la adolescencia. Con tan solo trece años, publicó sus primeros poemas bajo el seudónimo de Bruno Erdía, ocultando su verdadera identidad. Fue entonces cuando la región comenzó a llamarlo cariñosamente «el poeta niño» debido a su notable precocidad e independencia intelectual.
En 1892 viajó a España para representar a Nicaragua en el IV Centenario del Descubrimiento de América.

Rubén Darío contrajo matrimonio varias veces. El primero de ellos se llevó a cabo en 1890, con Rafaela Contreras. Su alianza duró tan sólo tres años, tras la muerte de la mujer en 1893. Después de eso, se desposó forzosamente con Rosario Murillo, con la que tuvo un hijo.
Años después vuelve a viajar a España, en 1898. La Nación le encarga una serie de crónicas que describan la situación tras el desastre del 98. Estas crónicas serán recogidas en 1901 en su obra España contemporánea. En Madrid, además, conoce a Francisca Sánchez, con la que posteriormente tendrá tres hijos.
Las obras más importantes de Rubén Darío se dividen en su trilogía poética y su producción en prosa. Destacan Azul… (1888), una obra que mezcla prosa y poesía que consolidó al escritor como el líder del movimiento modernista; Prosas profanas y otros poemas (1896), que afianzó su estilo abundante y musical; y Cantos de vida y esperanza (1905), considerada su obra maestra más íntima.
Su catálogo incluye títulos como Los raros (1896), una colección de ensayos sobre autores admirados; y El canto errante (1907).

Como buen periodista, su producción también abarca crónicas de viajes y artículos periodísticos, como España contemporánea (1901) y Peregrinaciones (1901). También se incluyen relatos breves como La isla de oro, que dejó inconclusa, y El oro de Mallorca (1914).
Rubén Darío murió el 6 de febrero de 1916 en León, Nicaragua, pero dejó una influencia inmensa en poetas de principios de siglo tanto españoles como americanos. Autores como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, seguidores del poeta, iniciaron su andadura poética dentro del Modernismo, pero desarrollaron obras propias y tuvieron evoluciones literarias diferentes.

Tal fue la magnitud de su legado que la historia universal lo consagró como el «Príncipe de las letras castellanas» y el «Padre del Modernismo» hispanoamericano. Una distinción indiscutible por haber dejado la huella más profunda y duradera en la poesía del siglo XX. En definitiva, es el artífice absoluto del Modernismo en nuestro idioma. ¿Cómo se le iba a reconocer si no?














