YAIZA GUINOVART RODRÍGUEZ | Fotografía: WIKICOMMONS
El periodismo, según la RAE es la actividad profesional que consiste en obtener, investigar, analizar, contrastar y difundir información veraz sobre hechos de interés público a través de los medios de comunicación.
De forma más precisa, el periodismo de guerra se ocupa de realizar todo lo anterior desde el escenario donde se esté produciendo un conflicto armado. Se trata de una disciplina clave para evitar los bulos e informar al pueblo con rigor, dejando de lado los intereses políticos para centrarse en la única verdad de la guerra, que nadie gana, solo la humanidad pierde.
Aunque a todos nos queda claro su importancia y, desgraciadamente, estamos bastante habituados a ver este tipo de trabajos, ¿alguna vez nos hemos planteado de dónde nació esta disciplina?
Antes de la aparición del periodismo de guerra, la información sobre los conflictos era más bien escasa, aparte de lenta y manipulada. La visión que tenía la población antes del siglo XIX sobre los acontecimientos bélicos era la que la clase dirigente decidiera contarle, y es que, solo se hablaba de victorias y derrotas, conquistas, territorios y batallas. Se hablaba de la guerra como si fuera un juego, por supuesto, vendiendo la imagen de ganador, sin consecuencias humanitarias, solo números. Se hablaba de todo, menos de seres humanos, y es que, la única manera en la que se plasmaba los horrores de los conflictos era bajo el testimonio de los soldados, ya fuera mediante sus relatos al volver a casa, o mediante cartas, que tardaban meses en llegar, si es que llegaban.

Fuente: Revista Vim
Sin embargo, en el siglo XIX ocurrió una revolución tecnológica: fotografía, ferrocarril, telégrafo y nuevos inventos que facilitaron el transporte y el periodismo. Ya solo faltaba un factor clave, ¿si conseguían los primeros periodistas de guerra cubrir la situación, le importaría a alguien?
De esto se ocupó las ideas liberales, la creación de algunos parlamentos y el auge de la industria, que contribuyeron a que la opinión pública comenzara a preocuparse por lo que ocurría en la sociedad. La prensa se encontró con la oportunidad perfecta para expandirse ante una sociedad con sed de libertad y criterio propio, debían darles de beber conocimiento para aplicar a sus nuevas críticas.
Todo esto nos lleva a la guerra de Crimea, conflicto que enfrentó a rusos contra una triple coalición otomana, inglesa y francesa. El suceso tenía una gran repercusión mundial, por lo que los corresponsales empezaron a ir a directamente a los lugares del conflicto e informar de primera mano. Destacamos a William Howard Russell, del periódico inglés The Times, quién usó su voz para denunciar las malas condiciones de higiene, abastecimiento y sanitarias de los soldados británicos y gracias a la recién formada opinión pública se presionó a su gobierno para tomar medidas al respecto. A su vez, Roger Fenton consiguió documentar la guerra con fotografías, convirtiéndose en un referente en su campo a pesar de las limitaciones del momento.

En este contexto histórico y gracias a las nuevas ideas y necesidad de alimentar la opinión pública nació el periodismo de guerra, sin embargo, la disciplina tuvo un largo desarrollo para llegar a lo que es hoy. Durante el siglo XIX el periodista se dedicó a viajar e investigar para el conflicto que deseaba cubrir, convirtiéndose así en una fuente fiable de primera mano, la información dejó de ser fría para transformarse en opiniones, críticas, observaciones y testimonios, que ponían la humanidad y la moralidad por encima de la política. Pero, todo lo que sube, baja.
1914. Primera Guerra Mundial, primer desafío para el periodismo de guerra. Los gobiernos no podían permitirse que la moral de la población y de los soldados cayera, por lo que empezaron a utilizar la censura. Implementaron una política que hoy denominaríamos "ojos que no ven corazón que no siente" o "dejando al pueblo feliz en su ignorancia", aplicando propaganda, populismo o manipulación si era considerado necesario. El corresponsal tenía cada vez más problemas para ser independiente.
Por otra parte, si tenemos que sacar algo bueno de la Guerra Civíl Española, es que permitió una gran evolución para la fotografía bélica. España se volvió un gran centro de interés para el periodismo internacional y contamos con la presencia de múltiples escritores y corresponsales que dieron sus opiniones sobre nuestra lucha fratricida, implementando la fotografía de forma mucho más narrativa, haciendo que esta toqué más de cerca a los lectores, técnica que se sigue usando en la actualidad.

Fuente: Albert Bullock
Ahora, nos situamos en la Segunda Guerra Mundial, un nuevo paso en la evolución del periodismo de guerra. Todo el mundo deseaba conocer que sucedía, por lo que los medios comenzaron a utilizar más la radio, de vital importancia por su rapidez y alcance, todo el pueblo disponía de una. La fotografía y los noticiarios cinematográficos también cobraron importancia mayor, pero la censura seguía muy presente como para permitirles llegar a su máximo potencial. Las presiones de gobiernos y ejércitos eran agobiantes, pero aún así la radio y el cine a escala internacional prevalecieron y contribuyeron a mostrar la cruda realidad de aquellos tiempos, dejando de lado la propaganda.
Por último, destacamos las guerras de Vietnam y del Golfo, ya que demostraron que los medios de comunicación podían influir profundamente en la percepción de un conflicto y en el debate político de un país. Con la televisión a su disposición, se informó casi diariamente y en directo de todo el sufrimiento y barbaridades que las guerras llevan consigo, haciendo que millones de personas empezaran a rechazar fehacientemente los conflictos armados.
Y, llegamos a hoy, el periodismo de guerra ha sido casi sustituido con el llamado periodismo ciudadano, es decir, personas de a pie que informan a través de redes sociales e internet. Los verdaderos periodistas ya no se enfrentan a la censura, pero sí lo hacen a los bulos y desinformación constante y despreocupada que nos rodea. Hoy en día, todo el mundo puede acceder a información de guerras como la de Gaza, el problema es confiar en si resulta cierta.
En conclusión, el periodismo de guerra ha sido una pieza clave para la justicia social durante siglos, demostrando una gran capacidad para imponerse a la censura y a los intentos de silenciarlo. El desafío actual estriba en descubrir si, en medio del ruido y la saturación informativa de nuestros días, su voz logrará seguir siendo escuchada.














