El mandatario brasileño salió elegido como presidente tras una segunda vuelta en las elecciones generales el 25 de octubre de 2026
LAURA AGUILAR ALONSO I Fotografía: Wikimedia Commons
Luiz Inácio Lula da Silva, más conocido como Lula da Silva, ha vuelto a ser elegido presidente de Brasil, a sus 81 años. El líder del Partido de los Trabajadores logró vencer contra todo pronóstico al conservador Flavio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones. Esta victoria ha marcado un hito histórico, al haberse convertido Lula en la primera persona en ser electa cuatro veces para presidente en la historia de su país, 2002, 2006, 2022, y ahora nuevamente en 2026.
La movilización de los jóvenes y de los electores que no participaron en la primera votación es uno de los factores clave de una de las remontadas electorales más sorprendentes de Brasil. En su discurso de victoria, Lula, que sumó más de 10 millones de votos con respecto a la primera vuelta, agradeció el apoyo de estos sectores. Las reacciones internacionales reflejaron la importancia política que tiene este resultado, que no hubiera sido posible sin los votos de la segunda vuelta.
Si en la primera vuelta Flavio Bolsonaro cambió el escenario que dibujaban las encuestas, en la segunda y definitiva vuelta ha sido Lula quien ha conseguido una mayoría que las encuestas no anticiparon. Los sondeos planteaban un empate técnico con ventaja para Bolsonaro. A pesar de lo predicho, en apenas tres semanas, Lula ha conseguido un vuelco histórico. Se trata del primer presidente capaz de reponerse ante una derrota en la primera vuelta.

El Supremo Tribunal Federal de Brasil está investigando a Bolsonaro por presunta corrupción, lavado de dinero y evasión fiscal en dos casos. El alto tribunal lo investiga por utilizar una empresa de apuestas deportivas para lavar deducciones fraudulentas de pensiones gubernamentales pagadas a ancianos. En un caso separado, se le acusa de aceptar millones de dólares de un banquero caído en desgracia. También se le notificó el lunes una orden del Supremo Tribunal Federal para entregar sus pasaportes brasileños.
Por otro lado, Bolsonaro, tras perder las elecciones, huyó de Brasil junto con su esposa y sus dos hijas, y llegó el miércoles a Miami. El gobierno de Estados Unidos había concedido en la víspera visas al senador y a su familia. Primero cruzaron hacia Argentina, viajaron a Ecuador y posteriormente, a Florida.
En México, el otro gran gigante de Latinoamérica, su presidenta Claudia Sheinbaum ha comunicado que seguía muy de cerca la campaña electoral en Brasil. En la primera cita con las urnas, los brasileños apostaron por el conservador Bolsonaro. Sheinbaum ya se veía más sola que la una en una región que ha ido inclinándose por líderes conservadores de la órbita de Trump. El domingo por la noche, tras la victoria de Lula, por fin, respiró aliviada. «Estamos felices. Es una bocanada de aire fresco para América Latina y el Caribe»,
Sus palabras no eran solo una cortesía diplomática por el triunfo electoral de un líder ideológicamente cercano. Eran una celebración explícita de una victoria frente a las bravuconadas del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. Además de un análisis en clave local, la victoria de Lula se interpreta en clave regional.
Esta votación corta una racha de siete elecciones presidenciales seguidas en América Latina ganadas por candidatos de derecha alineados con el mandatario estadounidense, Donald Trump, desde el año pasado.

El presidente estadounidense no ha tardado en pronunciarse sobre el resultado de las elecciones. Evitó tomar partido durante la campaña y apoyar al candidato conservador, Flavio Bolsonaro. Esto se debe a que Trump guarda relación con el expresidente, Jair Bolsonaro. El inquilino de la Casa Blanca ha sentenciado que le parecieron amañadas, y que fueron una gran vergüenza para el pueblo de Brasil. Solamente hacía falta observar los mercados, que se desplomaron. Para Trump, unas elecciones deben ser indiscutibles.
«Brasil no es ni será colonia de nadie», dijo Lula en discurso con motivo del Día de Independencia en vísperas de las campaña electoral. «No podemos agachar la cabeza ante potencias extranjeras que quieren convertir nuevamente a Brasil en una colonia», afirmó, sin mencionar a Estados Unidos de manera explícita.
Lula comunicó la intención de que Brasil establezca ciertos límites al poder de las grandes plataformas y tenga menos dependencia tecnológica de Estados Unidos mediante la creación de una IA brasileña, una estrategia que vinculó con la instalación de centros de datos en el país, aprovechamiento de energías renovables y necesidad de adoptar un mayor control nacional sobre las tecnologías.
Repasando todo el panorama, los gobiernos de izquierdas de Brasil y México están preparados para hacer frente y no rendirse ante unos rivales conservadores que tienen como vecinos, quienes solo piensan en capital y poder, antes que en cooperación y derechos humanos.














