AINARA ÁLVAREZ GONZÁLEZ | Fotografía: Pixabay |
En la era digital, las redes sociales se han convertido en el escaparate de nuestras vidas, un espacio donde compartimos nuestro día a día, logros y momentos especiales. Sin embargo, detrás de cada foto cuidadosamente seleccionada y editada, se esconde una realidad distorsionada que nos aleja de la autenticidad. La manipulación de la imagen en estas plataformas ha alcanzado tal nivel de normalización que ni siquiera somos conscientes de sus peligros.
Esta manipulación comienza con algo tan simple como un filtro. Estos pequeños ajustes que modifican el tono de la piel, afinan las facciones o alteran la iluminación se han convertido en herramientas cotidianas. Pero no nos detenemos a pensar en el impacto que tiene sobre nuestra percepción de la belleza y de nosotros mismos.
Herramientas como Photoshop, permiten modificar detalles como la textura de la piel, las proporciones del cuerpo, la musculatura o la forma y color de los ojos. Además, la inteligencia artificial permite crear versiones virtuales mejoradas de nuestros rostros y cuerpos, distorsionando la imagen real y generando modelos inalcanzables de perfección.
Es importante entender que esta manipulación no solo afecta a nuestra imagen física, sino también cómo percibimos el estilo de vida de los demás. Las publicaciones sobre logros, viajes o cenas en restaurantes exclusivos a menudo no reflejan la vida real de las personas ni su verdadera cotidianidad. En las redes sociales solo se comparte una pequeña parte, que en la mayoría de los casos proyecta una vida idealizada, lejos de la realidad.
La idealización provoca comparaciones constantes, al ver a personas que parecen tener vidas llenas de éxitos, diversión y belleza, y al mismo tiempo nos preguntamos por qué nuestra propia vida no se ve de la misma manera. Esta comparación es una de las principales causas por las cuales muchos, especialmente los jóvenes, tienen una baja autoestima. La presión por cumplir con esos estándares irreales puede llevar a problemas graves, como la depresión y la ansiedad.
Para combatir estas inseguridades generadas por la distorsión de la imagen en las redes sociales, es fundamental fomentar una educación mediática, que nos permite reconocer las imágenes manipuladas y entender cómo la tecnología influye en nuestra percepción de la realidad. Además, es necesario fortalecer nuestra autoimagen. Debemos centrarnos en nuestras fortalezas y lo que nos hace únicos, en lugar de obsesionarnos con los defectos que otros nos imponen. La clave está en recordar que las redes sociales no son más que una versión idealizada y, en muchos casos, artificial de la vida.










