Alba Calle Pérez | Fotografía: Pixabay

Cuando pensamos en ópera o música clásica, muchos se imaginan butacas rojas, lámparas enormes y personas muy elegantes mirando un escenario con caras super serias. Y sí, ese estereotipo existe. Pero la verdad es que, detrás de esa imagen, hay un mundo mucho más vivo y diverso de lo que creemos. Y, sorprendentemente, muchos jóvenes encuentran en estos géneros algo especial, aunque quizá de formas nuevas.

El arte que ha sobrevivido por siglos

La ópera, ese género que mezcla música, teatro y a veces hasta baile, ha sobrevivido siglos sin perder su magia. No es solo “gente que canta muy agudo”, como muchos piensan. Son historias intensas, dramas familiares, romances imposibles, guerras, traiciones… lo mismo que vemos en nuestras series favoritas, solo que cantado con una potencia que pone los pelos de punta. Y la música clásica, desde Beethoven hasta Debussy, sigue siendo banda sonora de películas, anuncios, videojuegos e incluso vídeos de TikTok. Queramos o no, sigue ahí.

Pero la pregunta es: ¿los jóvenes lo escuchan por gusto? La respuesta no es tan simple. Muchos chicos y chicas quizás no se declaran “fans” de la ópera o la clásica, pero sí la consumen sin darse cuenta. Por ejemplo, cuando estudian con listas de “música para concentración”. O cuando en un remix de algún DJ aparece una melodía que suena misteriosamente familiar porque viene de un compositor del siglo XVIII. La música clásica se cuela por todas partes.

Aun así, también hay jóvenes que se han acercado a estos géneros de manera consciente. En redes sociales aparecen influencers que explican óperas con humor, violinistas que mezclan piezas clásicas con pop, y orquestas juveniles que se presentan en parques, centros comerciales o festivales al aire libre. Es como si la música clásica hubiera decidido sacar el traje de gala un rato y ponerse unas zapatillas.

Escena de una ópera

Además, muchas instituciones culturales lo han entendido. Antes, ir a la ópera era casi un ritual; ahora hay funciones con descuentos para estudiantes, ensayos abiertos o incluso proyecciones en plazas públicas para que pueda asistir gente que nunca se atrevería a entrar en un teatro. Y funciona: cada vez más jóvenes prueban por primera vez ir a una ópera o concierto porque ya no sienten que sea “solo para adultos”.

Eso sí, no podemos negar que aún hay distancia. Algunos jóvenes sienten que este tipo de música es demasiado “seria” o “complicada”. Otros creen que no la entenderán. Pero cuando se rompen esas barreras, muchos descubren que no hace falta ser experto para disfrutarla. Basta con dejarse llevar.

Darle una oportunidad

Quizá lo que falta no es interés, sino información cercana. Si se contaran las historias detrás de las óperas como se cuentan los dramas de las series, o si se explicara por qué cierta pieza clásica emociona tanto, más jóvenes se animarían a darle una oportunidad.

Jóvenes acudiendo a un espectáculo de ópera

En conclusión, la ópera y la música clásica no están muertas. Han cambiado y han buscado nuevos caminos para conectar con una generación que vive a toda velocidad. Y aunque no todos los jóvenes las escuchen, muchos han empezado a descubrir que, en medio del ruido del mundo moderno, estos géneros tienen algo que decir.