ESTÍBALIZ DOMOSTEGUI RUIZ  |  Fotografía: Carlos Tomeo

Carlos Tomeo, profesor en la Universidad de Valladolid y con una amplia trayectoria como periodista, comparte en esta entrevista su experiencia profesional y su visión crítica sobre la enseñanza y la evolución del periodismo. Desde sus inicios en medios como la radio hasta su actual labor como docente, reflexiona sobre el papel del periodista, la importancia de la práctica en la formación y los retos a los que se enfrenta la profesión en la actualidad.

Pregunta: Carlos, antes de su etapa como docente, desarrolló una carrera como periodista. ¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo, en qué medios trabajó y qué aprendizajes marcaron esa etapa?

Respuesta:
Tuve dos primeras experiencias como becario a través de la Universitat Autònoma de Barcelona. Una en cuarto curso y otra en quinto, ya con la carrera finalizada. En cuarto estuve en la agencia de noticias Europa Press Barcelona durante tres meses que fueron increíbles. Ahí empecé a ver dos cosas: la calidad de los buenos profesionales y también ciertas prácticas poco éticas entre medios. Aprendí a redactar y me dieron la oportunidad de cubrir informaciones locales, incluso un accidente trágico en el centro de la ciudad. Fue duro, pero muy formativo. En quinto, al finalizar, escogí la beca en Radio Nacional de España en Madrid. Era 1985 y la emisora era la más potente. Podía haber elegido cualquier destino, pero quise salir de casa y vivir la experiencia. Mi amor por la radio venía desde niño y aquello fue cumplir un sueño. Aprendí muchísimo: a controlar tiempos, a entrevistar, a buscar y seleccionar noticias, a ser riguroso. También aprendí humildad junto a grandes profesionales.

Después de las becas fui freelance unos meses, vendiendo reportajes y entrevistas. Fui colaborador de la revista Don Balón, gané una plaza en RNE Baleares y me ofrecieron TVE Ibiza, pero me quedé en Palma. Más tarde dirigí una emisora en Soria, trabajé en televisión local y obtuve una concesión de radio en Badajoz. También he sido corresponsal de El País. Siempre se aprende, aunque muchas veces el precio es alto por mantener tus principios. En los primeros pasos es clave saber observar, escuchar y aprender. También aprendes que a veces es más rentable decir lo que otros quieren oír que decir la verdad. No me gustan las prisas; creo en un aprendizaje más pausado y reflexivo. Recuerdo una anécdota que me marcó: un padre vino a la emisora destrozado porque su hijo se había contagiado de SIDA en una transfusión. Le hice la entrevista. Aprendes a valorar a los oyentes y el impacto que puedes tener. También he cometido muchos errores, miles de entrevistas y programas dan para ello. Siempre hay que seguir aprendiendo.

P: ¿En qué momento decidió dar el salto al ámbito universitario y cómo terminó impartiendo clases en la Universidad de Valladolid?

R: El salto lo decidí prácticamente desde que empecé la carrera. Siempre tuve la idea de que, si me iba bien profesionalmente, acabaría compartiendo mi experiencia. Eso ocurrió cuando decidí vender mi emisora por motivos personales y familiares. Prioricé el cuidado de mis mayores, algo que fue doloroso, pero necesario. La radio es mi vida, y en gran parte viene de mi abuelo materno, que era ciego y pasaba horas escuchándola. De ahí surge mi idea principal: el periodismo es servicio al prójimo. Llegué a Valladolid después de haber pasado por otras universidades y tras rechazar algunas plazas. Finalmente vine por cercanía con Soria. Aun así, muchas veces tengo la sensación de que no se piensa lo suficiente en los estudiantes dentro del sistema universitario.

P: Su forma de impartir clases es percibida como diferente a la tradicional. ¿Cómo definiría su método docente?

R: Mi método se basa en estar al servicio de los estudiantes. Si han llegado a la universidad, es porque están capacitados. Mi papel es acompañarlos y ayudarles. No creo en las imposiciones. Si un día el grupo no está en condiciones de seguir la clase prevista, se cambia el planteamiento. La libertad es clave en el aprendizaje. Me inspiro en ideas de Francesco Tonucci: fomentar la curiosidad, aprender desde la práctica y personalizar la enseñanza. En periodismo eso significa hacer entrevistas, redactar, improvisar, experimentar sin miedo constante a la nota. Intento dedicarme a cada estudiante de forma individual, respetando su contexto y capacidades. Y, sobre todo, procuro que lo que aprendan tenga utilidad real, más allá del aula. Enseñar algo que no sirva para la vida no tiene sentido.

P: Usted ha expresado críticas hacia los métodos convencionales de enseñanza. ¿Por qué cree que no funcionan en la práctica profesional del periodismo?

R: La crítica no es negativa, parte del respeto. La educación ha cambiado mucho. Yo mismo tuve profesores muy distintos: algunos recitaban contenidos y otros fomentaban el pensamiento crítico. Creo que el principal problema es que no hay una definición clara de lo que es el periodismo. Eso genera confusión y acaba afectando a la profesión. Se mezclan conceptos, intereses y enfoques que distorsionan su esencia. Si no se define correctamente, el periodismo se diluye. Hoy vemos más opinión, intereses y enfrentamiento que información veraz. Eso es preocupante.

P: En relación con esto, ¿cómo adapta sus clases para preparar mejor a los estudiantes para el mundo laboral actual?

R: Intento que los estudiantes participen en el diseño del curso dentro de la guía docente. La práctica es fundamental. Por ejemplo, en asignaturas como Empresa Periodística trabajamos herramientas reales aplicadas a proyectos concretos. También invito a profesionales para simular ruedas de prensa y situaciones reales. La idea es que cuando salgan al mundo laboral tengan menos miedo y más recursos.

P: El periodismo ha cambiado mucho en los últimos años. ¿Cómo describiría la evolución del sector?

R: Hay una evolución tecnológica evidente: hemos pasado de teléfonos fijos y máquinas de escribir a móviles que lo hacen todo. Sin embargo, en lo profesional ha habido una involución. Hoy hay propaganda, ideología sin contrastar y dependencia de intereses. En muchos casos no se hace periodismo, sino otra cosa distinta. Eso me entristece.

P: ¿Cómo debería reflejarse esa evolución en la enseñanza del periodismo?

R: Las universidades no son totalmente libres porque dependen de presupuestos. Aun así, el docente debe adaptarse. Es imprescindible actualizarse constantemente. Hoy existen herramientas como la inteligencia artificial, los pódcast o nuevas formas de producción que deben incorporarse. Creo que, en general, vamos con retraso y deberíamos adelantarnos a los cambios.

P: Además de su labor como docente y periodista, también es escritor. ¿Qué temas aborda en sus obras y qué le impulsa a escribir?

R: Tengo nueve libros y una tesis. La mayoría giran en torno al periodismo, con una defensa de su esencia y una crítica a los poderes que lo condicionan. Escribo para reflejar experiencias y reflexiones. Pero también porque disfruto haciéndolo. Es un ejercicio de libertad. Además, la creatividad siempre me ha acompañado, tanto escribiendo como en otros ámbitos.

P: En su libro Nunca ganaré el Nobel. Soy periodista, aborda esta profesión desde una perspectiva personal y crítica. ¿Qué le llevó a escribir esta obra?

R: El libro está dedicado a un estudiante fallecido en 2023, alguien muy especial. Fue una experiencia muy dura y marcó profundamente la obra. El libro mezcla realidad y reflexión. Presenta la crudeza del mundo, pero también plantea la importancia de elegir cómo actuar. Es, en cierto modo, un consejo para quienes quieren ser periodistas.

P: ¿Cree que su forma de enseñar deja huella en sus alumnos?

R: Espero que no en el sentido de condicionarles. Ellos deben hacer su propio camino. Intento enseñarles a ser libres, a pensar por sí mismos, a confiar en sus capacidades. No busco ser recordado, solo que sean felices y encuentren su camino.

P: Para terminar, ¿qué consejo daría a los futuros periodistas?

R: El periodismo es, ante todo, servicio a los demás. Primero está la persona. Es fundamental escuchar, ser humildes y evitar repetir lo que otros dicen sin cuestionarlo. Si quieren ser periodistas de verdad, deben ser libres y estar comprometidos con la verdad, aunque eso tenga un coste.