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viernes, 01 mayo, 2026
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La caída del nazismo, la historia detrás de la icónica foto de la bandera soviética sobre el parlamento

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AITOR ENGUITA COPADO  |  Fotografía: Wikicommons

El 2 de mayo de 1945, la ciudad de Berlín, prácticamente el último bastión del nazismo, se rendía ante el general Vasili Chuikov. Los grandes mandatarios nazis, como Hitler o Goebbels, se habían suicidado días u horas antes.

El mando había recaído en los comandantes que dirigían los ejércitos de la ciudad. Ante la capitulación y la llegada de los aliados, el ejército rojo vio una oportunidad de propaganda sin precedentes. Así, varios soldados soviéticos alzaron la bandera de su patria sobre el Reichstag, el parlamento alemán en señal de victoria. El fotógrafo soviético Evguéni A. Jaldéi tomó la fotografía y la distribuyó ampliamente; no obstante, la historia detrás de la fotografía que representa la caída del nazismo es tortuosa y opacada por los intereses nacionales.

Entonces, ¿cómo fue el camino de los aliados a Berlín? ¿Fue la caída total del nazismo? Y, sobre todo, ¿cuál es la verdadera historia de la foto de Jaldéi?

El avance soviético hasta el oeste

El inicio de esta historia se sitúa en 1943, cuando en la batalla de Stalingrado, la más sangrienta de la historia, el ejército rojo derrotó a la Wehrmacht. Esto provocó un repliegue de las tropas del Tercer Reich hacia el oeste, seguidos por las tropas soviéticas.

En este prisma, se libraron intensas batallas como la de Kursk, aunque, los hechos más trascendentales del ejército rojo fueron la Operación Bagratión, que supuso la mayor derrota en la historia militar alemana, el ejército soviético llegó a las puertas de Varsovia. Tras esto, la ofensiva soviética tomó una rápida movilización. En enero de 1945, los soviéticos avanzaron unos 500 kilómetros en menos de un mes situándose en el río Óder, a unos 60 kilómetros de Berlín.

El avance aliado hacia el este

Por su parte, los aliados occidentales, compuestos mayoritariamente por estadounidenses y británicos, protagonizaron un poderoso avance hacia el oeste, a pesar de que nunca llegaron a Berlín. El periplo de los aliados comenzó en junio de 1944, en la batalla de Normandía.

En dicho enfrentamiento, el ejército británico-estadounidense logró tomar las bases del norte de Francia. Gracias a esta victoria, los aliados pudieron liberar París en agosto de 1944. Tras esto, el ejército del oeste puso en marcha una operación que pretendía capturar varios puentes en los Países Bajos para rodear la línea Sigfrido. A pesar de la planificación de la operación, fracasó parcialmente y frenó el ataque rápido.

Los aliados occidentales siguieron su avance y pudieron cruzar el Rin, la última barrera física de Alemania, y capturaron el puente Ludendorff en el proceso. Así, las tropas llegaron hasta el río Elba el 25 de abril de 1945, donde se encontraron con los soldados soviéticos y celebraron de forma improvisada.

No obstante, Dwight d. Eisenhower, el general supremo de las fuerzas aliadas occidentales, y futuro trigésimo cuarto presidente de los Estados Unidos, ordenó a sus tropas no entrar en Berlín y detenerse en el Elba. La razón era muy sencilla: el general estimaba que las bajas ocasionadas serían contadas en miles y, tras la conferencia de Yalta, Berlín había quedado bajo el dominio de Stalin tras acabar la guerra, por lo que el ejército del oeste se limitó a enviar fuerzas a los Alpes para evitar la huida alemana y la guerra prolongada.

La liberación de los campos de concentración y exterminio

Sin duda, uno de los acontecimientos decisivos del avance hacia Berlín fue la liberación de los campos de concentración y exterminio por parte de ambos ejércitos. El ejército rojo liberó diversos campos de exterminio como Majdanek, aunque el más destacado fue la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau en enero de 1945.

El ejército soviético se encontró a unos siete mil supervivientes en condiciones infrahumanas. Por ello actuó rápidamente y estableció hospitales de campaña, aunque muchos de los supervivientes estaban demasiado débiles como para huir del campo. Además, el nazismo había destruido los hogares de la mayoría.

En el caso americano, a pesar de que no se encontraron campos de exterminio radical como los soviéticos en Polonia, se encontraron escenas igualmente desgarradoras.

El primer campo liberado fue Ohdruf en abril de 1945 por las tropas del general Eisenhower. Fue tal el horror, que el general ordenó a los soldados no combatientes acudir a la escena para que vieran los horrores cometidos por los nazis y documentarlo. Los estadounidenses liberaron otros grandes campos de concentración como Dachau o Buchenwald.

En Dachau, se dice que la visión de los trenes llenos de cadáveres fue tan horrible que varios soldados americanos, en un ataque de ira, ejecutaron a los miembros de la SS que se habían rendido.

La batalla de Berlín, la rendición del nazismo

Tras varias estrategias militares, los soviéticos cercaron Berlín el 25 de abril. Desde ese momento, la batalla se convirtió en una guerra de supervivencia. La capital no contaba con un ejército profesional. Los combatientes eran remanentes de las SS, de la Luftwaffe, niños de las juventudes hitlerianas y algunos ancianos y veteranos heridos.

En este prisma, los soviéticos asediaron una ciudad en ruinas donde se libraban batallas campales en las grandes avenidas. Con el suicidio de Hitler el 30 de abril y el de Goebbels el 1 de mayo, las fuerzas nazis se quedaron sin liderazgo.

Los soviéticos asaltaron el parlamento alemán. Tras esto, el general Weidling se rindió ante el general Chuikov y ordenó el cese de hostilidades. No obstante, a pesar de que Berlín se rindió en 2 de mayo, debemos mencionar que la rendición de Alemania llegó unos días más tarde. El 7 de mayo, el general Jodl se rindió ante los aliados occidentales en Reims y el 8 de mayo en Berlín, el mariscal Keitel se rindió ante los aliados soviéticos. Este hecho marcó el fin del nazismo en Europa y por ello, la imagen del 2 de mayo es tan significativa.

La historia real detrás de la fotografía de Jaldéi

Debemos aclarar que la fotografía de Jaldéi no fue una instantánea, sino un montaje fotográfico premeditado y editado posteriormente con las precarias herramientas de edición fotográfica de 1945.

Para entender este contexto, debemos remontarnos a febrero de 1945. El 23 de febrero, en el frente del Pacífico, cinco marines estadounidenses, junto a un médico del ejército, alzaron la bandera estrellada, significando la toma del monte Suribachi durante la cruenta batalla de Iwo Jima. En ese momento, el fotógrafo estadounidense Joe Rosenthal capturó el instante en el que bandera se alzaba sobre la isla japonesa.

La fotografía se hizo un eco en el mundo, por lo que los soviéticos necesitaban un hito propagandístico que rivalizara con sus aliados americanos.

Fotografía de Joe Rosenthal de los estadounidenses en el monte Suribachi que inspiró la soviética. Fotografía: Wikicommons

Contexto de la fotografía

La oportunidad se dio ante la inminente caída de la capital germana. Cuando la ciudad estaba casi sentenciada, Jaldéi viajó al lugar donde sus compatriotas aún luchaban contra la débil resistencia alemana. Él mismo fabricó la bandera que se ve en la fotografía con tres manteles rojos. Posteriormente, código la estrella de cinco puntas, la hoz y el martillo.

El fotógrafo soviético recorrió las calles de Berlín y trató de encontrar un plano lo suficientemente épico como para hacer justicia a la victoria de la Unión Soviética y cumplir los deseos de Stalin. Se han reportado varias propuestas de emplazamiento para la fotografía, entre ellas la Puerta de Brandemburgo. Finalmente, se eligió el parlamento alemán y el fotógrafo inmortalizó el momento.

Respecto a los soldados existen varias teorías que abarcan desde simples soldados anónimos que defendían la puerta del parlamento tras el asalto hasta soldados elegidos como “modelos”.

No obstante, la foto que tomó Jaldéi no fue la definitiva. En Moscú, se rotocó debido a dos cuestiones que hacían la propaganda “poco eficaz”. En primer lugar, la fotografía se tomó cuando los combates habían cesado y la foto quedaba inerte, por lo que se añadieron dos feroces columnas de humo para agregar un tinte épico al relato.

La otra cuestión, que pasó más desapercibida, fue la presencia de dos relojes, uno en cada muñeca en uno de los soldados, lo que evidenciaba el saqueo que el ejército rojo había llevado a cabo en Berlín. Esta maniobra de propaganda fue bastante exitosa y hoy es recordada como uno de los símbolos del fin de la Segunda Guerra Mundial.

¿El fin de la guerra y el fin del nazismo?

Para concluir, es necesario aclarar dos preguntas de suma importancia en este relato y que habitualmente llevan a confusión. En primer lugar, la toma de Berlín como fin del nazismo. La respuesta a la misma sería que así es, aunque de forma simbólica. El fin real de los altos mandos nazis restantes se llevaría a cabo mediante los procesos judiciales que la corte penal internacional postuló en los juicios de Núremberg.

También debemos evitar caer en el relativismo histórico de creer que la toma de Berlín fue un proceso idílico. Si bien es cierto que acabó con uno de los regímenes dictatoriales más peligrosos de la historia, el ejército rojo llevó a cabo verdaderas barbaridades durante esta toma.

Estos actos inhumanos no son solo la ejecución de soldados o el saqueo, sino también la violencia sexual que los soviéticos ejercieron a mujeres civiles alemanas en Berlín. Se estima que más de 100.000 mujeres fueron abusadas sexualmente durante la conquista y que los mandos soviéticos no condenaron estas acciones.

La segunda cuestión es si el fin del nazismo supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, la respuesta es que no. La guerra se prolongó hasta el 2 de septiembre de 1945, cuando Japón se rindió incondicionalmente ante los aliados. En los meses restantes entre mayo y septiembre, se llevaron a cabo sangrientas operaciones como la batalla de Okinawa, los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki y los más de 60 bombardeos que los Estados Unidos perpetraron sobre población civil en Japón a lo largo de 1945, entre los que destaca el de Tokio (marzo de 1945), el más destructivo de la historia de la humanidad.

Este 2 de mayo es un día para conmemorar la caída de un régimen criminal y celebrar la paz y la liberación de los pueblos de Europa. No obstante, también sería oportuno hacer un ejercicio crítico de reflexión acerca de las consecuencias de las guerras y el impacto del ser humano en la historia a través de sus grandes narrativas como la de la fotografía de Jaldéi.

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