JUAN FERRERUELA GARCÍA | Fotografía: Pixabay

El ambiente escolar cada vez se está volviendo más tenso y difícil para muchos estudiantes. El hecho de ser constantemente molestados por el resto de compañeros da lugar a bajos resultados académicos, bajadas de ánimo o, mucho peor, tener miedo a ir a clase, lo que conlleva a un aumento de absentismo escolar.

Esto es lo que muchos conocen como bullying, un infierno en vida por el que cada vez un 9,4% de los estudiantes desde primaria hasta bachillerato se ven atrapados. Sin embargo, en los últimos años ha aparecido otro enemigo que puede ser igual o aún peor: el ciberbullying, por el que el acoso toma una forma híbrida entre lo presencial y lo virtual, a través de las redes sociales, en las que muchos sufren insultos, agresiones físicas y hasta amenazas, según la Fundación ColaCao y Universidad Complutense de Madrid (2023).

Juan, estudiante de Química, fue víctima de bullying desde que empezó el colegio hasta 1° de la ESO por ser monaguillo de una iglesia, en la que siempre ayudaba, y por haber destacado siempre en los estudios. Contó que siempre iba a los profesores para decirles que sus compañeros le estaban acosando, pero estos nunca le creían. Es más, después de confesarle a su familia todo lo que le estaba pasando, los padres de Juan fueron a hablar con el centro educativo, pero estos solo dijeron que Juan no era tan bueno como parecía. Tras ver la actitud de los docentes y de la propia directora, la familia de Juan decidió cambiarle a otro instituto, y Juan empezó a sentirse mucho mejor y más integrado con sus nuevos compañeros.

Es importante enseñar a los niños habilidadeS de comunicación en sus casas

La psicóloga María Rodríguez Villarejo destaca que desde niños hay que aprender a gestionar los distintos estados de ánimo, con el objetivo de que los adolescentes puedan afrontar el bullying y el ciberbullying. Además, es de gran ayuda tener a un profesional en una situación tan delicada. “Hay que apelar al control parental de las redes, a una responsabilidad y a una educación parental para que no se den estas situaciones», afirma Villarejo.

Según el informe Yo a eso no juego, el ciberbullying lo sufren adolescentes de entre 10 y 14 años, a través de redes sociales como WhatsApp (71,9%), Instagram (44,8%) y TikTok (41,7%), según datos de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR. Esto desencadena que puedan padecer ansiedad, depresión, estrés y bajo rendimiento escolar.

Un caso destacado es el de Paula, que sufrió acoso en clase pero también en redes sociales por sus compañeros de toda la vida debido a su aspecto físico, pero también porque empezó su etapa de desarrollo. Sus compañeros se burlaban de ella comparándola con perros hasta que un día ella se cansó, por lo que ellos empezaron a molestarla también en la calle. La situación llegó a un extremo que en una excursión la grabaron bailando y subieron el video en YouTube, en la que muchos comentarios eran vejatorios. Paula y sus padres denunciaron lo ocurrido y el video fue eliminado.

La Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR afirma además que el 47% de los estudiantes no hacen nada cuando ven que un compañero es víctima de acoso. Este silencio también es una forma de hacer daño y de ser cómplice. Por eso, Luis Agudo, profesor de Religión Católica, hizo en 2023 un cortometraje con sus alumnos llamado El Silencio Duele, en el que busca concienciar a la gente sobre el acoso en las redes sociales y cómo el silencio de los demás puede afectar a las víctimas de acoso. Además, confiesa que los centros educativos sólo pueden tomar medidas educativas.

El silencio también puede ser un sinónimo de indiferencia, de sentir que nadie te tiene aprecio, una forma de herir psicológicamente. Eso fue lo que sintió Andrea, que durante un año se metía y comía en los baños del instituto porque nadie se acercaba a ella para hablar ni tener contacto.