DANIEL ALONSO REDONDO | Fuente: Laura Pena |
Hoy en día, por desgracia, es muy común encontrarnos en las páginas de los periódicos, tanto en papel como en digital, publicaciones que solo buscan llamar la atención del lector pero que carecen de calidad y de sustancia informativa. Aunque los medios sigan atrapados en la rueda de la atención y de la relevancia; y actualmente, de la interacción y del SEO, está práctica ‘periodística’ del sensacioanlismo encuentra sus orígenes tiempo atrás, en los Estados Unidos de inicios de los años 1800.
Durante el siglo XIX, la prensa ganó poco a poco cierto desarrollo que la convirtió en una fuente de dinero para todos aquellos que decidieron apostar por ella. El ascenso de los movimientos democráticos, la mejora de las comunicaciones, el incremento de la enseñanza y la creación de telégrafo eléctrico son algunas de las razones por las que la prensa experimentó este crecimiento.
Una de las primeras personas que invirtió por la prensa concebida como negocio fue John Walker con The Times, el primer diario inglés que se creó bajo esta idea. También destacó por crear la primera red de corresponsales, por la especialización de sus trabajadores en diferentes áreas dentro del periódico y por la creación de la letra Times New Roman.

En la década de los 30, este tipo de prensa llegó a Estados Unidos y también gozó de gran éxito. Entre las principales publicaciones norteamericanas destaca el New York Sun, que solo buscaba vender grandes tiradas de su periódico a través de sucesos llamativos pero inventados, dando inicio a lo que conocemos como sensacionalismo.
Su reportaje más famoso relataba la vida en la Luna, un texto completamente falso en el que se hablaba sobre hombres murciélago, animales parecidos a bisontes, aguas cristalinas y un sinfín de invenciones por parte de la redacción del periódico.

El resto de periódicos siguieron su línea y el sensacionalismo se instauró como la nueva forma de relatar la ‘realidad’. Desde el New York Morning Herald (otro de los periódicos insignia del sensacionalismo) hasta el New York World (periódico fundado por Joseph Pulitzer), todos los periódicos utilizaron el sensacionalismo para llamar la atención del lector.
Este último, el New York World, se convirtió en un modelo para el resto de periódicos del momento y gozó de gran popularidad en la sociedad neoyorquina. Una de sus publicaciones insignia, The Yellow Kid, dio origen al termino ‘amarillismo’, ya que representaba la mentalidad cruel que compartían los periódicos sensacionalistas.

El siguiente paso en la prensa amarillista lo dio William Randoph Hearst en 1890. Hearst, que fue un hijo único ‘malcriado’, fue a la Universidad de Harvard, aunque poco tiempo después de su ingreso fue expulsado. Durante su estancia en la Universidad, le llamó la atención un periódico que había en la misma y lo dirigió. Por esta razón, Hearst decidió ser periodista. En 1895 adquirió el New York Journal y poco después lo convirtió en el periódico más importante de la ciudad.
Este periódico se caracterizaba por una serie de elementos que definieron el concepto del amarillismo. El primero de ellos fue completar la plantilla del periódico de los mejores periodistas. Hearst arrebató la plantilla al periódico de Pulitzer pagándoles tres veces más. Hearst también bajó el precio del periódico, en la línea de la competencia con Pulitzer, algo que podía permitirse ya que era rico. Otro de los puntos por los que destacó el Jounal fue por el uso de ilustraciones en la portada, titulares grandes y llevar la exageración del relato al máximo, que pronto llegó a la difamación e invención de historias.
La Guerra de Cuba
Con el estallido de la Guerra de Cuba en 1895, Hearst la vio como una gran oportunidad para aumentar las ventas de su periódico. De esta manera, mandó a la isla a corresponsales para que su periódico se convirtiera en el primero que llevara las noticias a Estados Unidos.
Como resultado, la prensa amarillista estadounidense no tardó en difamar con la guerra a través de exageraciones, como los supuestos 600.000 cubanos asesinados por parte de los españoles. Esta noticia iba acompañada de escabrosas ilustraciones con gente muriendo, escenas de tortura, cuerpos demacrados…
Una de las historias más destacadas que contó el periódico de Hearst fue la de Evangelina Cisneros, conocida como ‘la belleza latina’. Hearst la presentó como víctima de los españoles y organizó de todo alrededor de esta mujer. El momento cumbre del relato en su periódico llegó cuando mandó a un supuesto ‘periodista’ a que liberara a Evangelina de la cárcel. Este periodista, que en realidad era un sicario, la liberó y la llevó a Nueva York donde recibió una gran acogida.

Sin embargo, el estallido de la situación entre Estados Unidos y España llegó cuando Hearst recibió una carta privada robada al embajador español. En esta carta, el embajador criticaba tanto a Cuba como al presidente de los Estados Unidos y, lógicamente, no fue bien recibida por parte de la población estadounidense.
Como consecuencia, la publicación de la carta en primera plana por parte del New York Journal caldeó desmesuradamente el ambiente de guerra contra España. El punto de inflexión llegó con la explosión el 15 de febrero de 1898 del barco estadounidense Maine. Como cabría esperar, Hearst aprovechó la situación y echó la culpa a los españoles, aunque la causa de la explosión fuera desconocida en aquel momento.
A Hearst, la Guerra de Cuba le resultó increíblemente rentable, ya que, en sus momentos finales, llegó una media de un millón de periódicos diarios.
El declive del amarillismo
La decaída del modelo de prensa amarillista en Estados Unidos tuvo lugar cuando el periódico de Hearst empezó una campaña de acoso y derribo contra el presidente McKinley. El New York Journal, que en un primer momento había obligado a McKinley a entrar en la guerra, ahora le acusaba de ser corrupto, mal político y de estar controlado por las grandes empresas.
A pesar de que McKinley ganara las elecciones para un segundo mandato, el periódico no cesó, y en febrero de 1901 el periódico publicó un texto satírico en el que se decía que la bala que iba a matar al presidente ya había sido disparada. En septiembre de 1901, un anarquista italiano disparó y mató al presidente McKinley.
Aunque se llevó a Hearst a juicio y no se pudiera demostrar relación alguna del periódico con lo ocurrido, los estadounidenses sí que condenaron a Hearst y las ventas del New York Journal cayeron desmesuradamente.
Actualmente, el modelo de prensa amarillista y sensacionalista sigue existiendo, pero el rechazo de la sociedad de aquel entonces, que condenó esta forma de hacer periodismo, propició la apareció de un nuevo tipo de prensa que buscaba satisfacer las necesidades de información para las clases medias – altas que no eran capaces de cubrir periódicos como los de Hearst o Pulitzer.










