AITOR ENGUITA | Fotografía: Wikicommons
“La Virgen del Pilar dice, que no quiere ser francesa. Que quiere ser Capitana de la tropa aragonesa”. Como zaragozano, he escuchado muchas veces esta consigna. Aunque no seas oriundo de la ciudad de Zaragoza, no creo que ninguno de los que pertenecemos a los pueblos de la provincia nunca la hayamos escuchado.
El 12 de octubre, día de Nuestra Señora del Pilar, es uno de esos días donde estas palabras más se repiten: en la televisión, en las redes sociales o cantada por las calles. Y es que no hay una sola versión que incluya esta sentencia, son innumerables las jotas y coplas que la mencionan.
Después de escuchar esta canción popular tantas veces, ha suscitado en mi la curiosidad suficiente como para tratar de buscar su origen
El origen popular: la resistencia contra Napoleón
Todas las teorías del origen tienen como hecho fundacional los Sitios de Zaragoza (1808-1809) durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) contra el ejército napoleónico.
El Primer Sitio (junio-agosto de 1808). Tras el levantamiento popular contra José Bonaparte, el general José de Palafox asumió la defensa de Aragón. El ejército francés trataba de tomar la ciudad para asegurar el norte peninsular. Los zaragozanos, que no contaban con muros defensivos, se vieron obligados a fortificar las entradas naturales y espacios religiosos. Desde ese momento la resistencia fue feroz. El punto crítico ocurrió el 4 de agosto de 1808 cuando las tropas napoleónicas consiguieron abrir una brecha en el Portillo y penetrar dentro de la ciudad, convirtiendo el sitio en una batalla campal.

En este Sitio participó la famosa Agustina de Aragón. Frente a la muerte de los artilleros y las dudas de los defensores ante el avance del ejército enemigo; Agustina tomó la mecha de un cañón y disparó el arma contra la tropa napoleónica, causando graves bajas.
El Segundo Sitio (diciembre de 1808-febrero de 1809). Napoléon ante la humillación del Primer Sitio, envió a un ejército más grande con estrategias de zapadores y minas. Sin embargo, a pesar de la heróica resistencia maña, el hambre y las enfermedades mermaron la población y la moral. En esta situación, el general Palafox, también enfermo, se vio obligado a capitular el 21 de febrero de 1809.
En este contexto de guerra habría nacido la copla. Debido a la resistencia de la ciudad, el verso habría sido una creación popular sin un autor concreto. Los defensores habrían tomado un símbolo reconocible del ideario zaragozano, la vírgen del Pilar, y la habrían convertido en un símbolo de resistencia. No obstante, no es la única teoría.
El origen específico: la creación de Picavea
A finales del siglo XIX, empezó a surgir otra teoría. Revistas especializadas en historia y folklore, en claro auge a finales del XIX, atribuyeron un origen y un creador a la copla o jota.
En concreto expondré el caso mencionado en el artículo La jota aragonesa de Juan José Beláustegui para la revista donostiarra Euskal-Erria o Revista Bascongada. Este artículo se centra en el barbero Picavea, un vecino alegre de Zaragoza que tenía por costumbre tocar la guitarra en el umbral de su casa cuando terminaba su jornada laboral.
Estas jotas y coplas que inventaba el barbero eran de corte satírico y acusativo, y tenían por objetivo al francés que se había hecho rico mediante la venta de vino aragonés. Estas canciones que cantaba Picavea causaban tanto éxito entre sus vecinos que cuando los labradores terminaban el trabajo, junto a los mozos y mozas rodeaban al barbero y cantaban las canciones que les enseñaba.
Según esta explicación, los versos que hoy nos atañen habrían sido compuestos la noche del 15 de junio de 1808. Aquel día los invasores se encontraban muy cercanos al comienzo de los ataques y el barbero dirigió su hostilidad contra el comerciante francés y los invasores.
Conclusión
No podemos determinar el origen real de los versos de la famosa jota y copla. Sin embargo, lo que si podemos saber a ciencia cierta es que su ácida crítica contra las fuerzas francesas se gestó en medio del fuego de los Sitios de Zaragoza. Este episodio ha marcado la memoria colectiva de la ciudad. Tanto que hoy existen varios monumentos dedicados a la contienda. El más conocido se encuentra en el puente de Santiago con la inscripción «Zaragoza honra a sus defensores anónimos. Aquí enterrados por miles. Víctimas de las guerras y la enfermedad. En los sitios que sufrió la ciudad en 1808 y 1809»

Que no podamos rastrear su origen con exactitud quizás es lo más bonito de estos versos, que son de todos. Cualquier zaragozano puede cantar con alegría, en forma de copla, de jota o de canción moderna, esta canción. La letra no hace referencia a la devoción a una advocación mariana, sino a la resistencia. El valor de hombres y mujeres anónimos que no se doblegaron ante el invasor y el más puro significado de lo que significa la rasmia zaragozana.















