La Facultad de Filosofía y Letras de la UVa acogió un seminario donde se desarrolló el impacto del conflicto en Castilla y León
ANA ESPINA MIELGO | Fotografía: Ana Espina Mielgo
Con motivo del 90 aniversario del estallido de la Guerra Civil española, la historiografía actual sigue encontrando en este periodo un foco inagotable de análisis y debate. Lejos de quedar como una página cerrada, el conflicto bélico y sus antecedentes continúan despertando un profundo interés académico y social. Las jornadas organizadas por la Facultad de Filosofía y Letras, en colaboración con la fundación Jesús Pereda para, invitan a reflexionar sobre este acontecimiento. Concretamente llama la atención la ponencia a cargo de la profesora e historiadora Sofía Rodríguez titulada La Guerra Civil desde la retaguardia castellana, que tuvo lugar este mismo jueves 22 de octubre en el salón Lope de Rueda de la facultad.
Su intervención ofreció una perspectiva crucial como es el poder entender que, en regiones como Castilla y León, el conflicto no se vivió en las trincheras del frente de batalla, sino desde una retaguardia que rápidamente se convirtió en el motor logístico, político y represivo del bando sublevado.
Para comprender la dimensión de la guerra en Castilla, la doctora Rodríguez recordó que el origen inmediato del conflicto fue el golpe de Estado militar perpetrado entre el 17 y el 18 de julio de 1936 contra el régimen democrático de la Segunda República. Este golpe se concibió como una operación rápida para derrocar al gobierno y neutralizar a los líderes políticos de izquierda, pero fracasó en aquellas regiones donde el Estado y las organizaciones obreras lograron articular una resistencia firme.
Sin embargo, Castilla y León presentó una realidad muy diferente. En nuestra tierra, el golpe triunfó casi de inmediato. Ciudades como Valladolid, Burgos, Salamanca o Ávila quedaron bajo el control de los sublevados en cuestión de días, convirtiéndose en el corazón operativo de la zona nacional. Valladolid fue clave como cabeza de la VII División Orgánica y cayó tras la rápida acción de los sublevados y la posterior represión de los focos leales. Burgos asumió el papel de capital política del nuevo bando sublevado, albergando la Junta de Defensa Nacional y, posteriormente, los primeros órganos de gobierno franquista. Mientras que Salamanca y Ávila, integradas con rapidez en el entramado militar sublevado, sirvieron de retaguardia segura y de base para el avance hacia el centro peninsular.
A medida que el frente se estabilizaba lejos de las capitales castellanas, la retaguardia sufrió una metamorfosis radical. Las ciudades castellanas experimentaron un incremento poblacional drástico, no solo por la llegada de tropas y mandos militares, sino por la afluencia de refugiados y evacuados de zonas en conflicto, así como por la reorganización de los servicios sanitarios y de abastecimiento para el ejército.
«La retaguardia castellana se convirtió en un gigantesco campamento logístico y hospitalario, donde la vida cotidiana tuvo que adaptarse por completo a los rites, consignas y normativas del nuevo régimen militar», señaló la profesora Rodríguez durante su intervención.
También se habló de los principales ejes que hicieron posible esa transformación en la retaguardia. Se militarizó por completo la sanidad y la educación, edificios emblemáticos, colegios religiosos e instituciones científicas fueron reconvertidos en hospitales de sangre o cuarteles de artillería. Se pasó a controlar toda la información y todas las comunicaciones de las ciudades, la ocupación de sedes de prensa, emisoras de radio locales y oficinas de correos garantizó el monopolio informativo del bando rebelde. Y, la retaguardia castellana fue también el escenario de una intensa labor depuradora y represiva contra los simpatizantes de la República, sindicalistas y cargos públicos del Frente Popular, consolidando un nuevo orden ideológico.
Las jornadas sobre el 90 aniversario de la Guerra Civil ponen de manifiesto que la memoria histórica de Castilla y León sigue abierta a la investigación rigurosa. Analizar la contienda desde la retaguardia nos permite entender cómo se estructuró el entramado político y social que sustentó la dictadura franquista durante casi cuarenta años.
Lejos de los grandes combates de frente, la historia de Castilla durante la Guerra Civil es la crónica de cómo una sociedad entera se reordenó bajo férreos parámetros militares, un proceso cuyas cicatrices y ecos aún resuenan en nuestra memoria colectiva.















