LAURA CUADRADO TUHRINSKA | Fotografía: Pixabay
Vivimos en una época donde el uso de la inteligencia artificial esta cada vez más normalizado para realizar acciones cotidianas, ya sea en el ámbito académico, profesional o simplemente para preguntar cualquier cosa. Ya no es necesario leer e informarse al respecto, con un simple “prompt” o instrucción, la IA te resolverá todo lo que tu quieras. Sin embargo, nos han ido metiendo esta herramienta en nuestras vidas de manera sutil, y eso, se ha convertido en un gran peligro. Sobre todo, para nuestra capacidad de pensamiento crítico.
El pensamiento crítico es una de las capacidades que tiene el ser humano para conectar unas ideas con otras. Es un “deporte” mental, que nos obliga, sobre todo, a pensar. Algo que cada vez lo vemos menos por culpa de robots que nos ponen en bandeja cualquier cosa que le pedimos. ¿Cuál es el resultado que obtenemos con esto? Una sociedad dormida, sin ideas propias y esclava de maquinas artificiales. Delegar nuestros pensamientos críticos a la inteligencia artificial es abandonar una parte vital de nuestras vidas.
Al dejar toda la información en manos de estos robots, nos obliga a dejar de contextualizar esta información, volvernos usuarios pasivos y lo más importante, dejar de contrastar la información. Cuando recibimos la información, pensamos que todo lo que nos dice es correcto. Quiero decir, es una inteligencia artificial debería de hacerlo ¿no? El caso es que muchas de las veces no lo son. Nos fiamos tanto que dejamos de hacer todo lo anterior. Nos volvemos vulnerables a posibles manipulaciones y mentiras disfrazadas de objetividad. Al renunciar a la duda y la curiosidad, dejamos de diferenciar lo que es cierto y lo que no es.

Socialmente hablando, la situación no está mejor, más bien esta empeorando. Debido a que la mayoría de la gente se informa con la Inteligencia Artificial, se deja a un lado la capacidad de análisis. Debe de haber un equilibrio entre los debates rigurosos y una madurez intelectual, lo que permite entender el mundo real. Pero, en vez de conseguir esa armonía, estamos retrocediendo y perdiendo esas habilidades.
La inteligencia artificial tiene que ser un complemento de apoyo, no un sustituto para nuestra capacidad analítica. No podemos dejar que las maquinas piensen por nosotros, sino usar esas cualidades que nos pueden aportar para ganar más conocimientos y pensar mejor por nuestra cuenta. Usar el cerebro y pensar por uno mismo a día de hoy, es un gran acto de resistencia en un mundo controlado cada vez más por la tecnología.














