Vampiros, un miedo milenario

AITOR ENGUITA | Fotografía: Wikicommons

Aristócrata, colmillos, capa, hematófago, la luz solar lo mata y solo sale por las noches. Esta descripción encaja perfectamente en el ideario cultural de cómo se ve un vampiro. Tanto así que incluso sabemos de primera mano sus costumbres como que debe ser invitado para entrar a los sitios; o cómo combatirlo.

Sin embargo ¿Cuál es su origen? ¿Por qué nuestra cultura ha creado una criatura tan oscura, pero a la vez sofisticada? Y especialmente ¿Por qué tenemos una imagen de él tan clara?

El Folclore Eslavo y Balcánico

Para conocer como se fueron modulando los rasgos de esta criatura, debemos conocer su origen. En la antigüedad ya existían criaturas hematófagas, sin embargo el vampiro propiamente proviene de las leyendas de los pueblos balcánicos y eslavos. En la antigua lengua eslava oriental, se le conocía como Upir que derivó más tarde al serbio Vampir, y finalmente transmitido en Europa bajo el alemán Vampyr.

Para que una persona se convirtiera en Upior o Upir necesitaba morir de forma anómala o violenta. Este grupo comprendía el suicidio, la brujería o las malformaciones. En el folclore eslavo, el Upir era un ser con aspecto hinchado o en descomposición y lengua bífida que atacaba tanto al ganado como a las personas.

En las leyendas tradicionales, el Upir no era solo un ser noctámbulo. Si bien, era su momento predilecto, la creencia explica que puede salir de su tumba desde el mediodía a la medianoche. La forma principal de vencerlo era la decapitación, aunque clavar una estaca de álamo o roble también podía ser efectivo, aunque debía ser, eso sí, de un solo golpe. Otro método, si el cadáver no se había descompuesto era quemarlo por completo. Estas leyendas se empezaron a extender por las zonas eslavas y balcánicas en torno al siglo XI, aproximadamente.

Les surgirá a los lectores una cuestión: si el Upir es un monstruo del folclore eslavo ¿Cómo llegó al imaginario de la Europa Occidental?

Austria y los Balcanes, el paso del Vampiro a la Europa Occidental

La expansión del relato se da en la década de 1720. El gran cambio es la anexión del norte de Serbia y Bosnia al territorio del Imperio Austríaco. Al pasar los territorios balcánicos a la administración de los Habsburgo-Lorena, los médicos, funcionarios y soldados austríacos, hombres venidos de la ilustración, empezaron a ver prácticas extrañas de sus nuevos vecinos.

Los austríacos empezaron a ver como los habitantes de los Balcanes, ante epidemias o alta mortandad, culpaban a un Upir. Sin embargo, cuando las autoridades austríacas mediaban en estas situaciones empezaron a ver cuerpos sin efectos de la descomposición. Uno de los casos más sonados es el del campesino serbio Petar Blagojević, quien se decía había vuelto como vampiro para matar a nueve de sus vecinos. Cuando las autoridades imperiales revisaron el cadáver, constataron que estaba "fresco" y pasaron a su destrucción. Este tipo de relatos se extendió por toda Europa, dando pie a que la literatura se adueñase del mito y empezara a definir sus rasgos.

Los inicios del Romanticismo en alemán empezaron a definir sus rasgos principales. El escritor Johann Wolfgang von Goethe escribió su poema narrativo La novia de Corinto (1797), un relato sobre el vampirismo y el conflicto religioso. La historia anticipa el mito romántico del vampiro, con una prometida que vuelve de entre los muertos y contagia de muerte a su prometido por compartir el lecho nupcial con ella. Goethe escribe:

"Pero, ay, si tocas mis miembros
sentirás estremecido lo que te escondí:
blanca como la nieve
pero fría como el hielo
es la amante que tu has escogido!”
- J. W. V. Goethe, La novia de Corinto (1797)

El Romanticismo, la literatura gótica y los vampiros

Goethe solo será el inicio del fervor vampírico. Ya tenemos una criatura venida de entre los muertos y que succione la vida de sus victimas, o amantes. Sin embargo, falta uno de los puntos claves: su pertenencia a la aristocracia. Con el auge del Romanticismo a principios del siglo XIX, las criaturas oscuras, los monstruos de Europa vieron su punto álgido en la literatura. En la literatura británica desde finales del XVIII ya presenciamos el comienzo de la narrativa gótica con su obra fundacional El Castillo de Otranto de Horace Walpole.

John William Polidori (ca. 1805-1822). Óleo sobre lienzo de F. G. Gainsford | Fotografía: Wikicommons

En el Romanticismo británico habrá menciones al vampiro en obras como El Giaour (1813) de Lord Byron. Será su médico personal, el doctor John William Polidori, que además de un médico brillante también era un gran escritor, el que le otorgue el título de nobleza al vampiro. Polidori, escribió su obra cumbre El Vampiro (1819), un relato corto que advierte sobre como un vampiro seductor se aprovecha de los que no creen en la leyenda para devorarlos.

Lo escribió en el verano de 1816 a modo de juego entre varios escritores durante una noche tormentosa. Polidori creó a sus veinte años el arquetipo de vampiro contemporáneo: aristócrata, seductor y hematófago. Inicia el relato con la siguiente sentencia:

"Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes más importantes de la vida nocturna y diurna de la capital inglesa, un noble, más notable por sus peculiaridades que por su rango."
- J. W. Polidori

Otras líneas del texto de Polidori sobre la hematofagia dicen:

"Los tutores se apresuraron a proteger a la hermana de Aubrey, mas cuando llegaron ya era tarde. Lord Ruthven había desaparecido, y la joven había saciado la sed de sangre de un vampiro."
- J. W. Polidori

El fenómeno vampírico trascendió la literatura inglesa y se convirtió en el protagonista de todo tipo de obras de corte romántico alrededor de Europa. El otro gran foco de narración vampírica fue el espacio germanoparlante. Podemos señalar la influencia de los escritores prusianos E.T.A Hoffmann y Ernst Raupach. Hoffmann en su relato Vampirismo (1819), a pesar de este título, no define al vampiro con rasgos homogéneos o generalizados. En Hoffmann, el vampiro es un ser necrófago más parecido al gul de las Mil y una noches.

Será Raupach en su obra Deja a los muertos en paz (1823) quien siga el canon establecido por Polidori. Su obra advierte de los peligros de jugar con los muertos. Walter, el protagonista de la obra, acudirá a un mago oscuro para resucitar a su esposa lo que le obligará a lidiar con una esposa convertida en vampiro. En el relato, Raupach escribe el siguiente fragmento:

"Comenzó a sentir un agudo dolor en el pecho, abrió los ojos y vio la imagen más horrible y aterradora de su vida: los labios de Brunilda succionando la sangre caliente que salía de su pecho. Gritó con horror y Brunilda se apartó con la sangre escurriéndole por la boca.
—¡Demonio! ¿Así es como me amas? —rugió Walter.
—Te amo como aman los muertos —respondió con frialdad la mujer."
- E. Raupach, Deja a los muertos en paz (1823)

Esta vampiromanía decimonónica no solo se proyectó en la Europa occidental. En el lugar de origen de los vampiros, la Europa eslava empezaron a resucitar los mitos de este monstruo. En la Rusia zarista, con el auge del nacionalismo romántico, los rusos miraron a su pasado y descubrieron que, lo que los alemanes llamaban vampyr, llevaba existiendo siglos en Rusia. Bajo este contexto, el dramaturgo Aleksei Tólstoi, escribió dos obras satíricas donde denuncia a la aristocracia rusa, pintándolos como hematófagos: Upyr (1841) y La familia del vurdalak (1839). Este último además de satírico mezcla elementos de la novela de terror.

El vampiro en el Fin de Siglo y el siglo XX

Establecidos los rasgos de hematófago, aristócrata, colmillos, y residente en lugares aislados, nos faltan los rasgos más distintivos: cómo matarlo, sus debilidades, su vestimenta y su extraña sensualidad. Será el final del siglo XIX el que configurará estos rasgos.

El primer hito dentro de la construcción actual de la mitología vampírica es su sensualidad. Si bien, en las obras anteriores es un elemento visible, hay una obra que convierte al vampiro en objeto y sinónimo de deseo: Carmilla (1872). Escrita por el periodista irlandés Joseph Sheridan Le Fanu, la obra es considerada la primera obra de vampiros de tinte erótico explícito y sobre todo de tono abiertamente homosexual.

En la historia, Laura, una joven austríaca, conoce a la misteriosa Carmilla, con la cual vive un breve romance hasta que una serie de muertes misteriosas revelan que Carmilla es en realidad una vampiresa. El tono homoerótico del relato se aprecia en pasajes como el siguiente:

"Carmilla me cogía entre sus brazos, me miraba intensamente
a los ojos, sus labios ardientes 'recorrían mis mejillas con mil besos y,
con un susurro apenas audible, me decía:
-Serás mía... debes ser mía... Tú y yo debemos ser una sola cosa, y
para siempre."
- J. Sheridan Le Fanu

Carmilla fue predecesora de la que sería la obra cumbre de la literatura de vampiros: Drácula (1897) de Bram Stoker. Stoker inspiró el nombre de su protagonista en el antiguo gobernante rumano Vlad III el empalador, quien era apodado así debido a su padre, Vlad el dragón o Vlad Dracul. Drácula configuró el aspecto final que nos faltaba en el mito vampírico: como enfrentarse a él. En la novela, el conde Drácula es vencido mediante las estacas en el corazón o la decapitación, aunque también se especifíca la aversión del monstruo al ajo. No obstante, en contra de la creencia popular, Stoker no configura que la luz del sol fulmine al vampiro. Solo establece que al exponerse a ella pierde por completo sus poderes sobrenaturales.

Retrato anónimo de Vlad III de Valaquia, el empalador (s. XVI). Su apodo Drácula se traduce como "hijo del dragón" debido al apodo de su padre: Vlad Dracul | Fotografía: Wikicommons

Stoker creó un boom acerca de la figura del vampiro que lo elevó a convertirse en el monstruo más famoso de todos. Con la invención del cine, el vampiro se convirtió en uno de los principales protagonistas. Su representación más famosa es una adaptación sin autorización de Drácula: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922) del director alemán Friedrich Wilhelm Murnau. La película abrió la puerta a un boom cinemátográfico y a múltiples representaciones en el cine del vampiro como Drácula (1931), protagonizada por Bela Lugosi, Horror of Dracula (1958), protagonizada por Christopher Lee o incluso representaciones más modernas como Entrevista con el vampiro (1994), protagonizada por Tom Cruise y Brad Pitt.

Pero, entonces, si en ningún lugar se menciona ¿Por qué es imposible imaginarse al vampiro sin capa? La capa proviene del teatro de la década de 1920, donde, en adaptaciones de Drácula, se usaba la capa para camuflar efectos prácticos y arneses. Esta imagen se trasladó al cine con películas como la de Bela Lugosi y se fijó en el imaginario colectivo, dando al monstruo hematófago su característico aspecto por casi cien años.

Entonces, aristócrata, colmillos, capa, hematófago, la luz solar lo mata y solo sale por las noches, son los rasgos que en casi mil años le hemos conferido a una de nuestras pesadillas. Y que, sin embargo, pasó de ser un muerto viviente, a una novia asesinada por la religión, un aristócrata seductor, el vurdalak, el conde Drácula, Nosferatu y hoy en día sea uno de los distintivos de la internacional fiesta de Halloween.

Aitor Enguita

Zaragoza, 2006. Jefe de la sección de Cultura y Deporte de InformaUVa y miembro activo desde 2026. Redactor de periodismo cultural e histórico.

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