Gouges fue una de las primeras mujeres en denunciar la hipocresía de la Revolución Francesa y militó a favor de la abolición de la esclavitud
YAIZA GUINOVART RODRÍGUEZ | Fotografía: Wikimedia commons
—¿Qué?
—La Revolución francesa defiende la libertad, la igualdad y la fraternidad. Todos somos iguales ante la ley y, si hace falta, cortaremos la cabeza a quien se oponga.
—Entonces, si todos somos iguales, ¿las mujeres también?
Olympe de Gouges, escritora, dramaturga y pensadora francesa, fue una de las mujeres pioneras en condenar la desigualdad durante la Revolución Francesa. ¿Por qué se luchaba por la igualdad pero se excluía de ella a las mujeres? Y, al igual que Aristóteles, optó por morir guillotinada que renunciar a sus ideas políticas. Su decisión se vio reflejada en la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, documento escrito por ella misma en 1791 a partir de la Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano.
A partir de esta carta, de la que imitó la estructura, denunció la desigualdad entre hombre y mujer de sus ideales. Es decir, usó las propias ideas de la Revolución para explicar que sus promesas no se estaban cumpliendo.

Dicha redacción cuenta con 17 artículos, entre los que destacamos el derecho a opinar, participar en política, ser libre y ser propietaria. Los sectores políticos no estuvieron preparados para asumir dichas ideas, demasiado "revolucionarias" para la época. Sin embargo, encontramos este hecho muy contradictorio, pues los revolucionarios animaban a las mujeres a asistir a manifestaciones y luchas. Ellas, por su parte, así lo hicieron; prueba de ellos es la marcha sobre Versalles. Por el otro lado, esos mismos revolucionarios prohibieron años después que la mujer pudiera participar en política, cohibiéndolas de la libertad por la que habían luchado.
Historiadores como Jules Michelet establecen que «Los hombres tomaron la Bastilla y las mujeres tomaron al rey». Sin embargo, estas nunca llegaron a tomar la ley. Y es que las ideas de Olympe no tuvieron poder real y no fueron escuchadas, al igual que las de otras muchas mujeres de la época.
La lucha del sector femenino no tuvo repercusión real en la época. Hay quien apela al dicho "divide y vencerás", y quizá así fue, pero las ideas que hoy denominaríamos feministas estaban demasiado desorganizadas y desunidas como para conseguir un fuerte y numeroso apoyo, de modo que todas acabaron en saco roto.
No obstante, aunque no fuera inmediatamente, la declaración sí que resultó útil. Y es que la carta sirvió de inspiración a muchas otras mujeres, tanto a corto como largo plazo. No se silenció el movimiento y, durante el siglo XIX y XX, las lucha continuaron hasta lograr todo lo que Olympe y otras mujeres habían deseado. Hoy en día, esta declaración nos recuerda que los derechos que hoy damos por hecho como intocables no lo son. De hecho, su reconocimiento costó mucho sudor y lágrimas. Y eso, en los lugares que los han reconocido.

En conclusión, esta gran autora es un ejemplo de pasión y determinación, ya que, hasta el final de sus días, no paró de luchar por lo que consideraba correcto. Fueron estas ideas molestas de poder femenino, junto otro manifiesto en el que condenaba la violencia, las que le llevaron a acabar en la guillotina. Sin embargo, Olympe puede descansar tranquila, ya que su causa no fue olvidada, y prueba de ello es que hoy haya mujeres que, gracias a ella, puedan escribir sobre su nombre.














