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jueves, 30 abril, 2026
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¿Quién dijo que aprender historia era aburrido?

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MARÍA GUERRA VALCÁRCEL  |  Fotografías: María Guerra

“Mamá, no quiero estudiar historia. Estoy jugando con la consola”. Muchos niños recurren a estas palabras para evitar el trabajo de aprender hitos como la revolución americana, el imperio persa o la I Guerra Mundial. La exposición de los videojuegos medievales de la 3ª planta de la Facultad de Filosofía y Letras presente toda esta semana enseña estos valores de aprender divirtiéndose. Gracias al avance de las tecnologías, ahora los niños, y los no tan niños, asimilan todos estos procesos históricos de una forma divertida. Ser Ezio en el Assassins Creed o Grecia en el Age of Empires enseña cómo se vivía en la sociedad de cada momento. El videojuego se convierte en un elemento más de ocio donde el aprendizaje es algo implícito.

Un buen juego basado en algún aspecto de la historia se basa en la veracidad, la verosimilitud, la información y la libertad para jugarlo. Aunque las misiones que debe realizar el jugador normalmente son inventadas, se crean en un contexto verídico que se preocupa de retratar con rigurosidad a todos los estamentos de la sociedad: burgueses, campesinos, cautivos y nobleza. Además la iglesia juega un papel muy importante porque la religión es fundamental para entender qué es lo que pasa en el juego, ya sean cristianos, musulmanes, herejes, paganos…

Mando xbox
Fotografía: Pixabay

La experiencia de juego del usuario se convierte en una percepción de épocas históricas en primera persona.  Se puede simular una civilización y recrear hasta los más mínimos detalles. Y así se consiguen hacer juegos didácticos especializados en la arquitectura y el arte, la literatura o sus ciudades y su urbanismo. Pocos medios son tan versátiles para comprender el paso del tiempo de una manera compleja y global. El jugador aprende las costumbres, cómo era la sociedad, los procesos históricos como las batallas, pero también conocen de esta manera la moneda y los precios de los productos, los puertos y las lonjas y la corporación artesanal.

Si bien es cierto que los juegos solo se basan en un pequeño detalle de la historia y de él desarrollan su campaña o misión, ayudan a entender cómo vivía la sociedad del momento, si se dedicaban más a batallar o a asediar o quiénes eran los reyes y los Papas. Quizás no enseñen todo lo que un niño debe saber de historia, pero sí es una buena manera para que se interese por ella.

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