DANIEL MON ROMERO |  Fotografías: Diario Mundo Obrero, Montepío de la Minería Asturiana

El 7 de abril de 1962, varios trabajadores de la Cuenca Minera asturiana llamaron a la abstención laboral debido a varios despidos en el pozo Nicolasa. Estas movilizaciones sirvieron como muestra de solidaridad para pedir mejoras en las condiciones laborales del sector del carbón.

Antecedentes

La Revolución de Asturias en 1934

También llamada ‘Revuelta de Ochobre’, se convirtió en la antesala de la futura Guerra Civil. Brigadas mineras relacionadas con el PCE, el ala radical del PSOE y el POUM (Partido Obrero Unificado Marxista) comenzaron una marcha desde las Cuencas hacia Oviedo con piquetes, ataques a edificios públicos y la voladura de la Cámara Santa de la Catedral. La magnitud de los hechos llevó al estado de sitio y a la intervención militar del entonces comandante Francisco Franco con éxito.

Protestas en La Camocha

En primavera de 1957, 4 mineros fallecieron en el Pozo María Luisa, un suceso que desencadenó protestas en las minas asturianas. El foco de las protestas era la mina ‘La Camocha’, en Gijón, donde la leyenda dice que se crearon las comisiones de obreros, la futura CC.OO, con Marcelino Camacho presente.

Desarrollo de las protestas

El Plan de Estabilización de 1959 liberalizó la economía, pero el sector minero no había progresado llegada la década de los 60. Los sueldos eran bajos, los accidentes eran comunes y la silicosis, la ‘enfermedad de los mineros’, seguía cobrándose vidas. Los recién nacidos movimientos obreros clandestinos, ‘escondidos’ en el Sindicato Vertical pedían ir a la huelga.

A diferencia de los acontecimientos de 1934. los mineros asturianos realizaron movilizaciones pacifistas, manifestaciones y sentadas a la entrada de las minas coordinadas por las comisiones. Las detenciones fueron regulares y los más rebeldes fueron despedidos o detenidos debido a acciones como cortes de carretera y ‘discusiones’ con la policía. Como solución preventiva, las empresas hulleras fomentaron la emigración de jóvenes del campo, sin criterio político para mantener la capacidad de producción.

Mineros asturianos detenidos. Fuente: Archivo fotográfico del Montepío y Mutualidad de la Minería Asturiana

Las movilizaciones se extendieron por todas las minas del norte, como las del Bierzo y Palencia, así como en ciudades industriales, como Ferrol y Bilbao. Posteriormente por Madrid y Barcelona hasta llegar a Bruselas, el corazón de las instituciones europeas. Se estima que se unieron 300.000 trabajadores, 50.000 provenientes de la mina. Cuando las imágenes de la represión policial llegaron a la prensa europea, se convocaron movilizaciones por todo el mundo a favor de los mineros asturianos.

 

Protestas en Bruselas en apoyo a las huelgas. Fuente: Montepío de la Minería

La solución era la represión, pero el delegado del Sindicato Vertical José Solís se reuniría con los mineros asturianos para llegar a un acuerdo mutuo el 7 de junio que pactaba el aumento del precio del carbón con el consecuente aumento de salarios y la reducción de la jornada laboral. Los trabajadores retornaron a sus puestos, pero el régimen sentía que había perdido el apoyo de la clase obrera.

Consecuencias

La Comunidad Económica Europea (CEE) dice ‘NO’

La solicitud formal formal de acceso del gobierno en 1962 quedó suspendida por decisión de las potencias europeas tras los acontecimientos sociales recientes. Si España quería entrar en las instituciones europeas, debía de abandonar el sistema autoritario y otorgar derechos como la libre prensa y la libertad sindical, con la legalización del derecho a huelga y a la libre reunión.

El ‘Contubernio de Múnich’

En junio de 1962 se celebra el IV Congreso del Movimiento Europeo en Alemania, al que fueron convocados liberales, democristianos y socialdemócratas para debatir las políticas del Mercado Común. Varios políticos españoles fueron invitados a participar, como José María Gil-Robles, antiguo exiliado de la derecha republicana, en función de presidente de la Asociación Española para integrar a España en las Comunidades Europeas. Participaron más grupos exiliados salvo el PCE, oficialmente vetando pero en contacto con la izquierda europea.

Portada del diario Mundo Obrero del 1º de septiembre de 1962 Fuente: Diario Mundo Obrero

La respuesta del régimen fue concisa: los políticos exiliados presentes no representaban al pueblo español y Europa se estaba equivocando. El diario falangista Arriba acuñó una expresión para la reunión: ‘El Contubernio de Múnich’. Posteriormente se convocaron manifestaciones de apoyo a Franco para denunciar ‘una conspiración en contubernio’. Incluso se llegó a escuchar en el documental de NO-DO a un caballero gritando: ‘los de Múnich, ¡a la horca!’ mientras el general sonreía.

Por contraparte, los intelectuales exiliados mostraron su apoyo a los huelguistas vía manifiesto.

Creación del TOP

Tras las huelgas de 1962 y el creciente sindicalismo, el régimen crea en 1963 el Tribunal de Orden Público. Considerado un órgano de control tanto en España como en la comunidad internacional, el TOP se dedicaba en exclusiva a investigar los ‘delitos políticos’, las protestas y las huelgas.

Su labor no se hizo notar hasta que en 1972, diez integrantes del sindicato clandestino CC.OO fueron encarcelados y posteriormente juzgados mediante el llamado ‘Proceso 1001’ en 1973. El secretario general, Marcelino Camacho fue condenado a 20 años de cárcel y el resto de integrantes serían también encarcelados. Finalmente, el 25 de noviembre de 1975 recibirán el indulto por parte del recién proclamado rey, Juan Carlos I.

El ‘espíritu de la Huelgona’ en la actualidad

El término no existe pero se merece una primera mención por su gran relevancia. Todo gracias a esa gran decisión tomada un 7 de abril de 1962, aquella que llamó al pacifismo y no a las armas para defender los derechos de todos los trabajadores.