AITOR ENGUITA | Fotografía: Wikicommons
El campo de la salud mental es, incluso hoy en día, un tema delicado. Si bien, la sociedad del siglo XXI ha normalizado los problemas de salud mental y la atención profesional, un sector de la población aún lo mira con cierto recelo.
Imagínense entonces, como ha sido el panorama de los cuadros clínicos a lo largo de la historia. Todo se solía clasificar bajo el prisma peyorativo de la locura y el rechazo, más aún, cuando las personas que lo sufrían eran quienes ostentaban el poder. El caso de la “locura” de los líderes, bien les valía a sus detractores para utilizar de forma política, económica, religiosa e incluso proto científica.
Es por esto que ofrecemos a los lectores una visión sobre tres “reyes locos” de diferentes épocas y enfermedades de salud mental, que podrían haber padecido y sobre todo como fueron tratados en su tiempo.
Carlos VI de Francia, el “Bienamado” o el “Loco”

Carlos VI de Francia (1368-1422), fue uno de los reyes implicados en la Guerra de los Cien Años. Reino en Francia durante 42 años, desde que era un niño de once años en 1380, hasta su muerte. En su juventud, cuando acabó su regencia tras cumplir 21 años, estableció un séquito de consejeros muy competentes que le valieron el cariño de su pueblo y el sobrenombre de Carlos el Bienamado.
No obstante, sus problemas de salud mental hicieron mella en su reinado, ocasionando su otro apodo Le Fou (el loco). El primer episodio de “locura” del rey Carlos ocurrió en el verano de 1392, cuando cruzaba el bosque de Le Mans con sus caballeros. Repentinamente, Carlos desenvainó su espada y atacó a sus propios caballeros, asesinando a varios y provocando que los sobrevivientes tuvieran que reducirlo.
Su reinado transcurrió con relativa normalidad a pesar de su enfermedad. Entre los episodios más conocidos, se destaca que el rey creía que estaba hecho de vidrio y que el mínimo contacto lo rompería. Es por esto por lo que se aisló de la sociedad y mandó reforzar su ropa con placas de metal. En otras ocasiones no reconocía ni a su esposa Isabel de Baviera ni a sus propios hijos como Luis de Guyena o el futuro Carlos VII.
Los historiadores y psiquiatras contemporáneos han querido identificar la enfermedad del rey Carlos. Entre las hipótesis más aceptadas se encuentran un cuadro agudo de esquizofrenia o la porfiria. No obstante, en su época, debido al fervor religioso se interpretó que había sido poseído por entidades demoníacas.
Jorge III del Reino Unido, “Farmer George” o “The Mad King”

Jorge III del Reino Unido (1738-1820), reinó en el Reino Unido durante casi 60 años, siendo el tercer monarca más longevo de la historia de la monarquía británica. También ostentó otros títulos como elector de Hannover o duque de Bremen. Fue el rey de Inglaterra que acabó la Guerra de los Siete años, luchó contra las Trece Colonias en la Revolución Americana y fue el rey de facto en la derrota de Napoleón en Waterloo.
El rey se había ganado el apodo de Farmer George (Jorge el granjero) debido a sus modales sencillos y vida austera, además de un interés genuino por la agricultura. Para los detractores era una forma de reírse de un monarca al que veían simplón, mientras que para el pueblo llano era un elogio de su interés contrario a la opulencia de los reyes europeos.
El primer episodio que evidencia los problemas de salud mental del monarca ocurrió durante el inicio de su reinado en 1756. El rey sufrió un cuadro de ansiedad, insomnio y tos leve al que los médicos no dieron importancia. Muchos historiadores coinciden en que este fue el primer signo de su enfermedad.
No obstante, el episodio más conocido de su “locura”, fue la crisis que tuvo entre 1788 y 1799, que ha dado pie a un sin número de representaciones en la ficción. Durante este periodo, el rey sufría de logorrea, hablaba durante horas sin parar hasta que le salía espuma por la boca. También se manifestaban episodios de violencia e incluso alucinaciones. Una de las más conocidas relata cuando trató de saludar a un árbol creyendo que era el rey de Prusia.
Los médicos de la época usaban métodos hoy en día rechazados como el uso de camisas de fuerza, baños de agua helada, lo exponían a sustancias irritantes o incluso le privaban de sus seres queridos, como su esposa, la reina Carlota. El episodio que terminó de consolidar la imagen de “The Mad King” ocurrió tras la muerte de su hija favorita, la princesa Amelia. Desde este momento, descuidó su imagen personal y hablaba con personas imaginarias.
Los expertos han teorizado que la condición del rey Jorge III podría haber sido un trastorno bipolar severo debido a crisis maníacas donde escribía cartas extensas y complejas, con vocabulario refinado y gran complejidad semántica. A pesar de la imagen tiránica que los colonos americanos quisieron proyectar, la realidad es que Jorge III fue un rey bastante parlamentario para la casa de Hannover. Tras sus recaídas, su hijo, el libertino Jorge IV, fue nombrado Príncipe Regente.
Luis II de Baviera, el “Rey Cisne”, el “Rey Loco” o el “Rey de Cuento de Hadas”

El caso de Luis II de Baviera es uno de los más controvertidos dentro de la historiografía, puesto que su locura aún se duda de que fuera real o una maniobra política. Luis II (1845-1886), ascendió al trono con solo 18 años en 1864. Su pueblo percibió el cambió como una renovación, aunque Luis II no era un rey convencional.
Luis II, a diferencia de la creencia popular, sí se ocupó en los asuntos de Estado personalmente. Si bien era un defensor de la monarquía tradicional, hizo importantes alianzas durante su reinado. Entre ellas, con Austria en la Guerra de las Siete Semanas. Posteriormente, cedió ante las políticas del general Bismarck y convirtió Baviera en uno de los reinos federales que componían el Imperio Alemán de Guillermo I.
En cuanto a su vida personal, el rey Luis era un hombre muy devoto y férreo practicante. Esto le causaba un profundo desasosiego debido a su homosexualidad reprimida. Durante su vida, su gran amiga y confidente fue su prima, Isabel “Sissi” de Baviera. También era un gran amante de la ópera, especialmente aficionado a la obra de Richard Wagner.
Desde su infancia, tuvo unos padres muy distantes que lo convirtieron en una persona solitaria. Siempre fue un aficionado de los mitos germanos clásicos y en general un monarca atrapado en el Romanticismo. Su apodo de “Rey Cisne” viene determinado por su fascinación por dicha ave, símbolo de su casa nobiliaria, la casa de Wittelsbach, relacionado además con otra ópera de Wagner.
Su “locura” viene determinada por una serie de episodios a partir de la década de 1870. En este período, el rey bávaro gastó toda su fortuna personal, erróneamente confundida con la fortuna estatal, en construir castillos, la mayoría, de inspiración romántica. El más famoso es el castillo de Neuschwanstein, reconocido internacionalmente por ser el que aparece en La bella durmiente de Disney. Esta política edilicia le valió el sobre nombre de el “Rey de Cuento de Hadas”. Su “manía” también estaba caracterizada por un aislamiento prolongado, un ciclo vital alterado (vivía de noche y dormía de día) y por actitudes disonantes con la corte bávara: se dice que cenaba con estatuas de antiguos reyes porque no le gustaba la gente o que se vestía ocasionalmente como Luis XIV, a quien admiraba.

Estas políticas no gustaban del todo a los ministros del rey, quienes querían incapacitarlo. Para ello, alegaron su estado de locura. Los psiquiatras determinaron que sufría paranoia, a pesar de que nunca examinaron personalmente al rey y se basaron únicamente en los testimonios. Luis II pasó sus últimos días bajo atención psiquiátrica. Su muerte es un hecho muy misterioso, puesto que apareció ahogado junto a su médico a los días de ser depuesto, a pesar de que el rey Luis era un gran nadador.
Su “locura” es un hecho muy debatido por la historiografía. Hay quienes defienden que todo se trató de una conspiración para alejarlo del trono debido a su carácter excéntrico. Para otros, sí pudo haber sufrido algún problema de salud mental como la depresión, su famosa melancolía, debido a que en su familia existen casos de una salud mental delicada, como su hermano Otto, quien tenía esquizofrenia. Lo irónico del caso de Luis II de Baviera es que los castillos que lo llevaron a ser descrito como el “Rey Loco”, son hoy la principal fuente de ingresos en el turismo de Baviera.
Como se puede apreciar, los problemas de salud mental siempre han existido. A pesar de que muchas veces nuestro planteamiento sea el de que son cuestiones contemporáneas, durante los siglos ha habido un sinfín de personas que las han enfrentado. En muchos, casos, siendo víctimas de estigmas y prejuicios y provocando su rechazo o la aparición de conspiraciones e intrigas políticas, como es el caso de estos “reyes locos”.










