AITOR ENGUITA COPADO | Fotografía: Wikicommons
Hace 54 años, un 16 de abril, Yasunari Kawabata se quitó la vida en su hogar en Zushi. Años antes, se había convertido en el primer autor japonés en ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, y el segundo escritor asiático en recibir dicha distinción. Su vida fue trágica en muchas ocasiones, pero supo posicionarse como uno de los autores más respetados de la posguerra y de su país natal.
Kawabata no solo fue un autor prolífico, también fue un gran defensor de la tradición estética japonesa y propuso un interesante retorno a estas formas tras la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, se consolidó como un periodista reputado en su juventud, un pensador inquieto y, sobre todo, una autoridad en el ámbito de las humanidades.
Juventud primeros años
Yasunari Kawabata nació en Osaka el 11 de junio de 1899, en el seno de una familia de clase alta vinculada a la tierra y a la tradición. No obstante, fue huérfano desde temprana edad. A los cuatro años, se trasladó a la casa de sus abuelos paternos debido a la muerte de sus padres. Tuvo que trasladarse nuevamente en 1914 a casa de los Kuroda, sus abuelos maternos, debido al fallecimiento de sus abuelos paternos. Su hermana también falleció, por lo que Kawabata comenzó a distanciarse de los demás volviéndose una persona algo solitaria.
Kawabata accedió a la Universidad Imperial de Tokio en 1920 y se graduó en 1924. En este periodo se adscribió a la Escuela de las Nuevas Sensaciones (Shinkankaku-ha), un nuevo movimiento literario, surgido tras el Gran Terremoto de Kanto de 1923, que propugnaba la ruptura del naturalismo rígido y realista y evocaba una narración donde lo central fueran las sensaciones puras y las experiencias subjetivas. Kawabata, junto con su amigo, el escritor Riichi Yokomitsu, lideró el movimiento, que además introdujo las vanguardias y el modernismo a la literatura japonesa.
Trayectoria literaria
Bajo el ala de este movimiento, Kawabata publicó sus primeras grandes obras. La primera fue La bailarina de Izu (1927), en la cual se puede apreciar su estilo lírico y sensual. La otra gran novela del periodo de pertenencia de Kawabata a la Escuela de las Nuevas sensaciones es La pandilla de Asakusa (1930), un relato de tono erótico y frenético que describe el caos del Tokio de los años 30.
En la década de 1930, destacó como periodista en el periódico Mainichi Shinbun. Uno de sus reportajes más destacados fue el que en 1938 cubrió el encuentro entre Shusai Honinbo y Kitani Minoru, en la última partida de go en la vida de Shusai.
Este hecho daría pie a la novela de la que Kawabata se sentía más orgulloso, El maestro de go (1951). Se trató de una crónica novelada donde detalla el encuentro, pero sobre todo establece una metáfora entre el paso del Japón clásico que él amaba al Japón ocupado y occidentalizado tras la Segunda Guerra Mundial.
Impacto de la II Guerra Mundial
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Kawabata se mantuvo alejado del foco público. Se mudó en diversas ocasiones, desde su casa en Ueno, Tokio, hasta otros destinos como Kamakura o Hase.
Durante este período bélico solía visitar Yuzawa, en la prefectura de Niigata, donde conoció a la geisha Matsuei, quien inspiró el personaje de Komako en la novela País de nieve (1948). Esta obra fue la principal dedicación del escritor durante la guerra. Tardó 13 años en acabarla (1935-1948). La novela propone un distanciamiento de las temáticas bélicas y propagandísticas de los años 40 para establecer una reflexión sobre la belleza y el deseo.
Tras la guerra, Yasunari Kawabata no volvió a ser el mismo. Él mismo declaró que, tras el conflicto, ya solo podía escribir elegías al Japón de posguerra. La Segunda Guerra Mundial, junto a la muerte de sus familiares, fue el acontecimiento que más marcó su vida.
Trayectoria literiaria y obras
Desde la paz que puso fin a la guerra en 1945, el estilo de Kawabata se volvió nostálgico. Abandonó el modernismo y retomó los tópicos de la estética tradicional japonesa. En esta época conoció a su discípulo y amigo Yukio Mishima. Kawabata le ayudó a publicar su obra Confesiones de una máscara (1949) e incluso fue padrino en la boda de Mishima y Yoko Sugiyama en 1958.
Sus grandes novelas llegaron en este periodo. Obras mucho más reflexivas e incluso filosóficas que las anteriores. Algunas de las meditaciones centrales en estas obras son la contraposición entre la belleza de las tradiciones y la corrupción del ser humano (Mil grullas, 1951); la soledad existencial y la cercanía con la muerte (El rumor de la montaña, 1954); la exclusión vital en la vejez y los deseos reprimidos (La casa de las bellas durmientes, 1961); la identidad, el destino y la muerte de las tradiciones (Kioto, 1962); y la unión inseparable entre la estética y lo destructivo (Lo bello y lo triste, 1965).
También escribió un gran número de relatos cortos, compendiados en la obra Historias de la palma de la mano, editada en 1972.
Evolución de estilo
En la posguerra, Kawabata se convirtió en un fuerte preservador de la tradición estética de Japón. Su estilo, aunque ya no era revolucionario ni rompedor, se hizo conocido internacionalmente por la perfección de la larga tradición literaria de su país natal. La excelencia de su narrativa reside en la sutileza con la que expresa sus ideas, y sus historias que conectan con las raíces de su país.
En su misión por preservar la cultura y extender la literatura japonesa más allá de las fronteras nacionales, presidió el PEN club de Japón durante dieciocho años. El estilo tan particular de Kawabata no solo puso a Japón el mapa global, sino que alejó su literatura del exotismo orientalizante que había predominado en occidente en los siglos XIX y XX.
Reconocimientos
Por su obra y estos méritos recibió la medalla Goethe en 1959 y el Premio Nobel de Literatura en 1968, siendo el primer autor japonés en recibirlo. En su discurso Yo, del bello Japón aludía a su propia religión, el budismo zen, la belleza del Japón clásico y el trauma de la Segunda Guerra Mundial.
Últimos años
En 1970, su discípulo y amigo Yukio Mishima, se suicidó mediante el seppuku públicamente como reivindicación de un nacionalismo radical y su desacuerdo con la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial.
Del mismo modo, Kawabata se quitó la vida el 16 de abril de 1972 en su casa de Zushi —pocos meses antes de cumplir 73 años— mediante la inhalación de gas. Muchos estudiosos coinciden en que la salud mental de Kawabata era muy delicada en sus últimos años, a lo que se sumaban una fuerte depresión, la adicción a los somníferos y la muerte de Mishima. Kawabata no dejó ninguna pista ni nota que explicara los motivos que lo llevaron a elegir ese final.
En este marco, podemos advertir que la salud mental ya era un tema preocupante en los años 70. Si bien la situación psicológica de Kawabata no fue tan crítica como la de otros de sus contemporáneos, como Osamu Dazai, podemos advertir que fue algo que lo perturbó durante años.
La vida de Yasunari Kawabata fue compleja. Prolífico pero solitario, su obra nos acerca a los occidentales a comprender la mentalidad y estética japonesa.
54 años después de su fallecimiento, las inquietudes que se dedicó a plasmar en su obra parecen más vivas que nunca. Por ello, conocer a Yasunari Kawabata no es solo conocer a uno de los clásicos, sino abrir las puertas a un mudo diferente, de tradición y estética, pero también de melancolía y nostalgia.










