IKER SANSEGUNDO HERNÁNDEZ  |  Fotografía: Wikimedia Commmons

Quedan pocos días para las elecciones del 15 de marzo y, entre los jóvenes de Valladolid, la política vuelve a colarse en conversaciones de clase, grupos de WhatsApp y charlas de bar. Algunos hablan de programas electorales, otros comentan decisiones del Gobierno o discuten sobre lo que ven en redes sociales. Pero cuando llega la pregunta clave, si van a votar o no, las respuestas son muy distintas.

Un pequeño sondeo realizado entre jóvenes de la ciudad deja una fotografía bastante clara de ese momento de dudas y posiciones encontradas. Entre quienes sí tienen decidido su voto, el Partido Popular concentra el mayor apoyo, con un 30 %. El PSOE reúne el 20 % de las preferencias, mientras que Vox alcanza el 15 %. También aparece un 15 % que afirma que votará a otras formaciones políticas. Al mismo tiempo, uno de cada cinco jóvenes consultados asegura que no irá a votar.

Los porcentajes dibujan una tendencia, pero lo interesante aparece cuando se escucha a los propios jóvenes explicar por qué han tomado esas decisiones.

Mario tiene 19 años y este será uno de los primeros procesos electorales en los que participará. Dice que irá a votar porque cree que es lo que toca hacer, pero tampoco espera demasiado de la política. Lo cuenta con naturalidad, casi como quien habla de algo que ya tiene asumido. “Voy a votar, pero al final salga quien salga no va a cambiar nada. Van a seguir haciendo lo mismo”.

La sensación de que el voto no cambia gran cosa también aparece en quienes han decidido directamente no participar. Marcos, de 25 años, explica que su decisión viene de experiencias anteriores. Recuerda haber votado en elecciones pasadas con cierta ilusión, pero con el tiempo esa sensación desapareció. “Ya voté en las primeras y me di cuenta de que no sirve para nada”, dice.

Sin embargo, no todos miran la política con ese mismo escepticismo. Para algunos jóvenes, precisamente ahora es cuando consideran más importante acudir a las urnas. Laura, de 23 años, lo tiene claro. Cree que entre parte de su generación están creciendo posiciones políticas que le preocupan y piensa que quedarse en casa no es una opción. “Voy a votar porque cada vez hay más jóvenes que votan por la extrema derecha y es un peligro”.

En otros casos, el voto no ha sido una decisión fija desde el principio. Aitana, de 22 años, reconoce que durante semanas pensó en apoyar a un partido diferente al que finalmente votará. Sin embargo, cambió de opinión después de seguir la postura que adoptó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel. Aquella decisión, explica, terminó inclinando la balanza.

Historias como estas reflejan algo que los estudios llevan tiempo señalando. La relación de los jóvenes con la política en España es cada vez más compleja. Hay interés por lo que ocurre en el país, se sigue la actualidad y se discute sobre decisiones políticas, pero al mismo tiempo crece una cierta sensación de distancia respecto a las instituciones.

Mesa con papeletas electorales preparadas en un colegio electoral / Fotografía: Wikimedia Commons

Las cifras ayudan a entenderlo mejor. Antes de muchas elecciones, alrededor de dos de cada tres jóvenes españoles aseguran que tienen intención de votar. Sin embargo, cuando llega el día de acudir a las urnas, la participación suele ser más baja que en otros grupos de edad.

En algunos comicios recientes esa diferencia ha sido especialmente visible. En las últimas elecciones europeas, por ejemplo, los menores de 24 años fueron el grupo con mayor nivel de abstención. Una parte importante decidió no participar, algo que muchos analistas relacionan con el desencanto político y con la percepción de que las decisiones importantes se toman lejos de su realidad cotidiana.

Aun así, el voto joven se ha convertido en uno de los grandes objetivos de los partidos. La vivienda, el empleo o las oportunidades laborales aparecen cada vez más en los discursos dirigidos a este sector del electorado. Los partidos saben que ahí hay un terreno clave, no solo por los votos actuales, sino por lo que puede significar de cara al futuro.

En Valladolid, al menos entre los jóvenes consultados, el panorama refleja esa misma mezcla que se repite en otros lugares. Hay quienes votarán convencidos, quienes lo harán con dudas y quienes han decidido quedarse al margen.

El 15 de marzo, cuando se abran los colegios electorales, muchos de ellos tendrán que tomar una última decisión. Algunos acudirán con la esperanza de influir en el resultado. Otros lo harán más por responsabilidad que por ilusión. Y unos cuantos, simplemente, preferirán no participar. Esa diversidad de posturas dice bastante sobre cómo vive hoy la política una parte de la juventud.