Adrián Arranz | Fotografía: Adrián Arranz
La Facultad de Filosofía y Letras acogió esta jueves una conferencia del periodista Lorenzo García-Campoy, redactor de Informativos Telecinco. García-Campoy ofreció a los estudiantes una radiografía honesta del oficio periodístico, sin solemnidad y sin falsas idealizaciones. Su intervención fue una mezcla de experiencia personal y advertencias necesarias a modo de consejos que muy pocos profesionales se atreven a verbalizar.
La charla comenzó recordando su primer día en Telecinco. Le encomendaron montar unas colas sobre un accidente aéreo y, frente al ordenador, se dio cuenta de que no sabía hacerlo. “No sabía ni editar una imagen, lo primero que hice fue culpar a la universidad”, confesó. Con los años entendió que el problema no era solo la formación. Su mensaje para quienes están a punto de empezar prácticas fue claro: llegar con actitud pasiva es un error que se paga caro. La diferencia, dijo, la marca quien “se molesta en practicar, en locutar, en editar, en tener los ojos abiertos y las orejas atentas”, aunque aún no domine la técnica.
Otro de los pilares de su charla fue la especialización. Para él, el buen periodista no es el que improvisa ante una noticia buscando en Google, sino el que sabe a quién llamar cuando hay un suceso. Dominar un sector, entender sus claves y cultivar una agenda permite aportar un valor diferencial. García-Campoy insistió en que, cuando uno conoce un tema a fondo, se convierte en una pieza esencial entre las fuentes y el medio, y en que esa conexión solo se consigue con años de curiosidad y dedicación.
Sobre el papel de la inteligencia artificial, fue contundente. Herramientas como ChatGPT pueden ayudar, pero nunca sustituirán la información que se obtiene hablando con fuentes reales. Para él, la IA no es una amenaza para quienes sepan trabajar, investigar y construir relaciones; sí puede serlo, sin embargo, para quienes pretendan hacer periodismo sin pisar la calle.
Uno de los momentos más interesantes de la conferencia llegó cuando habló de los sesgos. Recordó que muchos estudiantes sueñan con cambiar el mundo desde una neutralidad absoluta, pero advirtió que la objetividad perfecta no existe. Todos tenemos sesgos, dijo, y lo verdaderamente peligroso es no reconocerlos. Su recomendación fue asumirlos y fiscalizar aún más aquello con lo que uno simpatiza. “Hay una línea muy delgada entre el activismo y el periodismo”, señaló.
En el tramo final, García-Campoy habló de algo que pocas veces se dice en voz alta, las conexiones y el “enchufismo” del que tanto se habla en periodismo. Él mismo inició su carrera por una recomendación personal. No lo negó ni lo maquilló, pero sí aclaró que un contacto abre un puente, y que cruzarlo depende del trabajo de cada uno. La meritocracia absoluta no existe, pero la calidad profesional sí. Usando la metáfora de los puentes habló de que surgen muchos a lo largo de una carrera profesional y cada uno se encarga luego de seguir construyendo a partir de ellos.
Cerró con una serie de consejos directos: confiar en la propia voz y en la forma personal de contar las cosas; aprovechar el tiempo universitario; no subestimar ninguna asignatura y leer clásicos del periodismo como Truman Capote para volver a enamorarte de la profesión. Su insistencia en la naturalidad fue el broche final. En un mundo de contenidos globales e instantáneos, la autenticidad es un valor cada vez más escaso.
Ya en la ronda de preguntas, García-Campoy fue preguntado por su madre. La enseñanza que recuerda de ella y transmitió a los estudiantes fue “Hijo, no te dejes pisotear por nadie”. La conferencia dejó una sensación clara y es que el periodismo no es un oficio que se aprende solo en las aulas o estudiando. Se construye con actitud, curiosidad, honestidad y relaciones humanas. Escuchar a un profesional hablar sin adornos de lo que realmente importa en esta profesión es, para cualquier estudiante, una oportunidad que vale más que muchas horas de teoría.










