DANIEL ALONSO REDONDO  |  Fotografía: Instituto Cervantes  |

La obra literaria de los autores españoles siempre ha jugado un papel importante en nuestro país, ya no solo a nivel cultural sino a la hora de crear un imaginario colectivo sobre lo que nos rodea. A través de los escritos de los principales autores españoles, somos capaces de tener una visión cercana y realista de las diferentes Españas que han sucedido a lo largo de los años. Sin embargo, nuestro país tiene una cuenta pendiente con uno de esos autores que ha sido enterrado por la historia, Manuel Chaves Nogales, que destacó en su obra por adoptar una postura diferente a la esperada en el conflicto más importante de la historia moderna de nuestro país, la Guerra Civil.

Los inicios en el periodismo de Manuel Chaves Nogales

Manuel Chaves Nogales nació en 1897 en la calle Dueñas de Sevilla, la misma en la que nació el poeta Antonio Machado. En el seno de una familia culta, su padre, Manuel Chaves Rey era cronista oficial de la ciudad y periodista; su madre pianista. Ya desde pequeño acompañaba a su padre a las redacciones de los periódicos donde él trabajaba, lugar en el que aprendió a enamorarse de la profesión. Su tío, José Nogales, también era periodista y su abuelo, José Chaves Ortiz, fue pintor.

Manuel empezó a estudiar la carrera de Filosofía y Letras, que intentó compaginar con su labor como periodista en algunos periódicos como El Liberal o El Noticiero Sevillano, pero finalmente la abandonó y se decantó por la profesión periodística.

El joven periodista sevillano tardó poco en alcanzar el éxito, tal fue así que ya en 1920 viajó de Sevilla a Córdoba para hacerse cargo de La Voz, periódico de la ciudad de Córdoba en el que colaboró para su creación. En esta misma ciudad se casó con la trianera Ana Pérez, que da a luz a Pilar, su primera hija.

Manuel también viajaba frecuentemente a Madrid, lugar en el que colaboraba con El Sol y El Heraldo, llegando a ser en este último el redactor jefe en 1929, año en el que viajó a París como corresponsal del diario. En El Heraldo, su trabajo como periodista se vio marcado por la censura impuesta durante la dictadura de Primo de Rivera. También destacó por las crónicas que realizó sobre la llegada a Madrid de Ruth Elder, aviadora que atravesó el Océano Atlántico.

Para Manuel, el avión jugó un papel destacado en su carrera y se convirtió en uno de los primeros periodistas que se percató de lo importante que era estar en el lugar de la noticia en el menor tiempo posible.

Su pasión por el avión le llevó en 1928 a emprender un largo viaje a través de Europa, que reflejó en su trabajo a través de 26 crónicas tituladas La vuelta a Europa en avión. En estas crónicas se centró principalmente en la Rusia soviética, lugar al que retornaría tiempo después. También centró su mirada en la aparición de movimientos fascistas alrededor de toda Europa, describió y observó el panorama histórico y político del momento en nuestro continente.

Su asentamiento como figura periodística

En 1930, Luis Montiel, dueño de la revista Estampa en la que trabajó, le ofreció una oferta que no pudo rechazar, ser redactor jefe del Ahora. El Ahora era un periódico de centro, sin ideología y no dependía de ningún partido político, solo de su editor. Manuel aceptó con la idea de dar altura literaria al periódico. Por ello, contó con los mejores escritores literarios del momento, como Pio Baroja, Valle-Inclán, Unamuno, Azorín entre otros.

En estos momentos, el panorama político de España se vería afectado. El 14 de abril de 1931 se proclamó en España la Segunda República. El Ahora se va a mostrar partidario al nuevo panorama político, al que considera legítimo. Desde su periódico va a entrevistar a numerosos políticos protagonistas de la república, como Manuel Azaña, con el que establecerá una estrecha relación.

Uno de los grandes momentos de su carrera llegaría dos años después, en 1933, momento en el que publicó una serie de crónicas tituladas Cómo se vive en los países de régimen fascista. Manuel recorrió Alemania e Italia, incluso entrevistó a Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler.

En 1935 Manuel alcanzó un punto de inflexión con su reportaje Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas, su obra más famosa. En forma de autobiografía en la que Manuel Chaves desaparece del relato, el torero cuenta su vida desde una posición personal y sentimental. Sin embargo, la publicación del reportaje se vio acompañada de los momentos más difíciles de la Segunda República.

En 1936, durante la fiesta de fin de curso de su hija Pili en Inglaterra, Manuel Chaves recibió la noticia de que algo estaba pasando en España. Él y su familia se dirigieron rápidamente a París para obtener información y una vez que la consiguieron, viajaron a Barcelona y después a Madrid.

En Madrid, el Ahora es incautado por un consejo obrero, en el que los trabajadores eligieron como director a Manuel Chaves. Sin embargo, debido a la situación que se vivía en España, Manuel parte al exilio, primero en Barcelona y luego en París.

En la ciudad francesa escribió A Sangre y Fuego. Héroes, bestias y mártires de España, basado en su experiencia durante la guerra civil de nuestro país. En el libro Manuel adoptó una postura equidistante con respecto a los dos bandos del conflicto, quiso apartarse de la guerra y ofrecer una visión objetiva y lejana a cualquier ideología en conflicto.

Los últimos momentos

La estancia en París se vio interrumpida por la llegada de los alemanes a la capital. Gracias a sus contactos huyó de Francia y quemó todos sus papeles, bajo la sospecha de que la GESTAPO fuese a por él. Chaves en este momento se despide de su familia, que será la última imagen que tendrán del periodista. Chaves llega a Inglaterra y el resto de su familia a un pueblo de Sevilla, el Ronquillo.

En Londres crea su propia agencia de prensa, Atlantic Pacific Press, que después adoptará el nombre del periodista.

A partir de 1943, su situación empeoró debido a problemas de estómago, estrés, el tabaco y su pérdida de peso. Incluso llego a ser atropellado y a estar en silla de ruedas. Su mala condición culminó con un cáncer de estómago, que acabó con su vida el 8 de mayo de 1944, un mes antes del Desembarco de Normandía. Él, que había esperado toda su vida la caída del fascismo, no pudo observarla con sus propios ojos.

Enterrado en Londres, no tiene lápida ni cruz. Su única lápida son sus historias, su trabajo en el mundo del periodismo.

La obra de Manuel Chaves Nogales