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viernes, 01 mayo, 2026
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Opinión | Nos toca a todas

La violencia de género es algo aislado hasta que tenemos que mirarle a los ojos y, entonces, descubrimos que estamos rodeadas

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Imagen de la marcha del 8M de Valladolid en 2025. Foto de Lorena Arias
Imagen de la marcha del 8M de Valladolid en 2025. Foto de Lorena Arias
Texto y fotografías de Lorena Arias Duque

Me tocó un día frenar las prisas al reloj, camino de una clase que no recuerdo, detenerme en el vestíbulo de la facultad y, después de todo, llegar tarde fue llegar a tiempo. Porque, por fortuna, me tocó aprender que, con la urgencia de vivir, nos pasamos la vida como un carrusel de anuncios que vamos saltando, hasta que, un día, nos toca darnos cuenta. Me tocó el corazón una historia de una vida y su final, que leí entre las fotografías de una niña, una joven, una mujer. Al cabo de unos meses, mi memoria las desterró al rincón de «no le des más vueltas» y, quién me diría a mí que un día, en la redacción, me tocaría desempolvarlas.

Me tocó viajar a Bruselas y, allí, por primera vez, me tocó de cerca. Me tocó un asiento en el banquillo de la prensa, frente al rostro de la madre − desencajado − y, a escasos metros, el del verdugo. Me tocó, en medio de un examen de español y francés jurídico, hacer de tripas corazón para anotar hasta la última puñalada que confesó haber asestado a su víctima. Me tocó entender que aquello nunca podría entenderlo, porque para crímenes como estos nunca habrá justicia suficiente. Pálida en el tren, volví a darle mil vueltas. Sentí terror, sentí angustia por mi propia condición. Y, finalmente, me tocó contarlo.

Tres palabras que, a veces, rebotan en paredes sordas. La violencia de género es tan solo un murmullo lejano de los medios, de un colectivo de resentidas que quieren radicalizarlo todo, es política, es una mentira… Hasta que te toca. Nos hemos visto todas envueltas en una situación, señaladas por un comentario o por una mirada que estaba fuera de lugar. A todas, incluso sin ser conscientes, nos ha tocado. Pero nos figuramos la violencia como algo tan explícito, que necesitamos la prueba de sangre para identificarla.

A Teresa le tocó. La vieron crecer, durante sus años de carrera, los pasillos de esta universidad. En este tiempo, le tocó el momento y el lugar exactos, el cruce desafortunado de caminos, la persona equivocada. Le tocó una suerte peor que a muchas de nosotras, porque así es la vida. Pero su futuro se veía radiante. Le tocó viajar, ver el mundo y empezar una nueva etapa. Cuando le tocó decidir, se puso a sí misma por delante. Pero no fue suficiente. Ni su determinación, ni todos sus logros, ni la autonomía de una mujer adulta. No bastó un «no» para un amante frustrado consigo mismo, que se sintió con el derecho de arrebatarle la vida con 153 puñaladas de puro odio.

No, la violencia de género no es algo aislado. Es el asesinato de una compañera de clase. Es el maltrato físico que soporta una amiga. Es la pareja tóxica que juega con la mente de quien está dispuesta a entregarle su vida. Es el desplante de un jefe a una empleada. Es una propuesta asquerosa de un hombre a una niña. Y alguna de esas nos toca. Yo sé de un caso por cada ejemplo, y seguro que tú, que lees este artículo, también. La violencia de género no es algo que «puede tocarte», es algo que, con certeza, nos toca a todas − si no como individuas, sí como grupo. Nos toca a todas, entonces, plantarle cara.

Imagen de la marcha del 8M de Valladolid en 2025. Foto de Lorena Arias
Imagen de la marcha del 8M de Valladolid en 2025. Lorena Arias
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