ALBA HERNÁNDEZ FUENTES | Fotografía: Pixabay
Hace unas semanas, Pedro Sánchez anunció que el Gobierno de España iba a prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Esta medida ha causado múltiples reacciones, como las de «que lo llamen dictadura», «dónde queda la libertad» o «lo hacen para controlar a quién votan» (spoiler: los menores no votan).

Nuestro país no es el único que ha pensado que los que podríamos considerar todavía como niños no deberían acceder a plataformas como TikTok, Instagram, YouTube o Facebook. Australia o Francia ya han considerado que estos espacios digitales fomentan el ciberbullying, los contenidos inapropiados o los algoritmos adictivos.
¿Por qué algunos sectores se empeñan en defender que el término «prohibición» es sinónimo de «país en dictadura», y que la «libertad» no va de la mano con imponer ciertas normas? Los menores de edad en España tampoco pueden entrar a las casas de apuestas, ni en discotecas, ni comprar alcohol o tabaco, ni conducir, etc.
Aún recuerdo cuando yo era preadolescente: nos pasábamos los veranos en la calle, rogando por quedarnos más allá de las 00:00 horas jugando al escondite, al fútbol o preparando coreografías para enseñárselas a los mayores. ¿Sabes cómo son los veranos de los chavales de ahora? Hacen tiktoks, se preocupan por ligar con el/la chic@ que les gusta, se comportan como si tuvieran 20 años. Disfrutar de la infancia/adolescencia no debería ser estar metidos en Instagram comprobando si el vecino de enfrente va a la playa o a la piscina, o pendientes de que tu crush te dé like a la historia en bikini, con 12 años.

Esta nueva ley está pensada para proteger a los más jóvenes, para enseñarles que en cada etapa de su vida deberían hacer unas cosas u otras. Que no tengan prisa por crecer o parecerse a los mayores. Porque esas edades son de las más bonitas, cuando uno de verdad debe disfrutar, no abducido por una pantalla.
Si eres menor de 16 años y estás enfadado por lo que Sánchez propone, créeme que cuando tengas 20 mirarás atrás y habrás agradecido el poder disfrutar lejos de las pantallas. Porque esa era la buena vida antes del boom de las redes sociales.










