ESTÍBALIZ DOMOSTEGUI RUIZ | Fotografía: Pixabay
Hablar de salud mental ya no es un tabú como lo era hace unos años. Cada vez más personas comparten sus experiencias en terapia y defienden la importancia de pedir ayuda profesional. Sin embargo, hay una realidad que sigue preocupando y es que los hombres acuden mucho menos al psicólogo que las mujeres.
¿Por qué ocurre esto? La respuesta no es sencilla, pero tiene una raíz cultural muy profunda. Desde la infancia, a muchos hombres se les educa bajo las normas tradicionales de masculinidad, asociando la fortaleza con la autosuficiencia y el control emocional. Frases como “los chicos no lloran” o “sé un hombre” siguen formando parte de la sociedad y de las crianzas. Bajo esa idea, buscar ayuda psicológica puede percibirse como un signo de debilidad o vulnerabilidad.
Esta socialización influye directamente en la manera en la que los hombres gestionan su malestar. A menudo les cuesta más reconocer que necesitan ayuda y hablar abiertamente de sus emociones. Existe miedo a la culpa o a la vergüenza al mostrarse vulnerables. Además, muchos buscan soluciones prácticas e inmediatas, y pueden percibir la terapia como un proceso largo basado únicamente en la conversación, en lugar de una herramienta activa para mejorar su bienestar.
Otro factor importante es el peso del rol de “proveedor”. La presión por ser el sustento económico y no detenerse ante los problemas personales lleva a muchos hombres a ignorar heridas emocionales. En lugar de expresar tristeza o ansiedad, algunos hombres manifiestan su sufrimiento a través de la irritabilidad, la ira, el abuso de sustancias o el exceso de trabajo.
Las consecuencias de esta falta de atención son graves. Diversos estudios indican que los hombres se suicidan tres o cuatro veces más que las mujeres. Además, según datos recogidos por la Universidad de Guadalajara, los varones adultos son la población que menos solicita ayuda psicológica debido a los estigmas sociales que todavía persisten.
Mientras tanto, las mujeres han normalizado en mayor medida la búsqueda de apoyo profesional. Existen datos que sitúan la demanda de ayuda psicológica en torno a un 70% en mujeres, frente a un 30% en hombres. Según diversos psicólogos, todo esto se debe en parte a que las normas de género femeninas favorecen la expresión emocional y el cuidado del bienestar, tanto el propio como el de quienes las rodean.
La investigación también demuestra que los hombres que defienden con mayor rigidez estas normas tradicionales de masculinidad, son más propensos a experimentar angustia y menos a buscar ayuda. Reprimir emociones no las elimina, sino que puede derivar en adicciones, violencia o problemas de salud mental más graves.
Esta realidad preocupa, ya que la idea de que acudir al psicólogo es incompatible con ser fuerte es alarmante. En realidad, reconocer que algo no va bien y pedir ayuda requiere valentía. La salud mental no entiende de género. Romper con estos estigmas no solo es una cuestión individual, sino también social, colectiva. Porque cuidar la mente también es una forma de responsabilidad, y ningún hombre debería sentirse menos por hacerlo.










