JUAN FERRERUELA GARCÍA | Fotografia: Pixabay

Cada 14 de febrero se conmemora el día de San Valentín, esa festividad en la que se elogia a la persona que amamos. Ello tiene su origen en la antigua Roma durante el siglo III, tras la ejecución de un sacerdote llamado Valentín. Este mártir fue condenado por defender su fe y, según la leyenda, casar en secreto a parejas aún durante su prohibición. Con el tiempo pasó de ser una conmemoración religiosa a la celebración del amor romántico a partir de la Edad Media.

Hoy en día, San Valentín todavía es motivo de celebración para demostrar nuestro amor. El enfoque, sin embargo, ha cambiado radicalmente en los últimos años. Ahora no basta con decir a la persona «te quiero» o «te amo», sino que hay que obsequiarle con regalos, y no cualquier regalo. El amor se ha convertido en una mercancía de la que las industrias (joyerías, floristerías, restaurantes) obtienen grandes beneficios, ya que, mediante la publicidad, se ha transmitido la idea de que el amor se tiene que demostrar comprando productos de alta gama y de lujo.

A ello hay que agregarle la presión que se da en las redes sociales. Todas ellas proyectan la imagen de parejas perfectas, lo que hace que los demás caigan en la comparación constante entre una pareja y otra y en la competencia de realizar el mejor regalo.

Con la celebración e idealización del amor romántico en el día de San Valentín, lo único que se hace es excluir a las personas que no tienen pareja, algo totalmente injusto si tenemos en cuenta que hoy en día hay más formas de amar.

Entiendo que se tenga que celebrar el romanticismo, pero también se debería celebrar con más constancia otros, como la amistad.

La amistad también es una forma de amar a alguien y, por esa razón, tendríamos que agradecer a nuestros amigos la compañía y la confianza que depositamos en ellos, ya que el amor puede no ser eterno. En muchas ocasiones, una amistad se rompe por las presiones una pareja y, cuando esa pareja se rompe, la persona pueda darse cuenta del error que cometió al romper esa amistad.

El valorar una amistad no tiene por qué ser a través de regalos excesivamente caros. Con una simple actividad o conversación puede ser más que suficiente.

También conviene destacar que en San Valentín, además del amor y de la amistad, también puede celebrarse el amor a uno mismo, el cuidarse a uno mismo y al darse espacio para la paz interior.