LUIS ALONSO HERRERA  |  Fotografía: FNIP  |

En el mundo en el que vivimos, los secuestros han sido y siguen siendo un gran problema. Cuando una persona es secuestrada no sabe el por qué, ni para qué lo ha sido, y tampoco sabe su cuál será el desenlace de tan terrible situación. Por no hablar de los familiares de las personas secuestradas, quienes viven una terrible situación de angustia, desesperación y miedo al no saber donde se encuentra su familiar secuestrado, y en qué condiciones puede estar. Habitualmente, lo que el secuestrador busca es que se le pague un rescate por la víctima del secuestro, o simplemente puede tratarse de algún tipo de venganza contra alguien. Estos casos siempre trascienden a través de los medios de comunicación, pero, ¿hacemos bien a la hora de informar sobre los secuestros?

Generalmente, cuando un medio recibe la información sobre un secuestro ya se ha comenzado la investigación sobre éste. Los medios suelen dar mucha cobertura a estos casos, la sociedad se moviliza para ayudar en las búsquedas y muestran mucho apoyo a las familias, pero puede que esta no sea una decisión acertada. Cuando los medios informan de estos casos, suelen entrevistar a la policía, quienes dan información del curso de la investigación y de las pruebas, pistas o indicios que pueden tener y que les llevan estar más cerca de resolver el caso. Pero, ¿qué busca el medio realmente? Puede que exista un límite a la hora de tener que informar sobre estos hechos, ¿qué se busca más, la primicia sin abordar el hecho de una manera correctamente ética, u ofrecer una información de calidad al lector y que a lo mejor consiga ayudar a resolver el caso? Es una pregunta de muy difícil respuesta.

En un artículo publicado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNIP) se recoge la opinión de distintos periodistas sobre la cuestión de si se debe dar información de casos de secuestro mientras son investigados. Alex Grijelmo opina que «el derecho a la vida de la persona secuestrada está por encima del derecho a la información», por lo que «ninguna noticia puede poner en riesgo al rehén». Gumersindo Lafuente sostiene que en los casos de secuestro los periodistas «tenemos la obligación de extremar nuestra responsabilidad», y que la seguridad del secuestrado «debe estar por encima de la obtención de una ventaja periodística sobre la competencia».

Se puede apreciar que las opiniones de estos dos periodistas son bastante parecidas. Entonces a la pregunta de si se debe informar sobre secuestros mientras se investigan, podríamos responder que si, pero añadiendo unos matices. El caso debe ser tratado siempre de una manera éticamente correcta, dar solo la información que sea estrictamente necesaria, y sin provocar el pánico ni representar un obstáculo para los procedimientos legales y de rescate de la víctima.