ALBA CALLE PÉREZ | Fotografía: Pixabay
La noche de la Super Bowl 2026 se sintió menos como un partido y más como un momento cultural compartido a escala global. Mientras en el campo los Kansas City Chiefs y los San Francisco 49ers libraban un duelo tenso y estratégico, la verdadera expectativa se concentraba en lo que ocurriría cuando se apagaran las luces para el espectáculo de medio tiempo.
Y no decepcionó: la actuación de Bad Bunny transformó el estadio en un escenario vibrante. Mezcló energía, identidad latina y un despliegue visual que rápidamente eclipsó cualquier conversación sobre el marcador. Fue una de esas raras ocasiones en que el espectáculo trascendió el deporte y se convirtió en el recuerdo más comentado de la noche.
La jugada que congeló el tiempo
El momento más icónico en lo deportivo llegó en el tercer cuarto: un regreso de patada que cambió por completo el ritmo del partido. Fue velocidad, lectura y sangre fría en segundos. Las redes sociales estallaron; el clip se replicó en todas partes casi al instante. Ese tipo de jugadas que definen campeonatos y que, años después, aún aparecen en recopilaciones de “los mejores momentos de la Super Bowl”.

Los últimos minutos fueron pura adrenalina. Con el marcador empatado y el reloj como enemigo, Kansas City ejecutó una serie ofensiva precisa que culminó en un gol de campo en el último suspiro. Silencio absoluto antes del intento. Explosión total después. Un cierre de película que dejó claro por qué este evento es, sin duda, el espectáculo deportivo más influyente del planeta.
Bad Bunny y el show que dividió opiniones
Sin embargo, lo que convirtió esta edición en un fenómeno cultural fue el medio tiempo. La presentación de Bad Bunny fue visualmente impactante, con una producción futurista, coreografías masivas y un repertorio que mezcló éxitos globales con un mensaje de identidad latina. Fue un espectáculo mayoritariamente en español en el escenario más visto del mundo, algo que muchos jóvenes celebraron como un hito generacional.

El mensaje final proyectado en pantallas gigantes reivindicaba una apuesta por la unidad, y la diversidad cultural reforzó la idea de que la Super Bowl ya no es solo deporte, sino un reflejo de debates sociales actuales.
Trump, política y cultura pop
La reacción no tardó en llegar. El presidente Donald Trump criticó públicamente la actuación, calificándola de inapropiada, para lo que, según él, debería representar el evento. Sus declaraciones encendieron una discusión que trascendió el espectáculo: ¿qué significa hoy “representar a Estados Unidos” en un evento global? ¿Es la cultura latina parte central de esa identidad o sigue siendo vista como algo externo?

Las redes sociales se polarizaron. Para algunos, el show fue un triunfo de representación cultural. Para otros, una ruptura con la tradición. Lo cierto es que pocas veces un medio tiempo había generado un debate tan amplio y apasionado.
La Super Bowl 2026 dejó jugadas memorables y un campeón indiscutible. Pero, sobre todo, confirmó que hay algo que nuestra generación entiende bien: el deporte y la cultura pop están profundamente conectados. Y cuando ambos chocan en un escenario global, el resultado no es solo entretenimiento, sino historia viva.










