DANIEL MON ROMERO | Fotografías: Daniel Mon Romero
La ciudad castellana acoge aproximadamente 5.000 estudiantes que deben desplazarse de sus hogares para realizar sus estudios universitarios
El corazón de Castilla y León
Valladolid se sitúa en el centro de la meseta norte, a medio camino entre Asturias y Madrid. Esto supone una migración permanente, con vallisoletanos en la capital de España y asturianos en Castilla por trabajo o por estudios. Parte de este reportaje incluirá frases del escritor.
El concepto primitivo de la ciudad castellana es el de páramo habitado, para muchos culpa de lo que plasmó Machado en Campos de Castilla. A ojos de un norteño, Valladolid era una ciudad con mezclas de León y Madrid en medio de la nada.
“cuando llegué a Valladolid me sentía perdido. recuerdo que hacia un calor infernal y no sabía donde tenía que ir”
Lejos de las apariencias, Valladolid es un entorno urbano como cualquier capital de provincia. La ciudad sufre olas de calor, tormentas e incluso puede recibir nieve, como ocurrió en 2023.
El pucelano, castellano y campechano

La gente de Valladolid es, a ojos de un asturiano, el concepto de castellano de personalidad recta y amable, pero también seca. La cuestión es que esa “sequedad” no conlleva ser antisocial, sino todo lo contrario. Supone ser una persona correcta, es decir, gentil.
Desde el primer minuto, el extranjero – permítanme usar la expresión aunque sea español- se siente totalmente acogido en Valladolid, sobre todo los asturianos. Una vez asentado en la ciudad se entiende el porqué: varios millares de paisanos en la ciudad por las migraciones de los años 60. Eso supone que haya un alto número de jóvenes con Asturias en vena entre los 300.000 habitantes de la ciudad.
Cuando te preguntan sobre la opinión de Valladolid, la respuesta es la sorpresa, que supera toda expectativa previa. También ocurre que los nativos saben lo que piensan los colonos asturianos: “Hace mucho calor y no hay ni montaña ni lluvia ni mar”
El paisaje urbanístico de Valladolid
Visitantes y colonos reconocen que es muy diverso, a pesar de que se echen en falta las montañas del norte. Si hay que reconocer, para suerte de los vallisoletanos, que el concepto de ciudad castellana en un páramo se disuelve a pocos metros de la estación de tren. Esto ocurre cuando se pisa por primera vez el parque del Campo Grande.

No es el Retiro de Madrid ni el parque San Francisco de Oviedo, pero cumple como bosque urbano con árboles, pájaros, patos y fuentes.
A su vez, el Campo Grande tiene sus propios “emperadores”, los pavos reales. Al poco de empezar un paseo, no es difícil encontrarse con uno. Y después, si me permiten la expresión, nos encontramos con los primos lejanos de Tip y Top: las ardillas. Mucha gente reconoce ir al Campo Grande para conocerlas y verlas corretear por los árboles.
En cuanto la arquitectura, se respira el Siglo de Oro en Valladolid. El Palacio de Pimentel, San Pablo, la Casa de Cervantes, etc. Después uno se encuentra con la Real Academia de Caballería, la Plaza Mayor y la Universidad. La ciudad demuestra su pasado en cada calle.

La UVa, el principal nexo de la juventud
La Universidad de Valladolid, de 800 años de historia resulta muy acogedora. Se ve moderna, es complicado pensar en su antigüedad hasta ver los edificios históricos. La primera vez que un estudiante pisa Santa Cruz y la Facultad de Derecho se sorprende por la armonía con lo moderno. Además, cuando uno busca la lista de estudiantes ilustres también se sorprende.

Valladolid respira universitarios por todas partes, quizás no con la esencia de Salamanca, pero la ciudad está llena de juventud y frescura. La vida en la Universidad es muy sencilla, ser de fuera no supone ningún impedimento. Valladolid es una ciudad que cuida a los de fuera, conoce su pasado y es consciente de que la ciudad ha crecido gracias a la migración y la industria.
La comunidad universitaria es cercana, los alumnos tienen acceso a muchas actividades y los profesores se convierten en confidentes. La sensación que se lleva el estudiante extranjero es la de integración, el inicio de una nueva vida fuera de casa junto a otras 24.000 personas.
La cercanía a Madrid, la ventaja oculta
En cuanto a transporte, Valladolid resulta una ciudad muy atractiva para la gente del norte. Su distancia respecto a Madrid supone una gran ventaja. Pensar de repente que la capital de España está a solo una hora de distancia es una auténtica sorpresa. Mucho más sorprendente es vivirlo en persona la primera vez.

Valladolid está conectada con Oviedo a través de trenes que tardan 150 minutos entre ambas capitales, a unos 300 kilómetros de distancia. Mirar el mapa de España y sentir cercanía con tu ciudad, aquella donde te criaron tus padres, es un punto positivo para Valladolid.
Una reflexión final sobre la ciudad
Valladolid es una ciudad fantástica con perspectiva de futuro, incierto por naturaleza. Lo que está claro es que seguirá atrayendo a jóvenes del norte de España. Al igual que otros -como quien escribe esta pieza, muchos comenzarán allí su carrera profesional.
“No es mi ciudad ni quiero que lo sea, estoy orgulloso de mis raíces. Pero la calidez de la gente, la vida universitaria y un entorno agradable han hecho que me haya sentido en casa. Pucela merece la pena” (Daniel Mon, 2026)










