HELENA MASEDO GARZÓN  |  Fotografía: Pixabay

En nuestras continuas idas y venidas, habitualmente acompañadas por prisas y horarios adultos, es frecuente sorprendernos la mirada en el reflejo de un escaparate. El título del libro que, durante meses, has formulado podría encontrarse detrás de un cristal tintado. Tal vez lo adquieras, aun cuando su importe resulte incómodo. Tal vez te retractes semanas más tarde, habida cuenta de que su estima se medía en euros más que en contenido.

Por lo general, no nos detenemos a considerar el costo de un libro. Analizamos los rótulos y, en ocasiones, entrecerramos los ojos cuando las cifras no corresponden a nuestras estimaciones. Quizá asumamos —de forma incierta, por cierto— que la mayoría son tributos. El IVA, principalmente. La contribución asignada este mes. La imposición que toque el que viene.

Lo que sucede es que los libros no entienden de cifras, ni tampoco de ganancias. Entienden de carácter, de producción y de anhelos. Anhelos que su autor ha escrito entre sus páginas y que una editorial —con suerte— ha adquirido por dos euros. En tales circunstancias, como autor no deberías preocuparte. Si colaboras con alguna empresa en soporte papel o ebook, lo único ante lo que comienzas a rodar los ojos es el IRPF. De ese 4% de IVA te olvidas, o, al menos, en parte.

La situación cambia cuando eres el único en conocer tu mismo nombre. La autopublicación supone la principal alternativa, si bien la fama se paga y hay quien dice que no es barata. Lo que las editoriales te eximen de incumbirle a Hacienda es lo que desembolsas cuando el texto permanece entre tus manos.

Por ende, el lector debería abandonar el hábito de juzgar con la mirada un puñado de números. No le ofrece el mismo interés, sospecho, a un teléfono nuevo o a una canción de letra breve y labia excesiva. Tal vez, en vez de frecuentar la costumbre de desdeñar a primera vista, deberíamos frecuentar el hecho de portar otros zapatos.

Pregúntate, si te queda a bien, si los del autor son de tu talla. Tal vez la cifra no incomode tanto como aparentaba en sus inicios.