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miércoles, 06 mayo, 2026
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Tacones, poder y segundas oportunidades: así vuelve Miranda Priestly

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Póster extraído de accioncine.es
ALBA CALLE PÉREZ |  Fotografía: Varias fuentes

Volver a este universo era un riesgo que no todos se atreverían a asumir. El diablo se viste de Prada 2 llega con esa mezcla de nostalgia y expectativa que inevitablemente pone el listón altísimo. Como amante del periodismo, entrar otra vez en este mundo editorial se siente casi como mirar un reflejo exagerado pero reconocible  de lo que podría ser el futuro profesional. La película no pierde tiempo en situarnos de nuevo en ese entorno competitivo donde la imagen lo es todo, pero también deja claro desde el inicio que no estamos ante una simple repetición de la fórmula original.

Personajes que evolucionan (o lo intentan)

El verdadero atractivo está en ver cómo han cambiado —o no— sus protagonistas. Sin entrar en detalles, la historia juega con la evolución personal y profesional de sus personajes de forma bastante inteligente. Hay una tensión constante entre quiénes eran antes y quiénes son ahora, algo que conecta especialmente con quienes estamos en ese momento de construir identidad. La película acierta al no idealizar el éxito, y muestra que crecer también implica renunciar y cuestionarse decisiones pasadas.

Imagen de las protagonistas, extraída de La Voz de Galicia

Moda, sí, pero con discurso

La estética es impecable, pero ahora tiene más intención narrativa. Si algo se mantiene intacto es el despliegue visual: vestuario, escenarios y ritmo son todavía un espectáculo. Sin embargo, esta vez la moda no es solo decorado; se convierte en una herramienta para hablar de cambios en la industria, de nuevas generaciones y de cómo se redefine el poder en espacios tradicionalmente elitistas. Para una revista universitaria, este enfoque resulta especialmente interesante porque conecta con debates actuales sobre creatividad, sostenibilidad y autenticidad.

Ritmo ágil y tono actualizado

La película sabe que el público ha cambiado y se adapta a ello sin perder su esencia. El guion apuesta por un ritmo más dinámico y diálogos que se sienten más cercanos a la actualidad, sin caer en lo forzado. Hay momentos de humor que funcionan bien y otros más reflexivos que equilibran la narrativa. Como espectadora joven, se agradece que no subestime a su audiencia y que incorpore temas contemporáneos sin convertirlos en discurso vacío.

Cartel 2, extraído de Disney

¿Vale la pena?

No es perfecta, pero logra algo difícil: justificar su propia existencia. El diablo se viste de Prada 2 podría haberse quedado en un intento de explotar la nostalgia, pero consigue ofrecer algo más. No supera necesariamente el impacto de la primera, pero sí amplía su universo de forma coherente y entretenida. Para quienes soñamos o tememos  trabajar en medios, es una experiencia tan fascinante como incómodamente real en algunos aspectos.

En definitiva, es una secuela que no reinventa, pero sí refresca, y eso ya es decir mucho.

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