ESTÍBALIZ DOMOSTEGUI RUIZ  |  Fotografía: Estíbaliz Domostegui

La automedicación se ha convertido en una práctica cada vez más habitual en España, hasta el punto de formar parte del día a día de muchas personas. Tomar un analgésico para el dolor de cabeza, un antiinflamatorio para una molestia muscular o recurrir a antibióticos “que sobraron de otra vez” son comportamientos frecuentes que, en muchos casos, se realizan sin consultar a un profesional sanitario. Esta tendencia, lejos de disminuir, sigue creciendo en los últimos años.

Según estudios recientes, alrededor del 35% de los españoles reconoce automedicarse sin prescripción médica, una cifra que ha aumentado de forma notable respecto a años anteriores. De hecho, en 2025 el porcentaje alcanza incluso el 37% de la población, lo que confirma que se trata de un hábito muy extendido. Si se amplía la perspectiva, distintas encuestas señalan que hasta un 40% de los ciudadanos se ha automedicado alguna vez en su vida.

Uno de los aspectos más llamativos es que muchas personas consideran que esta práctica es segura. Existe una especie de “cultura popular” en torno a los medicamentos, donde se asume que ciertos fármacos son adecuados para síntomas comunes porque “siempre se han usado” o porque alguien cercano los recomienda. Este es el caso de medicamentos como ibuprofeno o paracetamol. En otros casos, se repiten tratamientos anteriores sin tener en cuenta que cada situación médica puede ser diferente.

Las razones detrás de la automedicación son diversas. Por un lado, muchas personas consideran que sus síntomas no son lo suficientemente graves como para acudir al médico. Por otro, influyen factores como la falta de tiempo, las listas de espera o la confianza en experiencias previas. Además, en los últimos años ha crecido el impacto de internet y las redes sociales, donde consejos sin base científica pueden difundirse rápidamente y generar desinformación.

Los medicamentos más utilizados sin receta suelen ser analgésicos, antiinflamatorios y productos para el resfriado. Sin embargo, también preocupa el uso inadecuado de antibióticos, ya que puede contribuir a un problema de salud pública global: la resistencia bacteriana. Y resulta que organismos oficiales como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios advierten de que el uso incorrecto de medicamentos puede tener consecuencias graves, desde efectos secundarios hasta la falta de eficacia de los tratamientos. Además, la automedicación puede ocultar enfermedades más serias. Al aliviar temporalmente los síntomas, muchas personas retrasan el diagnóstico médico, lo que puede complicar la evolución de ciertas patologías. También existe el riesgo de interacciones entre medicamentos, especialmente en personas que ya siguen otros tratamientos.

Otro fenómeno creciente es el uso de remedios naturales sin supervisión médica. Según los datos, más de un 12% de la población recurre a este tipo de soluciones. Aunque en algunos casos pueden parecer inofensivos, su uso sin control también puede generar problemas o interferir con otros tratamientos.

A pesar de todo esto, los expertos insisten en que no toda automedicación es negativa si se realiza de forma responsable. El propio sistema sanitario contempla el uso de ciertos medicamentos sin receta para dolencias leves, siempre que se sigan las indicaciones adecuadas. Sin embargo, el problema surge cuando se convierte en un hábito generalizado basado en creencias o rumores.

En este contexto, las autoridades sanitarias subrayan la importancia de mejorar la educación sanitaria de la población. Conocer cuándo es adecuado tomar un medicamento y cuándo es necesario acudir al médico resulta clave para evitar riesgos innecesarios. La automedicación, lejos de ser una solución rápida sin consecuencias, es un fenómeno complejo que refleja tanto hábitos culturales como carencias en información y prevención. España se enfrenta a un desafío creciente en salud pública. Cambiar esta cultura no es sencillo, pero pasa por fomentar el uso responsable de los medicamentos y reforzar el papel de los profesionales sanitarios como principal fuente de información fiable.