IKER SANSEGUNDO HERNÁNDEZ | Fotografía: IKER SANSEGUNDO HERNÁNDEZ
A las 17 horas del jueves, con cafés y bollos sobre la mesa, arrancó en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid uno de esos encuentros que los estudiantes de periodismo suelen recordar mucho después de graduarse. El café-mentoring organizado por Rosa Masegosa e Ismael García, ambos miembros de la Junta Directiva del Colegio Profesional de Periodistas de Castilla y León, reunió durante casi dos horas a alumnos de tercero y cuarto de carrera con cuatro exalumnos convertidos en mentores: Sara Carmona, Pedro Mansilla, Alejandro de Paz y Andrea Vaquero.
El formato, deliberadamente informal, funcionó exactamente como se proponía. Una mesa abierta donde todo el mundo podía hablar, preguntar y ser honesto. Y vaya si lo fue.
La sesión arrancó con un diagnóstico nada complaciente del mercado laboral. Ismael García presentó cifras oficiales del Ministerio que recogía la web Que-estudio sobre la situación de los egresados en Periodismo. Salarios por debajo de la media universitaria nacional, tasas de empleo cualificado bastante inferiores a otras titulaciones y una precariedad que, aunque ha mejorado en los últimos años, sigue siendo una realidad.

El objetivo no era desanimar, sino situar. «Queremos que sepáis lo que hay», resumió Ismael, antes de apuntar también los indicadores positivos como el aumento de contratos indefinidos y el creciente papel de los periodistas en departamentos de comunicación corporativa y organizacional, un nicho que, según varios estudios, absorbe ya entre el 40 y el 60 por ciento de los egresados.
Con los números sobre la mesa, los cuatro exalumnos tomaron el relevo para contar cómo habían vivido ellos ese salto al mercado laboral. El denominador común fue moverse, no esperar, y acumular experiencia desde el primer día.
Pedro Mansilla, titulado apenas unos meses antes, relató cómo invirtió dos veranos haciendo prácticas mientras aún estudiaba y cómo esa acumulación de contactos le permitió empezar a trabajar apenas seis días después de graduarse. «Nadie va a venir a buscarte. Tú no ofreces nada diferencial todavía, así que tienes que dejarte ver», afirmó.
Sara Carmona, con once años de experiencia a sus espaldas y especializada en periodismo de datos, insistió en la importancia de las metas alcanzables y de la especialización como herramienta de diferenciación. Su consejo fue concreto: antes de apuntarse a un máster, preguntarse si realmente se hace por vocación y conocimiento, o simplemente para rellenar el tiempo.
Alejandro de Paz cerró la ronda de los mentores con una reflexión que resonó entre los asistentes: «Estamos en una profesión de contactos. Nos tienen que conocer. Va mucho del boca a boca.»
El momento más vivo de la tarde llegó cuando, de forma espontánea, estudiantes y mentores confluyeron en una crítica compartida al Grado en Periodismo. Poca práctica, contenidos desactualizados y, en algunos casos, profesores que se limitan a leer diapositivas.
«Siento que la carrera no me ha enseñado absolutamente nada para dedicarme al periodismo deportivo«, dijo uno de los asistentes con una franqueza que arrancó más de un asentimiento en la sala.
Rosa Masegosa, que también ejerce como docente, escuchó, asintió en buena parte de las críticas y salió a defender la institución con matices. Reconoció que la carrera tiene margen de mejora, pero recordó que actualizar un plan de estudios es un proceso lento y complejo, y que ningún grado universitario (ni Derecho, ni Medicina) está al día de todos los cambios tecnológicos. «La universidad no es una FP. Está vinculada al mundo laboral, pero es mucho más que eso, es abrir la cabeza», subrayó.
La polémica fue enriquecedora y nadie salió de ella convencido al cien por cien, que es precisamente lo que suele ocurrir cuando un debate vale la pena.

La recta final de la sesión se convirtió en una ronda de preguntas abierta sobre los temas más prácticos y urgentes para quien está a punto de graduarse.
Sobre el máster, el consenso fue que solo tiene sentido hacerlo cuando hay una vocación clara y una especialización concreta en mente. «Si lo haces para rellenar el tiempo o para decirle algo a tus padres, estás tirando la bola», advirtió Sara, que reconoció con humor estar viviendo ese dilema en primera persona.
Salió el tema de LinkedIn y Rosa fue rotunda: “hay que tenerlo actualizado y consultarlo a diario, porque es una fuente real de ofertas y oportunidades. Mi último trabajo lo encontré por LinkedIn», confesó.
En cuanto al currículum, Alejandro de Paz añadió un consejo que nadie esperaba. Incluir aficiones, deportes practicados o habilidades aparentemente triviales como editar vídeos con CapCut puede ser el detalle que incline la balanza en un proceso de selección. Y, por favor, sin faltas de ortografía.
La tarde concluyó como tenía que concluir. Con los mentores compartiendo sus teléfonos y perfiles con los asistentes, en un intercambio que fue más allá del protocolo. La propuesta de Rosa e Ismael era que nadie se fuera sin al menos un contacto nuevo en el móvil, y así fue.
Quedó en el aire la sensación de que estos encuentros, sencillos y sin grandes pretensiones, son exactamente lo que muchos estudiantes necesitan. No promesas de éxito garantizado, sino honestidad, experiencia compartida y la certeza de que el camino existe, aunque haya que recorrerlo uno mismo.










