JAVIER PÉREZ FRAILE | Fotografía: Pixabay
Llega la época de exámenes, y con ella la sensación de un nudo en el estómago, noches cortas y pensamientos acelerados. La ansiedad durante estas semanas ya no es solo unos simples “nervios”; es una realidad que afecta a muchos estudiantes universitarios y que merece ser reconocida, comprendida y enfrentada con herramientas reales y humanas.
Un fenómeno reconocido y estudiado entre universitarios
La ansiedad ante la época de exámenes no es una experiencia aislada ni exagerada: se trata de una respuesta emocional común que muchos estudiantes sufren a lo largo de todo el mundo. Investigaciones realizadas por Sánchez Gallo, María De La Paz y Castañeiras y Claudia Elena, muestran que esta respuesta emocional de nuestro cuerpo puede afectar tanto al rendimiento académicos como al bienestar mental y físico de quienes se enfrentan a evaluaciones importantes.
Este tipo de ansiedad no solo se traduce en nerviosismo pasajero: implica una gran preocupación por el resultado, miedo a fallar o suspender e incluso síntomas físicos como taquicardia o tensión muscular. Cuando este malestar supera ciertos límites, deja de ser una sencilla reacción ante una prueba y se convierte en una carga emocional que pone en juego la salud mental del estudiante.
Uso de estrategias para regularse
Aunque los exámenes son una parte inevitable del proceso de estudio de una carrera universitaria, hay determinadas estrategias que pueden ayudar a reducir significativamente los niveles de ansiedad. Una de las claves más eficaces se encuentra en la planificación efectiva del tiempo de estudio, que consiste en dividir el temario en partes manejables y establecer un calendario realista que evite el sobreesfuerzo de última hora.
Además, mantener hábitos saludables, como dormir entre 7 y 9 horas, hidratarse regularmente y cuidar la alimentación, mejora la concentración y ayuda a estabilizar el estado emocional. Por otra parte, otra de las actividades que más ayuda a regular los niveles de ansiedad es el ejercicio físico. Simplemente caminar o estirarse un poco está demostrado como una forma natural de reducir cortisol (la hormona del estrés) y mejorar el estado de ánimo.
Asimismo, la práctica y realización de técnicas de respiración y relajación, como la respiración profunda o el mindfulness, también puede activar mecanismos internos de calma y disminuir la sensación de agobio. Y, por supuesto, tomar descansos regulares entre sesiones de estudio ayuda a que la mente no se bloquee por saturación de información.
Más allá de las técnicas: el apoyo como elemento clave
Por último, no hay que olvidar que pedir ayuda no es símbolo de debilidad, sino una estrategia muy inteligente. Compartir tus preocupaciones y problemas con amigos, compañeros o familiares puede aliviar la sensación de encontrarte solo frente a la adversidad. También existen otros recursos de apoyo, como el servicio de asesoramiento psicológico de la UVa, diseñados para acompañar al estudiante cuando la ansiedad empieza a suponer un problema grave en su vida diaria.
La ansiedad en época de exámenes es una realidad palpable que muchos estudiantes han vivido y siguen viviendo. Reconocerla, informarse y emplear estrategias prácticas y útiles para afrontarla no solo mejora el rendimiento académico, sino que también fortalece la resiliencia emocional. Los exámenes no deben definir quién eres, pero sí que pueden enseñarte a tener en cuenta la importancia de cuidarte a ti mismo.









