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Ghibli y el Princesa de Asturias: ¿por qué nos gusta tanto?

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AITOR ENGUITA | Fotografía: Wikicommons

El 6 de mayo de 2026, Studio Ghibli recibió el Premio Princesa de Asturias en Comunicación y Humanidades. Este logro posiciona al estudio como la única casa de anime en recibirlo, hecho que se repite tras ser galardonado con el Óscar en 2002 por El viaje de Chihiro y El chico y la garza en 2023.

Para muchos fans, estamos ante un hecho histórico en la animación. No obstante, ¿de donde viene Studio Ghibli? Y ¿por qué ha conseguido generar una huella tan profunda en nosotros?

Studio Ghibli nació en 1985 a manos del director Isao Takahata, el director y dibujante Hayao Miyazaki y el productor Toshio Suzuki tras el exitoso lanzamiento de la película Nausicaä del Valle del Viento (1984). El estudio surgió para que Takahata y Miyazaki pudieran crear sus propias películas libremente y bajo la financiación de Suzuki. Studio Ghibli nació como una casa de animación rompedora, en un momento donde la tendencia era crear adaptaciones de Manga y no películas independientes.

Desde ese momento, Studio Ghibli se convirtió en uno de los estudios de animación más aclamados del mundo, contando con éxitos como El viaje de Chihiro (2001), El castillo ambulante (2004) o Mi vecino Totoro (1988).

Sin embargo, ¿qué hace especial a Ghibli? ¿Por qué ha conquistado corazones a lo largo del mundo? ¿Qué valores nos trasmite?

El Pacifismo antibelicista y naturalista

El gran tópico de Ghibli es la representación del pacifismo. Sin embargo, se debe notar que no es un mensaje superficial, sino un pacifismo profundo, expresado en dos visiones: el antibelicismo y el respeto por la naturaleza.

Ambas cuestiones vienen determinadas por la infancia y vida de Miyazaki y Takahata, quienes crecieron durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945, las bombas consumieron sus ciudades natales cuando ellos tenían 4 y 9 años respectivamente. Esta experiencia fue determinante, aunque no fue la única que moldeó su estilo.

En la década de 1960, ambos, en especial Miyazaki, lucharon como activistas en favor de los derechos de los trabajadores de la industria. Era la época del milagro económico japonés, por lo que muchos espacios naturales fueron industrializados y muchos bosques, destruidos. La naturaleza y el pacifismo son inseparables de Studio Ghibli. Si visionamos películas como Porco Rosso (1992) o El viento se levanta (2014), veremos frecuentes críticas a la guerra.

En la primera, se narra una dualidad entre la fama adquirida por el servicio militar en regímenes totalitarios de un piloto de hidroavión. El protagonista, preso de una maldición que lo convierte en cerdo, prefiere ser dicho animal a colaborar con el régimen de Mussolini.

En la segunda se explora la implicación ética de crear una máquina, un avión, que puede usarse para el asesinato. La cinta está basada en la novela homónima de Tatsuo Hori y en la vida del ingeniero Jiro Horikoshi.

No obstante, el afán pacifista de Ghibli es también una intención de proteger la naturaleza, como exhiben películas como La Princesa Mononoke (1997). En ella se relata la lucha entre los espíritus guardianes del bosque y los humanos que profanan y explotan los recursos del mismo. En El viaje de Chihiro, Miyazaki también hace una crítica mordaz a la contaminación hídrica con el personaje del «Dios de Hedor». Este es en realidad un espíritu del río, ahogado por la contaminación de los humanos.

Los sentimientos humanos: más allá de algo cotidiano

Si bien las películas de Studio Ghibli se han popularizado por su poderoso mensaje pacifista, hay una idea central: la capacidad de los seres humanos para expresar sus sentimientos; un heroísmo cotidiano. Y es que lo que aporta el sello «Ghibli» a las películas del estudio son su capacidad para expresar los sentimientos inherentes al ser humano.

El más repetido es el amor, en todas sus formas. Podemos ver desde el amor de un padre hacia sus hijas en una situación vulnerable —Mi Vecino Totoro (1988)—, hasta el amor de dos jóvenes que tratan de encontrar un propósito a sus vidas —Susurros del Corazón (1995)—. No podemos dejar de lado el amor romántico convencional, que Ghibli muestra de manera sensible. Algunos ejemplos son los de Sophie y Howl en El Castillo Ambulante (2004) o el de Umi y Shun en La colina de las amapolas (2011).

En esta última película también se aprecia otro tópico bastante común en Ghibli: la búsqueda de la identidad. Esto se manifiesta tanto en espacios físicos cerrados de los clubes estudiantiles de La colina de las amapolas como en entornos psicológicos, como sucede en Susurros del Corazón.

Las historias de Ghibli nos conquistan porque son sencillas. A pesar de que Miyazaki nos transporta en ocasiones a mundos fantásticos u oníricos, la grandilocuencia está en el relato y especialmente en la forma de contarlo. Mientras que el cine de animación, tanto occidental como el anime, acostumbra a historias trepidantes, donde no dejan de suceder cosas, las historias de Ghibli se caracterizan por ser pausadas, lo que permite al espectador contemplar y sentir.

Vemos largas escenas de cocina, se permite admirar paisajes naturales o facilita una conexión con los personajes de forma profunda. A diferencia de lo que tenemos interiorizado, el cine de Ghibli no necesita sobreestimularnos ni bombardear con información para disfrutar la obra. Los paisajes, colores, personajes y música de Ghibli nos permiten sentirnos una niña que se topó con su vecino, un espíritu del bosque, el mago que tiene un castillo que deambula por los campos, la niña atrapada en un balneario o el piloto italiano convertido en cerdo.

Legado del Studio Ghibli

Podemos afirmar entonces que Ghibli es Ghibli porque su mensaje es calmado y universal, es comprensible desde todas las culturas y está cargado de valores. No obstante, no debemos elogiar solo el estilo visual de Ghibli, sino también su música. La banda sonora aparece como un recurso complementario a la acción. La animación no se siente separada de la música, puesto que ambas son, en la magia de Ghibli, una sola cosa.

Por eso, al escuchar bandas sonoras como las de El Castillo Ambulante o El viaje de Chihiro, sabemos dos cosas: a qué película pertenece y que es Ghibli.

Sin duda, el Premio Princesa de Asturias hace justicia a un estudio que lleva enseñando con sus historias valores universales y ha proporcionado grandes historias durante más de 40 años. Quienes no hayan disfrutado de alguna de las películas de Hayao Miyazaki e Isao Takahata difícilmente comprenderán qué es Ghibli o por qué su arte conquistó al mundo.

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