ESTÍBALIZ DOMOSTEGUI RUIZ | Fotografía: Estíbaliz Domostegui
El lunes 23 de febrero a las 10:00 de la mañana, la Sala de Grados de la Facultad de Educación y Trabajo Social acogió la charla “Y las villanas… ¿qué?”, una actividad incluida en el programa organizado por la Universidad de Valladolid con motivo del 8M. La sesión estuvo a cargo de Alma García Repiso, psicóloga general sanitaria, especializada en trastornos de conducta alimentaria, agente de igualdad y conocida por su trabajo en redes sociales como @psico.bar.

La propuesta tenía como línea de salida una pregunta clave, si las princesas de los cuentos y películas influyen en la construcción de la identidad de las niñas, ¿qué ocurre con las villanas? A lo largo de la charla, se abordó cómo los productos culturales, especialmente el cine de animación, participan en el proceso de socialización y en la construcción de estereotipos de género desde edades muy tempranas, tanto para las niñas como para los niños, dando por hecho cuáles son los roles que van a tener que adoptar desde ese momento.
García Repiso planteó cómo, al hablar de princesas, solemos asociarlas al amor romántico, la inocencia o la belleza, mientras que a las villanas se las vincula con el poder, la ambición o la fealdad. Esta diferenciación es intencionada al transmitir cuáles son las cualidades deseables en las mujeres y cuáles son rechazadas, siempre desde la visión del hombre. De esta forma, rasgos como la independencia o la búsqueda de poder, generalmente se representan de forma negativa cuando se trata de personajes femeninos.

Durante la sesión también se reflexionó sobre si estos estereotipos son biológicos o culturales, y cómo influyen en elecciones cotidianas desde la infancia, como los personajes favoritos, los juegos o incluso las aspiraciones personales. La ponente invitó a cuestionar por qué determinadas conductas se aplauden en los hombres, pero se critican en las mujeres, y cómo estas narrativas afectan a la percepción que niñas y niños construyen sobre sí mismos.
La charla no se limitó al análisis de la ficción, sino que trasladó a la realidad. En relación con los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), explicó que, aunque entre un 15 % y un 20 % de las personas que acuden a consulta son hombres, la cifra puede estar sesgada porque tienden a pedir menos ayuda debido a los estereotipos de género y señaló que los TCA en varones están invisibilizados, al asociar estos trastornos a las mujeres. En el caso masculino, destacó el auge de problemáticas como la vigorexia o la ortorexia, muchas veces normalizadas bajo la etiqueta de vida saludable o disciplina deportiva. Estas conductas como la obsesión por el gimnasio o las dietas extremadamente restrictivas, pueden esconder una relación conflictiva con la alimentación que pasa desapercibida socialmente.
El análisis también se extendió a los medios de comunicación y al deporte, ya que, aunque cada vez hay más mujeres en informativos y en el periodismo deportivo, la imagen sigue respondiendo a cánones estéticos muy concretos, en los que resulta poco habitual ver presentadoras que se alejen de esos estándares, lo que demuestra que, a nivel visual, los cambios no son suficientes. En el ámbito del fútbol femenino, reconoció avances importantes y una mayor visibilidad que permite a muchas niñas identificarse con referentes actuales como Alexia Putellas u Olga Carmona.
En definitiva, “Y las villanas… ¿qué?” invitó a revisar los relatos que consumimos y reproducimos, y a cuestionar los estereotipos que ya normalizados. La sesión dejó clara la idea de reflexionar sobre cómo se representa a las mujeres, ya sean princesas, villanas, periodistas o deportistas.










