AINHOA DE LA HUERGA CELESTINO | Fotografía: Pixabay |
Las discapacidades y disfunciones se definen como las deficiencias sensoriales, físicas, intelectuales o mentales a largo plazo que dificultan la vida cotidiana de quienes las padecen. En noviembre de 2017, se estimó que estas afectan al 15% de la población; lo que corresponde entre 110 y 190 millones de personas en el mundo.
Hoy en día, perdura la desigualdad hacia ellas, ya que en su mayor parte no reciben la atención médica suficiente, en especial en las zonas de pobreza y riesgo de exclusión; tienen dificultades para acceder a puestos de trabajo y el porcentaje de escolarización es menor, especialmente en el Tercer Mundo. Tampoco se tienen las adecuadas infraestructuras que se adapten a las necesidades de las personas discapacitadas, y además cuentan con poca visibilización.
Sin embargo, también existen asociaciones como la Red de Servicio de Apoyo a Personas con Discapacidad en la Universidad, que, con el desarrollo de programas como su guía de adaptaciones de referencia natural, facilitan el acceso de esta población a los estudios universitarios.

En esta guía ofrece recomendaciones para la adecuación de las clases y la evaluación, así como un breve catálogo de sugerencias de recursos tanto estructurales como técnicos y tecnológicos. Las discapacidades tratadas son: el Síndrome de Asperger, el TDAH, la dislexia y la disgrafía, la auditiva, visual o la sordoceguera; así como las de tipo físico y psíquico.
Algunas de las recomendaciones más llamativas son las referidas a los trastornos mentales, ya que en muchos de ellos la medicación empeora el rendimiento, por lo que se deben tomar medidas como eliminar estereotipos y evitar la sobreprotección y coordinarse y colaborar con las pertinentes entidades y la familia del alumno en cuestión.
Dos de las más repetidas son la flexibilidad en plazos y tiempo, así como reservar las primeras filas y los sitios cercanos a la salida o enchufes a alumnos con discapacidades como las físicas, con TDAH o disléxicos.
En todas estas disfunciones es de gran ayuda el uso de recursos como programas informáticos que trasladen el texto escrito a lo auditivo, infraestructuras que faciliten el acceso a personas con discapacidades físicas o invidentes, además del uso del braille para estos últimos. También es recomendado el uso de Intérpretes de la lengua de signos, perros guía, etc.
Estas adaptaciones requieren en especial la colaboración del profesorado, para la adecuación de las clases, el contenido y las pruebas de evaluación.
Gracias a programas como estos, se facilita la vida de aquellos que, por estos problemas, tienen dificultades para llevar una vida cotidiana sencilla. Sin embargo, aún queda un largo camino para la visibilización de la discapacidad en una sociedad gobernada por la indiferencia, pero cada vez más concienciada en estas cuestiones, así como la proliferación de entidades dedicadas a ayudar y dar voz a estos grupos de población.










