PAULA REBOLLO ANDRADE | Fotografía: Paula Rebollo |
Después de Niñato (2017), llega a la 69 SEMINCI la segunda película del cineasta Adrián Orr: A nuestros amigos. Se trata de una producción entre Portugal y España que ya entró en el mundo cinematográfico a través del festival Visions du Réel, que tiene lugar en la ciudad suiza de Nyon.
Se escucha hablar mucho sobre la “docuficción”, pero ¿realmente hemos comprendido del todo lo que significa? Para Orr, que ha trabajado mano a mano con Celso Giménez, supone tener libertad para imaginar sobre el texto escrito y crear lo que en la pantalla denominan “sueños lúcidos”. Sin embargo, no deja de ser libertad para imaginar sobre lo que es la vida de una persona. En este caso, la de la actriz Sara Toledo en el último verano previo a la universidad.
La protagonista crece en un barrio obrero de Madrid, donde reside su grupo de amigos, entre los que se encuentran Pedro o Polilla. No obstante, ellos parecen tener claro lo que quieren o, al menos, no muestran inquietud por el futuro. Sara, por el contrario, sabe que desea hacer algo, pero no halla dónde canalizar su energía. Pronto descubre el amor en un grupo teatral para jóvenes e intentará bascular entre ambos mundos sin perder lo bueno que le aporta cada uno. Esta compañía se llama “La tristura”, uno de cuyos grandes nombres es Itsaso Arana (Las chicas están bien), que crea la obra Future lovers de la que se ve algún extracto en la gran pantalla.
“Seguimos siendo clase trabajadora, aunque más ilustrada que lo que fueron mis padres o mis abuelos”, reflexionaba Adrián Orr en una entrevista para Kinótico.
El reparto, aunque desconocido para el gran público, brilla por sus interpretaciones naturales y sinceras. Tanto es así, que toda la película está teñida de un halo de autenticidad que consigue la conexión con los personajes: desde la manera de expresarse de los jóvenes a las reflexiones que comparten sobre el vértigo ante el futuro. Si bien el final derrocha cierto sentimentalismo en comparación con el resto de A nuestros amigos, se acepta por el conmovedor mensaje sobre lo mucho que nos falta sin esas amistades.










