HELENA MASEDO GARZÓN  |  Fotografía: Pixabay

Tras el apagón nacional del 22 de marzo, el segundo en menos de una semana, Cuba anuncia nuevos acercamientos a Trump a medida que la crisis social y energética se agravan. La incipiente tensión provocó un despliegue militar en la isla, de ahí que las advertencias intervencionistas del dirigente americano hayan forzado un nuevo plan de actuación en el Gobierno cubano.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, compareció públicamente el pasado 13 de marzo para informar que se habían iniciado conversaciones con Estados Unidos. Dicho acuerdo, apuntan desde La Habana, está condicionado por la crisis energética. Además, Trump amenaza con «severas consecuencias» si no se alcanza una resolución satisfactoria. En el punto de mira se encuentran también los envíos de petróleo desde Venezuela, actualmente regulados por la potencia americana, y la «vía pacífica» que reclama el propio Trump.

El nuevo posicionamiento de Díaz-Canel responde a «posibles irrupciones hostiles, aunque Cuba no se quedará de brazos cruzados». Mientras tanto, la crispación social aumenta, motivada por un estancamiento económico e irregularidades en el servicio eléctrico.

El mandatario cubano, en un intento por poner fin a las manifestaciones sociales, describió este acercamiento como un «esfuerzo cooperativo que busca soluciones a través del diálogo». Del mismo modo, enfatizó que cualquier acuerdo debía establecerse en la «igualdad y el respeto a la soberanía». No obstante, la disidencia política, si bien ilegal, cuestiona el objeto de esta nueva relación.

En una entrevista para la agencia EFE, el experto en relaciones Cuba-EE.UU. William LeoGrande señaló que es muy probable que el acuerdo alcanzado comprenda el ámbito económico, dada la crisis de la isla. Del mismo modo, diversos politólogos coinciden en que esta nueva alianza se produce tras la caída de los aliados estratégicos de Cuba: Venezuela e Irán.

Entretanto, desde Washington alegan que «será un gran honor tomar la isla». El presidente Donald Trump asegura que, finalizado el conflicto en Oriente Próximo, centrará su atención en Cuba. Una de sus principales exigencias, explica el diario New York Times, sería la sustitución inmediata del gobierno de Díaz-Canel. Todo ello, además, implicaría el derrocamiento del comunismo en el territorio después de 65 años. Medios estatales confirman la dificultad para encontrar un sucesor adecuado, pero todo apunta a que Estados Unidos se inclinará por funcionarios y auxiliares públicos.