IKER SANSEGUNDO HERNÁNDEZ  |  Fotografía: Pexels

En España, hablar de salud mental ya no es algo lejano. Está en casa, en el trabajo, en el grupo de amigos. De hecho, casi una de cada cinco personas ha necesitado ayuda profesional en el último año. No es una cifra pequeña. Es tu vecino, tu compañera de clase… o tú mismo.

Pero la realidad es que pedir ayuda no siempre es tan sencillo como debería. El sistema público arrastra falta de recursos, dificultades para acceder a consulta y listas de espera que se hacen eternas. Y cuando alguien no está bien, esperar no suele ser una opción cómoda.

En 2025, el Barómetro Sanitario del Ministerio de Sanidad y el CIS puso números a todo esto: el 20,6 % de la población española buscó atención por un problema de salud mental o malestar psicológico en los últimos doce meses. Más de la mitad, un 52 %, acudió a la sanidad pública. Otros optaron por alternativas: un 11,6 % recurrió a seguros privados y un 30,3 % pagó la consulta de su bolsillo.

Detrás de esos porcentajes hay decisiones difíciles, cuentas que cuadrar y, sobre todo, personas que solo querían encontrarse un poco mejor.

Uno de los grandes problemas aparece justo al principio del camino: la espera. Pedir ayuda y que la cita tarde meses en llegar puede ser desesperante. El propio Barómetro Sanitario lo deja claro: solo una de cada cuatro personas consigue ver a un especialista en menos de un mes. El resto espera dos, cuatro o incluso seis meses. Y cuando alguien no está bien, el tiempo juega en contra. Retrasar el tratamiento no solo alarga el malestar, también puede hacer que los síntomas empeoren.

A esto se suma otra realidad menos visible, pero muy extendida. Muchos pacientes con problemas de salud mental solo son atendidos por su médico de familia y nunca llegan a ver a un psicólogo o a un psiquiatra. Según datos oficiales recogidos el Barómetro Sanitario, esto pasa en casi el 37 % de los casos. No es una cuestión de mala praxis, sino de falta de manos: no hay suficientes profesionales especializados dentro de la sanidad pública.

Representación aimada de una consulta de psicólogo / Fotografía: Pixabay

Si se compara con otros países europeos, el panorama se entiende mejor. Informes de la Organización de Consumidores y Usuarios señalan que España tiene hasta tres veces menos psicólogos clínicos que la media de la Unión Europea y la mitad de los psiquiatras. El resultado es previsible: listas de espera que superan con facilidad los tres meses para una primera consulta en psicología clínica.

Cada vez más personas, al no encontrar soluciones dentro del sistema público, acaban recurriendo a la sanidad privada. Se ha convertido casi en una vía de escape. Según Diario Público, hasta el 86 % de las consultas de salud mental se hacen en centros de pago, y más de un tercio de los psiquiatras trabaja en el sector privado. En algunas comunidades, esa cifra supera el 45 %. En la práctica, esto quiere decir que recibir atención rápida y constante depende, en gran parte, del dinero que uno pueda permitirse.

Y esto no es solo un dato: tiene consecuencias directas sobre nuestro bienestar. Un estudio internacional citado por RTVE coloca a España entre los países con más adultos que admiten convivir con problemas de salud mental. Un 34 % reconoce sufrir ansiedad, depresión o estrés, un porcentaje que supera al de muchos países europeos.

La percepción sobre la atención pública es ambivalente. Muchas personas valoran bien el trato recibido cuando logran acceder, pero al mismo tiempo existe la sensación de que las listas de espera han empeorado y de que el acceso no es igual en todas las comunidades autónomas. El desafío actual para el sistema sanitario español es cerrar esa brecha entre necesidad y acceso efectivo.