ESTÍBALIZ DOMOSTEGUI RUIZ  |  Fotografía: Estíbaliz Domostegui

Para mí, la inteligencia artificial ha llegado al mundo del arte de una forma demasiado rápida y, sinceramente, es bastante preocupante. Es verdad; personalmente, reconozco que tiene cosas positivas. Creo que nadie puede negar que en ámbitos como el diseño digital o en carreras de bellas artes puede ser una herramienta muy útil. Yo pienso que, bien utilizada, puede servir como apoyo, como inspiración o como una forma de hacer el trabajo más rápido, pero una cosa es eso y otra muy distinta es lo que comienza a suceder ahora.

En mi opinión, se cruza una línea peligrosa. La gente ya no usa la inteligencia artificial como una ayuda, sino como un sustituto completo del proceso creativo, donde se firma con nombre y apellidos una obra en la que apenas a participado. Y eso, sinceramente, me parece un problema grande. Cada vez veo más personas que generan imágenes, textos o música desde cero con IA, sin aportar casi nada propio. Solo escriben unas palabras y listo. Para mí, eso no es crear: es dejar que la máquina haga todo el trabajo creativo, mientras que tú recibes los beneficios, en caso de que los haya.

Creo que se pierde el respeto por lo que es realmente el arte y por todos aquellos artistas anteriores y actuales que sí se esfuerzan. Para mí, el arte no es solo el resultado final, es todo lo que hay detrás: las prácticas, los errores, la frustración, el esfuerzo constante y el tiempo que has empleado en el arte, cuando podrías emplearlo en cualquier otra cosa. Es el trabajo de alguien que ha dedicado tiempo, dinero y ganas en mejorar y en encontrar su propio estilo. Y eso es algo que, en mi opinión, una inteligencia artificial nunca va a poder copiar de verdad.

También pienso que hay bastante contradicción en cómo se defiende este uso de la IA. Se habla mucho de hacer el arte más accesible, pero ¿a qué precio? Porque, desde mi punto de vista, lo que sucede es que se perjudica a los artistas de verdad; los que llevan años intentando hacerse un hueco y todos aquellos que tienen un sueño y luchan por él. Personas que ya lo tienen difícil para vivir de su trabajo, y que ahora ven cómo su esfuerzo vale menos frente a contenido hecho en segundos por máquinas.

Para mí, es especialmente injusto porque muchos de estos sistemas se han entrenado con obras de artistas reales. Es decir, usan el trabajo de otros, como «inspiración», sin permiso y sin pagarles, para luego crear imágenes que compiten con ellos. En mi opinión, eso no es nada justo, es aprovecharse del trabajo de otras personas.

Además, creo que se ha fomentado una cultura de lo rápido y lo fácil que es muy mala para el arte, siendo inmediato, cuando el arte, al menos como yo lo veo, no funciona así, sino que lo importante está en el tiempo que se dedica, en el proceso y en los errores. Si quitamos todo eso, lo que queda puede ser bonito, sí, pero para mí no tiene el mismo valor.

También creo que no toda la culpa es de la tecnología. Creo que el problema también es de las personas que la usan así, porque las herramientas están ahí, pero depende de uno decidir usarla para evitar el esfuerzo creativo en lugar de apoyarlo, y dice mucho de cómo estamos entendiendo el arte hoy en día.

Para mí, es muy importante defender a los artistas que realmente crean. A los que pasan horas de trabajo, gastan dinero en materiales, estudian y continúan aunque sea difícil. Porque ya es bastante complicado que se les reconozca y que puedan vivir de esto, como para añadir ahora una competencia en las que muchos van a salir perdiendo.

En resumen, yo creo que la inteligencia artificial puede tener su sitio en el arte, pero solo como apoyo, no como sustituto. Y, sinceramente, pienso que si no empezamos a poner límites y a valorar el trabajo humano de verdad, perderemos lo más importante del arte, que son la emoción, la intención y la parte humana que hay detrás de cada obra tal y como se hacía antes.