La disciplina reafirmó un nuevo ámbito de estudio y formalizó la primera clasificación científica de criminalidad
HELENA MASEDO GARZÓN | Fotografía: Morguefile
La perfilación criminal nació formalmente en la década de 1970, motivada por la labor práctica del FBI. Con los años, esta disciplina desarrolló una técnica de investigación propia que analiza diversos aspectos con tal de identificar patrones sociológicos, demográficos y psicológicos. En este marco, es necesario estudiar la escena del crimen y el modus operandi, pero también a la víctima, el perfil geográfico y la conducta del autor.
No obstante, la primera aparición documentada de esta ciencia se remonta a finales del siglo XIX, durante las pesquisas del caso «Los asesinatos de Whitechapel». La causa abordó el perfil y conocimientos de Jack el Destripador, y trató de aplicar la medicina y la psicología para la obtención de mejores resultados. Fue el doctor George Phillips quien diseñó el método «modelo-herida», pero el autor del primer perfil criminal resultó ser el doctor Thomas Bond.
La articulación de la Unidad de Análisis de Conducta (UAC) en 1972 normó esta práctica. Sin embargo, la revolución ocurrió en 1978. Los agentes Robert Ressler y John Douglas entrevistaron a más de 36 agresores convictos en distintas prisiones de Estados Unidos. De esta forma, se concluyó que muchos de los reclusos presentaban patrones psíquicos similares y motivaciones comunes. La publicación de Sexual Homicide: Patterns and Motives (1988) recogió el avance de la investigación y acuñó la primera clasificación científica de criminalidad.
Perfiles organizados y desorganizados
La distinción entre perfiles organizados y desorganizados radica en la planificación que presenta un crimen. En el caso de los sujetos organizados, la preparación es exhaustiva. La dinámica comprende acciones como la selección previa de víctimas y la elección del modus operandi, que suele contemplar el borrado de huellas. Diversos estudios, como las Evaluaciones de Personalidad Hogan, afirman que estos sujetos presentan rasgos metódicos y que consiguen proyectar una fachada social de aparente normalidad.
Por otro lado, los individuos con un perfil desorganizado tienden a actuar de forma impulsiva. La selección de víctimas no atiende a especificaciones concretas, el modos operandi frecuenta prácticas de extrema violencia y, generalmente, el escenario del crimen conserva evidencias. Distintos profesionales coinciden en que este tipo agresor presenta historiales de abuso previo, lo que deriva en cuadros clínicos complejos y patologías mentales crónicas.

Dimensiones de estudio y finalidad
La perfilación criminal aborda distintos campos con el fin de favorecer la resolución de los casos. Fundamentalmente, se recurre a esta práctica en aquellas circusntancias donde la investigación se ve interrumpida. De este modo, la evaluación de un determinado suceso puede extender las vías de indagación a tres dimensiones concretas: la víctima, el modus operandi del autor y el escenario.
El estudio de la víctima es primordial para comprender el proceso de selección y determinar la motivación de la elección. Durante esta fase, se frecuenta la reconstrucción del historial social, el modo de vida y el comportamiento del afectado con tal de identificar posible conexiones con el agresor. Además, resulta clave para acotar el listado de sospechosos durante la investigación.
Seguidamente, la ejecución del crimen o suceso constituye uno de los elementos clave durante la perfilación. La evaluación técnica cometida durante el delito, la presencia de evidencias, el empleo de extrema violencia o el método de aproximación a la víctima son claves para establecer patrones de conducta y realizar un perfil preliminar del autor. De este modo, también se establecerá una primera categorización del sujeto y el grado de organización que presenta.
El escenario es el elemento decisivo del estudio. Diversos profesionales como John E. Douglas, autor de Mindhunter, coinciden en que la selección del lugar físico es una representación psicológica de la mente del criminal. La elección no suele ser arbitraria, sino que constituye una parte fundamental de la escenificación de los elementos. De este modo, incluso, es posible generar un mensaje. Los perfiladores, por otro lado, clasifican el escenario en función del riesgo, las actividades que acogió y el significado emocional que evoca.

La perfilación como ciencia
Comprender el fenómeno criminal resulta impracticable sin abarcar también esta disciplina. La perfilación, más allá de identificar y clasificar patrones de conducta, facilita el proceso investigativo mediante minuciosos análisis del entorno próximo al suceso, la víctima y el agresor. De esta forma, es posible reducir el número de sospechosos activos en un caso.
Asimismo, la perfilación resulta de especial interés en aquellos delitos que presenten patrones de ejecución y/o conducta similares. Mediante el uso de técnicas que se sustentan, también, en la psicología forense, es posible atribuir diversos eventos violentos a un mismo autor. Causas como «El asesino de los niños de Atlanta» o «El Carnicero de Rostov» incluyeron la perfilación durante sus procesos, la cual determinó las autorías de ambas matanzas en favor de las similitudes entre casos.














