SOFÍA CASASOLA HERNÁNDEZ | Fotografía: Comités Umoya |
‘África en curso’, iniciativa organizada por Comités Umoya, celebró su tercera y última jornada de 5 de marzo de 2022. El curso, que alcanza ya su cuarta edición, se ha centrado este año en ‘la educación como herramienta transformadora’, lema de las jornadas. Realizado de forma presencial desde la Residencia Monferrant, ha contado con la presencia de: Pablo Arconada, Paloma Pérez, Pilar Díez, Louelia Mint El Mamy, Consuelo Cruz Arboleda, Marga Mbande, Pamela Cunningham-Chacón, Jalil Mohamed Abdelaziz y Sultana Khaya.
La tercera jornada, centrada en el conflicto del Sáhara Occidental, contó con la ponencia del periodista Jalil Mohamed Abdelaziz y la activista Sultana Khaya, que participó mediante videollamada, debido al encarcelamiento domiciliario que sufre desde hace 15 meses. La chilena, Yasna Pradena, fue la encargada del cierre de la jornada y de la edición IV África en curso, con una performance en la que participaron los asistentes al acto y que tuvo lugar en la Calle Andrés de Laorden, detrás de la facultad de Medicina.
Jalil Mohamed Abdelaziz, criado en los campamentos de refugiados de Tinduf, es periodista, presentador de informativos e hijo del que fuera presidente saharaui y líder del Frente Polisario hasta su muerte en 2016, Mohamed Abdelaziz. Su ponencia la planteo desde la relación histórica entre españoles y saharauis: ‘un sentimiento contradictorio de amor y fraternidad hacia el pueblo español, pero también de resignación hacia el poder político’.
Sobre el Conflicto del Sáhara Occidental, dice: ‘el contexto que se vive en la Europa mediterránea obliga a entender cómo se desarrollan los acontecimientos en África, sobre todo en el norte’. Parte del problema, apuntaba Abdelaziz, es el bloqueo mediático y la falta de medidas reales llevadas a cabo por los organismos internacionales y el gobierno español. Para dar prueba de ese bloqueo mediático y lagunas en el sistema educativo, mostró un fragmento del documental transmedia Provincia 53 (2019), en el que él participó. La pregunta que se planteaba era cuál es el conocimiento de las generaciones jóvenes sobre el conflicto de Sáhara Occidental.
El segundo bloque de la presentación de Abdelaziz, que daba pie a la intervención de Sultana Khaya, se centraba en la situación actual del Sáhara Occidental, el último territorio colonial en África: ‘(España) transfiere la administración, pero no la soberanía. (…) A efectos jurídicos, el Sahara Occidental sigue siendo español hasta que España no asuma su responsabilidad dentro del proceso de descolonización y que ellos mismos supervisen que la población saharaui se exprese en una serie de respuestas que puedan surgir dentro del referéndum de autodeterminación’.
Sobre la posición de Marruecos contra el pueblo saharaui, añade que, en la década de 1980, ‘construyen un muro militar (conocido como Al Yidar) que divide el territorio del Sáhara Occidental y que tiene 2.720 km. Es la segunda barrera militar más grande del mundo después de la muralla china. Un muro que atraviesa todo el Sáhara Occidental de Norte a Sur para frenar las ofensivas del ejército saharaui. Custodiada actualmente, según algunos datos, por más de 10 millones de minas antipersonas’.

Abdelaziz explicaba que la situación hasta 2020 de la lucha saharaui se encontraba ‘en stand-by desde el alto al fuego de 1991′, con un creciente ‘sentimiento anti-comunidad internacional’, pero el 13 de noviembre de 2020, el ejército marroquí interviene y ataca a la población del Guergerat, zona fronteriza entre Mauritania y el Sáhara Occidental, rompiendo el acuerdo con el Sáhara Occidental de territorio no militarizado y poniendo fin a casi 30 años de alto al fuego. Un ejemplo del aumento de ataques contra la población civil es el caso de la activista Sultana Khaya.
Desde el 19 de noviembre de 2020, Sultana Khaya se encuentra en arresto domiciliario, junto a su madre y hermana, por izar la bandera saharaui en territorio del Sáhara Occidental. La conversación con Khaya se produce a través de un móvil, que, según relata ella misma (en saharaui y traducido al español por Abdelaziz), debe esconder en otra casa, porque los cuerpos marroquíes que vigilan su casa no les permiten tener ningún contacto exterior.
Su madre, de 86 años, es la única que puede salir a por comida y víveres, pero sufre secuelas psicológicas al estar sometida a registros, vejaciones y acoso constante de las fuerzas marroquíes. Khaya, golpeada, atacada con productos tóxicos y violada en múltiples ocasiones junto a su hermana y en presencia de su madre, narra el tormento diario al que se enfrentan: ‘os hablo desde mi casa, después de 15 meses en las que estamos privadas de todo tipo de derechos e incluso de una vida normal. Nos han aislado. Estamos sin luz, sin agua, no nos dejan dormir y estamos en alerta. En cualquier momento pueden entrar miembros de la seguridad enmascarados que nos puedan agredir o lanzar productos tóxicos’.
Del trato que sufren en su propia casa Sultana Khaya, apunta: ‘para Marruecos nosotros no tenemos ningún tipo de derecho, los animales tienen más derechos que la población saharaui. Nosotros ya hemos asumido que este va a ser nuestro destino’. Concluye, a modo de promesa que: ‘a pesar de todo, seguiremos alzando nuestra bandera’.
La situación actual del Sáhara Occidental es la de una represión silenciada e invisible, que, según Jalil Mohamed Abdelaziz y citando un dicho francés: ‘hay problemas en los que la solución es la no-solución’, refiriéndose a la posición de terceros países cuyos intereses están del lado marroquí.










