La Facultad de Medicina acogió la exposición de la catedrática en materias vinculantes al funcionamiento del hígado
LAURA CUADRADO TUHRINSKA | Fotografía: Laura Cuadrado Tuhrinska
Día 20 de octubre, a las siete de la tarde, y la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid daba la bienvenida a la conferencia “Lo que comes, lo que bebes… y lo que tu hígado recuerda”. El aula se llenaba con un público silencioso, dispuesto a escuchar una lección sobre la salud de uno de nuestros órganos más importantes: el hígado.
Tras la presentación del acto, se dio paso a la protagonista de la jornada, la Doctora Rocío Aller de la Fuente, catedrática de la facultad, jefa del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Clínico de Valladolid y exsecretaria científica de la Junta Directiva de la Asociación Española para el Estudio del Hígado. Con una breve intervención, la doctora Aller dejó clara su postura desde el primer minuto: «Quiero hablar de la vida, de lo que tenemos hoy y de lo que tendremos en el futuro…».
La anatomía del hígado y sus mutaciones

El comienzo de la conferencia situó al hígado como el eje central del cuerpo humano, ya que es un órgano sólido y único debido a su capacidad de regeneración. Con más de un centenar de funciones diarias, es imprescindible para nuestro metabolismo. Sin embargo, la primera lección fue la evolución de los enemigos de este órgano.
«Los virus ya no preocupan tanto; lo que importa hoy es la grasa y el alcohol», aclaró la especialista. Entre los años setenta y noventa, la principal preocupación era la hepatitis B y C. Hoy en día, gracias a los diversos avances, la suma se ha reducido. El verdadero problema de salud global se llama ahora hígado graso, que afecta a una gran cantidad de personas, sobre todo en países como Estados Unidos.
Los mitos y las trampas de la grasa abdominal
Durante la presentación, apoyada con diapositivas explicativas e ilustradas, la doctora Aller detalló la actualización de las siglas médicas. Se abandonó el término tradicional de «hígado graso no alcohólico» para dar paso a conceptos más precisos como MASLD o MetALD, reconociendo que el metabolismo y el alcohol pueden coexistir y potenciar drásticamente el riesgo de fibrosis.
En uno de los momentos, la doctora aclaró un mito sobre la relación entre el peso y el hígado graso. A través de datos y anécdotas, explicó que no es necesario sufrir obesidad severa para desarrollar esto. «El problema real está en la obesidad visceral (la grasa acumulada en el abdomen entre las vísceras), capaz de bloquear la insulina.»
De hecho, muchos de los pacientes con obesidad mantienen un hígado sano en comparación con personas delgadas. Estas pueden padecer de este problema debido a circunstancias como la genética.

¿Cómo se puede revertir el daño?
Tras mencionar los diferentes problemas, como una dieta rica en azúcares, carbohidratos, sedentarismo y mal descanso, llegó la afirmación más esperada por los asistentes: el hígado graso es reversible. Sin embargo, no existen dietas de milagro que lo curen.
La clave está en seguir un buen estilo de vida. Entre ellas están una alimentación real (dieta mediterránea) reduciendo la carne roja y ejercicio físico combinando con fuerza. La doctora enfatizó en «el truco es hacer ejercicios de fuerza» para conservar la masa muscular. Y algo que nadie se esperaba, tomar dos a tres tazas de café o té al día aporta antioxidantes clave para frenar la progresión de la fibrosis.
La memoria del hígado y el impacto del alcohol
En el último bloque de la presentación, titulado «Mitos y realidades del alcohol», la doctora Aller desmintió acerca de la seguridad de quienes consumen bebidas alcohólicas de manera habitual. «El hígado no se acostumbra al alcohol; el hígado tiene memoria.»
La conferencia concluyó con una diapositiva que explicaba de manera resumida la conferencia, con un lema directo: «Come mejor, muévete más y bebe menos». El fuerte aplauso de los asistentes cerró la exposición, dando paso al turno de preguntas. El público pudo consultar y preguntar sobre dudas concretas. Una jornada que dejó un mensaje claro: un hígado sano es una vida sana.
















