Se cumplen 140 años de la inauguración y apertura del Pasaje Gutiérrez, concebido como una galería comercial símbolo de la modernidad y el progreso de Valladolid que hoy se mantiene como uno de los grandes íconos patrimoniales y turísticos de la ciudad.
JUDITH FERNÁNDEZ JÁÑEZ | Fotografía: FLICKR
Corría el mes de septiembre de 1886. España buscaba su equilibrio y estabilidad política tras el nacimiento del heredero de la corona y en plena regencia.
Un país que buscaba actualizarse y modernizarse como ya hacían otros estados de Europa. Un país donde las ciudades se expandían gracias al ferrocarril, el desarrollo de las industrias textil y siderúrgica, y el nacimiento de y una nueva clase social, la burguesía, que buscaba la modernidad en cada ámbito de su vida. Ello se reflejó en su interés por cómo vestir, relacionarse, formarse, dónde vivir o qué comprar.
En este momento, Valladolid es una ciudad en pleno cambio. Pasó de su identidad rural a la consolidación del modo de vida burgués, con aproximadamente 62.000 habitantes (62.012 según el censo del INE de 1887). Así, y desde la llegada del ferrocarril, la transformación de la ciudad bajo la alcaldía de Miguel Íscar en los años previos y el impulso industrial de las fábricas harineras (entre otras) buscó asemejarse a otras grandes ciudades españolas y europeas.
Es, pues, en este mes de septiembre de hace 140 años cuando Valladolid da uno de sus pasos más importantes camino a la modernidad. Y, pese a su antigüedad, aún hoy en día es símbolo de orgullo y singularidad frente a otras ciudades.
Motivación arquitectónica
La inauguración de la primera galería comercial de Valladolid, el Pasaje Gutiérrez, nació, como su nombre indica, por la iniciativa del empresario Don Eusebio Gutiérrez. Este personaje histórico supo del éxito y la expansión de las calles y espacios comerciales cerrados en otras ciudades, y quiso hacer lo propio en la ciudad donde residió y poseía sus negocios: Valladolid.
Es entonces cuando Gutiérrez puso el proyecto en manos del arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina, en aquel momento uno de los más destacados de la ciudad y que ya contaba con obras importantes como el Colegio de San José. Ortiz de Urbina asume el reto de construir un espacio como el que le describe y solicita Eusebio Gutiérrez. Pese a todo, Ortiz no tiene muchos ejemplos cercanos que contemplar para poder inspirarse o conocer sus características, ya que, en ese momento, en España solo estaba construido el aún hoy existente Pasaje del Ciclón de Zaragoza.
Construcción y elementos ornamentales
Ortiz de Urbina logró construir uno de los espacios más icónicos del momento para Valladolid a través de la combinación del hierro y el cristal de la estructura. Además, optó por una decoración de elementos hechos con materiales no demasiado costosos. No son mármoles lo que vemos en sus paredes, sino magistrales estucos. En las esculturas de sus esquinas, que representan las cuatro estaciones, encontramos terracota. Por último se encuentra el Mercurio que adorna la rotonda central; su imagen más conocida está hecha de hierro fundido con apariencia de bronce.
Este Pasage (en origen se escribía así por la influencia del Pasagge francés) se inauguró junto a unas 23 tiendas y espacios comerciales. Con frecuencia, estas áreas podían permanecer abiertas incluso llegado el atardecer, pues contaban con la iluminación a gas. Este servicio se completó con lámparas ancladas a las paredes que recorrían todo el espacio y que aún hoy se conservan.
Fue tal el interés del público vallisoletano por acudir a conocer este lugar que incluso El Norte de Castilla lo incluyó en su edición del 25 de septiembre de 1886. «El público acudía en tal número que «difícilmente circulaba» por aquel recinto recién estrenado», incluye la noticia. El periódico calificó al Pasaje Gutierrez como y «el más grandioso de cuantos conocemos en España».
Durante décadas, diferentes negocios que pasaban de generación en generación se asentaron en este lugar. Destacaron los almacenes de ropa y tejidos y las perfumerías, hasta que, entre los años 1920 a 1930, la actividad comercial de Valladolid se trasladó a otras zonas que ganaban en popularidad. En este caso, las zonas populares fueron Calle Santiago, Teresa Gil, Miguel Íscar o Regalado.
Mediados del siglo XX
El Pasaje Gutiérrez fue un lugar de paso y conexión entre las calles de Valladolid en las siguientes décadas. Además, llegó a unir oficinas y despachos de servicios profesionales a cubrir esos espacios antes comerciales. Y, más adelante, desde finales de los años 60 a mediados de los 80, surgiría el momento más crítico de este espléndido lugar: se abandonan sus locales, se deteriora y degrada el espacio y parece quedar olvidado por el público y las instituciones.
En 1986, durante el centenario de la construcción, los entonces propietarios y el Ayuntamiento de Valladolid llegaron a un acuerdo. Este convenio incluyó la restauración de las partes más dañadas y la prevención de que aumentase el deterioro. En 1998, el pasaje fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y volvió a ser un lugar recordado y recorrido por los vallisoletanos.
El legado del Pasaje Gutiérrez en la actualidad
La actividad comercial no ha regresado a ser como en sus orígenes, pero hay empresas de distintos servicios: fotografía, agencias de viajes, peluquerías, galería de arte y, sobre todo, bares y cafeterías. Estos espacios llenan el Pasaje Gutiérrez de vida y de gente durante las tardes y las noches de cualquier día de la semana. Se llenan de público adulto, sobre todo de 30 años en adelante, que quiere disfrutar de un buen vino mientras escucha música pop–rock en un entorno que sigue más vivo que nunca con sus 140 años de historia a sus espaldas.
Si algo podemos destacar del Pasaje Gutiérrez actual es que no hay visitante a Valladolid que pase por aquí y no se lleve una foto de este lugar. Cada día son varios los grupos de visitas guiadas o turistas individuales que entran a recorrerlo, ya que, desde hace varios años, el pasaje es una de las recomendaciones de sitios más populares en la ciudad. Es un lugar donde los viajeros sacan el móvil para inmortalizar la imagen de un espacio que parece congelado en el tiempo y que tan bien queda compartir en nuestras redes sociales y presumir de viaje.
















