Las protestas y los momentos de crisis sociales multiplican las denuncias por uso excesivo de la fuerza, mientras crece las agresiones policiales
LARA PRIETO RUBIO | Fotografía: Pixabay
Los límites de la fuerza pública, el uso de armamento de antidisturbios y la erosión de los derechos de manifestación han pasado a convertirse en el debate del día a día, además de que existe una preocupación en toda Europa occidental sobre estos hechos. Países como Francia, España o Bélgica son escenarios de crecientes tensiones entre los cuerpos de seguridad y la ciudadanía, lo que alimenta las crisis sociales y las desconfianzas institucionales actuales. Muchas de las protestas terminan con agresiones a distintos manifestantes, lo que genera un clima de inseguridad en la sociedad.
Organizaciones sociales como Amnistía Internacional buscan evitar este tipo de situaciones que ponen en peligro la seguridad de las personas. A través de herramientas como ‘Protejamos la Protesta’, documentan el uso de fuerza ilícita por parte de la policía en todo el mundo. También está el ejemplo de otras instituciones como Human Rights Watch (HRW), que investiga el uso de fuerza en operativos de seguridad, o la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), que eleva las denuncias de agresiones ante los tribunales.
Francia
En estos días, Francia se encuentra con numerosas manifestaciones en todo el país. Miles de estudiantes salen a las calles por diversos reclamos, entre ellos la falta de profesores y el deterioro de los edificios escolares. Muchas de estas protestas han provocado un clima de tensión y violencia en las calles parisinas y del resto del país. Según informa el canal internacional de noticias, France 24, numerosos grupos de derechos humanos han acusado a la Policía francesa de emplear tácticas contundentes contra menores. Entre los métodos de las fuerzas de seguridad se encuentra el uso de porras, gas lacrimógeno y armas no letales que disparan proyectiles de goma.
Además, las autoridades francesas han abierto cuatro investigaciones para analizar las acusaciones. Por el momento más de 100 estudiantes han resultado heridos desde el inicio del movimiento, según ha declarado el ministro de Educación, Édouard Geffray, y más de 100 institutos han sufrido daños graves. Asimismo, el ministro del Interior de Francia ha asgurado que «las fuerzas de seguridad han intervenido siempre que se han producido alteraciones del orden público o actos de violencia y daños».
Bélgica
En Bélgica, un agente de la policía abofeteó a una mujer y la empujó tras un procedimiento de detención. El hecho, además, se ha viralizado estos días en redes, después de que se publicara en vídeo. Con la gran repercusión que ha tenido, el alcalde de la localidad calificó la actuación policial como «inaceptable» e informó de que se abrirá una investigación interna para averiguar qué ocurrió y para determinar las responsabilidades correspondientes.
España
Con la situación actual que arrastra el país tras lo ocurrido el pasado 23 de septiembre, día en que se produjo el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que era obligada abandonar la casa en la que ha vivido gran parte de su vida. Después de que ocurriera el desahucio, cientos de jóvenes salieran a protestar por la vivienda en España. Con varias manifestaciones masivas, miles de ciudadanos liderados por el Sindicato de Inquilinas han establecido una acampada indefinida en la Puerta del Sol.

El momento más crítico de las protestas hasta la fecha fue el propio desahucio. Mientras se llevaba a cabo, los manifestantes recibieron gases lacrimógenos y la policía cargó con porras para abrir paso a un comité judicial y permitir la ejecución de la orden de desalojo.
En otros puntos de España, como en Valencia, se vivieron momentos de máxima tensión. El acto estuvo protagonizado por fuertes cargas policiales con el uso de porras, gases y pelotas de goma cuando los manifestantes intentaron romper el cordón de seguridad que dejó a varios heridos y policías contusionados.
Por otro lado, en la manifestación celebrada en la noche del viernes 25 de septiembre en Valladolid, cientos de manifestantes marcharon por el centro de la ciudad hasta llegar a la calle de Santiago, frente a la sede de Urbagestión. Al intentar rebasar el cordón, se produjeron fuertes forcejeos y algunos participantes resultaron heridos.
La otra cara de la moneda
Para equilibrar la perspectiva y reflejar una realidad innegable en este tipo de conflictos, también hay que señalar que en muchas ocasiones las fuerzas de seguridad se enfrenta a agresiones y violencia extrema. En los países anteriormente mencionados y muchos otros, los agentes son frecuentemente blanco de disturbios en las calles donde se les lanzan adoquines, pirotecnia u objetos contundentes, entre otros, poniendo en riesgo su integridad física. Muchos de ellos sufren golpes y daños ya no solo físicos, sino también psicológicos.
Reconocer este contexto es importante para entender que la presión de estas situaciones termina recayendo tanto en el derecho de los ciudadanos a la protesta pacífica como a la seguridad y protección de las personas que mantienen el orden en las calles.















